Rojo Oscuro (1975)

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Las películas del italiano Dario Argento son siempre una fuente de contradicción. Muchas veces se acostumbra a decir que lo que separa a los grandes directores de los simplemente notables es que además de ofrecer grandes historias, cuidan los pequeños detalles. Argento no es un gran director, por lo menos en el stricto sensu de la palabra, pero es desde luego un tipo peculiar. Además se da en sus películas la curiosidad de que sus historias son absurdas y el guión de sus películas tiene múltiples agujeros (Con una simple revisión de Suspiria 1976, nos daremos cuenta) mientras que los detalles refulgen con gran importancia.

Dos ejemplos en Rojo Oscuro (1975): Uno de ellos se da nada más empezar la película, Argento nos presenta una colección de diversos objetos que se relacionan claramente con el ocultismo. La galería va desde pequeños muñecos de vudú (ya asaeteados por numerosas agujas) a figurillas de barro con formas diabólicas. La cámara adopta un punto de vista muy detallista, acercándose profundamente a estos objetos, para que el espectador los pueda contemplar con gran fervor. Finalmente se nos presentan una serie de cuchillos (seguramente los mismos con los que el asesino del film comete sus atrocidades). Esta visión se interrumpe y Argento coloca justo después otro plano detalle, pero esta vez del ojo de la médium con la que se inicia la película. La relación visual está clara, el director enlaza estas imágenes (que argumentalmente no tienen ningún sentido entre sí) para provocar sentimientos de angustia y rechazo en el espectador. El director sacrifica el hilo narrativo en pos de la perturbación.

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Esto se repite constantemente en la película. El segundo ejemplo nos lo encontramos con la absurda muerte que acontece a uno de los protagonistas, que huye de los múltiples disparos de la policía, para posteriormente caer en una situación peliguada, con la que Argento se puede recrear morbosamente en su fallecimiento. Realmente no era necesario alargar esta muerte hasta los extremos que se alarga, pero el morbo y el giallo van unidos siempre de la mano. Podríamos decir que es el sensacionalismo hecho terror. Esto obviamente tiene sus consecuencias, y las podemos encontrar por ejemplo en la polarización de los espectadores. Desde luego hay un sector que disfruta enormemente con las películas de Argento, clasificándolas sin pudor como obras maestras, mientras que el otro sector detesta el italiano negándole cualquier tipo de valor y niega el mérito artístico del director.

Rojo Oscuro es una película prototípica dentro de la filmografía de Argento. La trama nos revela el gusto del italiano por la construcción de películas malsanas, donde los asesinos desquiciados forman parte inevitable de la película, unido a una trama detectivesca de segundo nivel. La película propone un Quién es Quién poco fructífero que diluye la historia en agua de borrajas. Y eso que seguramente es la película de Argento con menos complicaciones argumentales, pero aún así hay momentos en los que el director no sabe muy bien cómo conducir la historia.

La sangre roja brilla por la gran aparición de ocasiones en las que Argento puede hacer una demostración de ellas. La película adopta una puesta en escena totalmente recargada, casi podríamos decir que barroca en términos cinematográficos. La cámara de Argento se mueve siempre, aunque tenga lugar una conversación pausada entre dos personajes (Como sucede cuando hablan nuestro protagonista y Carlo, entonces la cámara se aleja sin que sepamos muy bien el motivo, mientras nuestros protagonistas están discutiendo) y podríamos enumerar en una larga lista la cantidad de planos asombrosos con los que el director acomete la película. Incluyendo planos subjetivos del asesino, esta vez por una mera cuestión práctica (no desvelar la identidad del asesino) en la que por cierto, vemos las manos del propio director Dario Argento. La teatralidad de la puesta en escena queda sumamente confirmada con la paradigmática escena inicial, que resume muy bien la esencia de la película. La cámara se introduce casi como un ente fantasmal (moviéndose libremente y entrado en la presentación de la médium) para elaborar una serie de encuadres totalmente atípicos que finalizan con la exagerada interpretación de la actriz, que parece presentir su propia muerte.

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Algún detalle macabro (la inclusión del muñeco que se acerca a nuestra víctima, o las pinturas que descubre nuestro protagonista en la casa abandonada) o no tanto (el descarado homenaje a Nighthawks de Edward Hopper) ensalzan la película por encima de su nivel real.

6/10

Kyrios

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