El corazón del ángel (1987)

 

1986 El corazon del angel (esp) 02

Alan Parker dirigió en el 1987 una película que adaptaba la novela de William Hjortsberg, Fallen Angel, y que se ha convertido con el paso del tiempo en una película revalorizada por pequeños círculos de cinéfilos, pero olvidada por el público en general. Es comprensible. El corazón del ángel no es una película apta para cualquiera. Su alambicado argumento convierte al film en una sucesión de secuencias pesadillescas (a veces poco encajadas entre ellas) que terminan en un clímax final que abraza con fervor fanático el género fantástico. Mezclando diversas texturas, Parker rodó una película irregular pero con una serie de secuencias que tienen un potencial per se muy elevado.

El corazón del ángel empieza como una película que plantea un argumento muy habitual del cine negro. Nuestro personaje principal, interpretado por Mickey Rourke representa el prototipo de investigador privado, tan célebre en las películas de los años cuarenta y cincuenta, época en la que por otra parte está ambientada nuestra película.  Se trata de una figura muy a la estela de los personajes que interpretó Bogart, al margen de la ley, siempre indeciso pero con un toque de carisma muy especial, poco respetuoso con las leyes y con un modus vivendi ciertamente cuestionable. Pronto recibirá el encargo del personaje interpretado por Robert de Niro, un tipo peculiar que ofrece una cuantiosa suma de dinero a nuestro investigador con tal de que se centre sobre un personaje desaparecido (un tal John Favourite). Pronto veremos que el caso es más especial de lo que parece.

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El Corazón del ángel funciona en gran parte porque Alan Parker realiza un desarrollo visual muy conseguido y personal, mezclando el cine de género negro con gotas de terror gótico y fantástico, incluso con secuencias visuales muy explicitas. La configuración de la imaginería empapa todo el film, desde los pequeños detalles hasta el propio argumento, que adopta una espiral vertiginosa, poco realista en términos de cine negro, porque adopta una postura poco habitual para el espectador medio y también poco respetuosa con las convencionalidades generales, mezclando sueño, realidad y locura, en un cóctel muy propio del cine de Alan Parker, al que le gusta los excesos y el barroquismo visual, como ya pudimos ver en la célebre The Wall (1982).

Ya desde el comienzo, Parker coloca detalles que hacen sospechar al espectador que lo que está viendo se sale de los estándares habituales del cine negro. El personaje que encarga la investigación a Rourke sobrepasa desde luego lo excéntrico. Desde su barbita caprina y su manera de hablar (la interpretación de Robert de Niro es genial) hasta las afiladas uñas que posee. Más tarde le veremos comerse un huevo crudo. Pocas veces en el cine hemos visto decir tan poco con sólo gestos, y eso se lo debemos al huevo duro y por supuesto a Robert De Niro.

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La magnífica ambientación ayuda a recrear este extraño ambiente que rodea la cinta. A nuestro personaje principal lo vemos moverse de un lado para otro, pero las acciones siempre tienen lugar en extraños lugares, desde la iglesia regentada por creyentes afroamericanos al inicio de la cinta (donde podemos observar un exacerbado éxtasis religioso que desde luego resulta inquietante), pasando por las ensoñaciones oníricas que desvelan, pero siempre de manera cifrada, parte del argumento, donde podemos ver los delirios plásticos del director (la metáfora del ascensor como conductor al propio infierno, resulta desde luego un logro muy original, porque logra aunar los males tan ancestrales como los del demonio con una herramienta cotidiana y contemporánea como es la del ascensor) pero también secuencias más agresivas, como el pasional encuentro sexual de Rourke con la actriz Lisa Bonet, que Parker graba con una mezcla genial de visceralidad descontrolada y erotismo. Precisamente esta escena causó cierta controversia en Estados Unidos, lo que sirvió para que la censura le otorgará a la película una clasificación sólo para adultos, lo que seguramente la perjudicó comercialmente.

El problema quizá, es que la película cuenta con grandes secuencias por separado,pero que el montaje no sabe muy bien como conectarlas. El nudo de la película es ciertamente farragoso, y se queda un poco en tierra de nadie, entre el apasionante inicio (que consigue suscitar el interés del espectador por ver lo que sucederá a continuación) y el brillante y arriesgado final. Durante ciertos momentos hay una sensación reiterativa de que nuestro personaje simplemente anda en círculos, buscando a sospechosos que no aportan nada al caso.

Kyrios

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