Sans Soleil (1983)

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Sans Soleil es un documental poco habitual. La película no trata aparentemente ningún tema en especial, sino que se trata de una obra donde el valor que prima por encima de todos es el poético. Pero una poética de la cotidianeidad, más cercana al día a día que a los temas del gran arte (Eros y Tánatos).

La obra está basada en una serie de cartas que el operador de cámara, Sandor Krasna, escribió a lo largo del tiempo y durante espacios muy lejanos entre sí (como el continente africano y el asiático). Chris Marker, uno de los mejores cineastas dentro del terreno del documental experimental (El fondo del aire es rojo 1977, Loin Du Vietnam 1967) las adapta al lenguaje visual, aunque aquí precisamente encontramos la vertiente de su cine más personal y menos comprometido con la política. Sans Soleil se presenta pues como una mezcolanza de emociones que se forjan en torno a la recuperación de la memoria y el olvido. Sans Soleil es pues una pieza más en la trayectoria de un enigmático director, poco parco a las palabras y más cercano al lenguaje visual, que domina a la perfección.

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El film no dejara indiferente a nadie, eso desde luego. Una vez ha terminado el metraje uno no puede dejar de sentir sensaciones encontradas en su interior. Por una parte, Marker experimenta con el sonido de una manera casi diabólica, dinamitando todo proceso mimético con la realidad. El sonido (y fíjense que hablo de sonidos y no de música, pese a que la película no renuncia a ella en su totalidad) es una herramienta básica e indispensable en la película. Gracias a ella el director consigue plasmar en el espectador la confusión más absoluta, pues pocas veces uno ama y odia al mismo tiempo lo que está viendo. La distorsión total de sonidos, la utilización de la música electrónica para crear un ambiente que va más allá del simple hilo musical, la mixtura de diversos sonidos ambientes…forman elementos indispensables para entender la película. Además, La voz en off de la película, que pertenece a una mujer de la que no sabemos nada, ni tampoco se nos ofrece ninguna explicación, es el narrador que utiliza Marker para leer las diversas cartas en voz alta. Aparte de eso, no hay más explicaciones.

La obra de arte que supone Sans Soleil permite al espectador interpretarla fácilmente a su gusto, porque  el film no exhibe un lenguaje cerrado…sino todo lo contrario. De hecho, uno de los temas principales de la obra (si es que podemos decir que Sans Soleil tiene realmente una temática bien definida) es la interpretación que hace el ser humano a partir del simple recuerdo de la memoria. Durante varios momentos la película abre un interrogante, ¿Cómo puede el ser humano construir un discurso creíble a partir de simples imágenes que se guardan durante años en el archivo que supone la memoria? En contraposición a la volatilidad de semejantes conceptos, Marker propone una memoria visual que tiene su máximo poder en el ojo cinematográfico, es decir, en la memoria visual que él mismo está registrando. De esta manera nuestro director recrea una memoria visual que sirve para futuros interesados que quieran acercarse al verdadero sentimiento humano, ese que no aparece en las grandes noticias que salen en las grandes portadas de los periódicos.
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Uno de los países que queda retratados en la película es precisamente el país del sol naciente, el Japón. Y es interesante comprobar la sensibilidad de Marker en adaptar unas cartas y mostrarlas en unas imágenes que no tienen en cuenta los grandes titulares (como podría ser el milagro económico después de la posguerra mundial) sino en los pequeños detalles íntimos que, unidos uno a uno, forman la verdadera sociedad. La sociedad japonés queda retratada desde múltiples perspectivas que van desde cualquier ámbito cotidiano…el sentimiento religioso (no sólo propio sino que Marker también se fija en cómo se recibe la religión de otros), la tensión sexual o las relaciones sociales del día a día.

En gran parte la película funciona por el gran montaje que hay detrás de la película, aunque este no prosiga ningún eje lineal. De hecho se podría haber alterado algunas partes de la película, colocándose al principio o al final, y seguramente no nos habríamos dado cuenta. Sin embargo, la potencia de muchas de sus imágenes (como la secuencia de los niños islandeses) refulge por su valor intrínseco, demostrando la validez estética de la propuesta.

Kyrios

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