Excalibur (1981)

excalibur

Admitámoslo ya de una vez. Excalibur de John Boorman (el mismo director de la magnífica Defensa 1972) no es una buena película. Está repleta de grandes intenciones eso sí, pero tiene tantos problemas estructurales que se acaba resintiendo ante una óptica juiciosa y desprovista de nostalgia.

Excalibur fusiona una estética de capa y espada con la tragedia de Shakespeare. En cierta manera anticipa la trilogía de Peter Jackson, el señor de los anillos (especialmente en el paralelismo que hay entre Merlín y Gandalf).  La recargada ambientación nos ubica en una edad media inclasificable y fantasiosa (las armaduras mismas así como el equipaje de guerra están construidas sin especificar y revelando un mundo más bien mágico que histórico), que sin duda, si el espectador acepta semejante propuesta (que logra rozar lo bizarro durante grandes momentos del film, fijémonos simplemente en la calva metálica de Merlín) se trata de lo más elaborado de la película. Las brillantes armaduras, las fanganosas ciénagas donde se desenvuelve la acción, los festines palaciegos, las intrigas cortesanas, la Inglaterra rural son sin duda uno de los pocos encantos que despliega el film a lo largo de la película, y como ya he comentado y vuelvo a reiterar, siempre que uno esté dispuesto a aceptar semejante estética. Desde luego habrá gente que califique irremediablemente a la película como un producto Kitsch, fruto de la nostalgia de los años ochenta. Y podría estar perfectamente en lo correcto. La gruta secreta de Merlín, sus encantamientos helados o este mismo personaje demuestran cierta tendencia al infantilismo, y a la delgada línea que separa la fantasía épica de la inmadurez postadolescente. Excalibur está más cerca de los Goonies que de una película seria.

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Por decirlo de otra manera, Excalibur no es una película profunda, ni tampoco compleja. Comentan algunos que se trata de una de las mejores películas basadas en el mito artúrico, y ante tal cosa me gustaría hacer dos aclaraciones. Primera, el mundo artúrico en el cine es tan reducido que afirmar dicha sentencia sería casi lo mismo que decir que Anaconda (1997) es la mejor película de serpientes. Y en segundo lugar, Lancelot du Lac, película de Robert Bresson, realizada el 1974, se trata sin duda de una película mucho más profunda y que también trata el tema artúrico, con una estética por cierto, totalmente opuesta a la de Boorman.

Podríamos hablar largo y tendido del desastroso montaje de la película, que convierte a Excalibur en multitud de ocasiones en un film de carácter incompleto e inconexo. La película trata de abordar muchos episodios, y lo hace tan a prisa y corriendo que desgraciadamente no se prepara el terreno suficiente para poder llevar a cabo una correcta evolución. No tiene sentido por ejemplo, la introducción que se hace del Santo Grial y su búsqueda. En un alarde de locura al rey Arturo le da por buscar el cáliz para purificar no se sabe muy bien qué y de golpe y porrazo podemos comprobar las incestuosas relaciones sexuales entre Morgana y Arturo sin comprender nada de lo que pasa en pantalla. No hay una explicación lógica entre las secuencias de la película. Nuestros personajes caballerescos alardean de grandes frases sin que haya un sentido lógico detrás. Merlín es el gran ejemplo de que la película no tiene ninguna definición lógica (no se entiende ni sus motivaciones ni sus viajes, ni tan siquiera porque de repente decide ayudar a un personaje tan opuesto como al de Morgana, al que justo en una secuencia anterior a la ayuda crítica rudamente). Nadie excepto los personajes implicados en el film entiende lo que realmente está sucediendo. No se explica la absurda lucha que tiene Lancelot con Arturo, ni que este haga oídos sordos cuando todo el reino sabe que le están dando gato por liebre con su mujer.

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No hay una profundidad a nivel de reflexión o pensamiento. Tampoco hay una alegoría ni nada que se le parezca. Lo que vemos es lo que hay. Y lo que hay es bastante triste. Las batallitas de Arturo, que no se sabe muy bien ni contra que lucha, ni porque hay guerra o paz o las frases cara a la galería no hacen más que enturbiar un ambiente ya de por sí ensimismado en su propia recreación fantástica. Boorman ha digerido mal a Shakespeare. En Excalibur se pretende maquillar el argumento con sentencias rimbombantes pero que ciertamente no dejan de expresar el vacío de la película. Boorman está más pendiente de las secuencias de acción que de presentar un argumento coherente. Dicho de otra manera, Excalibur sólo se disfruta si antes el espectador ha apagado el piloto automático de crítico a la salida. Pero aún con esas, Boorman sólo es capaz de ofrecerle una fábula fría y con un sentimiento grandilocuente que sólo los amantes más alejados de la realidad serán capaces de disfrutar.

 

Kyrios

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