Invasores de Marte (1953)

 

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Ver hoy en día Invasores de Marte resulta una Odisea. Seguramente, también lo fue en su época.

Tengamos en cuenta que el cine de ciencia ficción no estaba tan bien considerado como lo puede estar hoy en día, porque las historias que se presentaban muchas veces resultaban ser banalidades para un público adolescente o menor (recordemos el marco, la América de los años cincuenta). No parece fruto de la casualidad que Tobe Hooper realizará un remake en el 1986, de la película Invasores de Marte. La película está rodada con un presupuesto escasísimo, que se les debió ir todo en fotografiar la película en color. Contados con la palma de una mano encontramos los cuatro decorados donde se rueda, y todos (en especial el desierto donde supuestamente aterriza el ovni)  parecen cartón piedra. Las secuencias del ejército son sacadas la mayoría de material documental e injertadas con un tema musical de fondo que rompe cualquier atisbo de seriedad posible.

Y eso, que los quince primeros minutos de Invasores de Marte resultan muy estimulantes. La ciencia ficción de los años cincuenta no acostumbra a tocar escenas tan intimistas como lo hace la película en estos primeros momentos, cuando vemos la calidez del núcleo familiar donde se mueve nuestro joven protagonista. Más bien parece que estemos ante un film de los años ochenta, en que la juventud resulta la protagonista en muchas ocasiones. Las comparaciones pues, entre estos primeros minutos y películas como los Goonies (1985) y en especial Exploradores (1985) son bastante notables.

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Nuestro  protagonista, interpretado por Jimmy Hunt, descubre un Ovni que aterriza al lado de su casa, y pronto se dará cuenta de que los extraterrestres tienen una manera extraña de hacerse con el control de la gente, como haciéndose con su carácter y personalidad, lo que inmediatamente nos lleva a pensar en la clásica película de la Invasión de los Ladrones de Cuerpos (1956) de Don Siegel, sólo que la nuestra consigue avanzarse a aquella en tres años (está rodada en el 1953). En esta posesión alienígena encontramos lo más destacable de la película. El tema musical que envuelve en ciertos momentos a los fotogramas de los humanos (como los padres del niño) poseídos resulta bastante inquietante, con una gran inclusión de temas electrónicos (una constante en el film) así como la gestualidad inhumana que los acompaña. El director incluye el detalle inquietante de colocarles un sello en la nuca, para referirse a la implantación alienígena.

Desgraciadamente, lo que podría haberse convertido en una gran película se torna rápidamente en un cúmulo de errores que nos llevan a tildar el guión de invasores de Marte como uno de los peores de la historia. La película no se sostiene por ningún lado. Continuamente asistimos a despropósitos que convierten la película en una obra muy menor: resulta totalmente improbable que la científica o doctora haga caso a la historia del niño, por muy verdad que sea nadie haría caso a una persona ante semejante historia y menos contada por un niño (tendríamos que ver el historial mental de la doctora). El caso es que después de la doctora vendrá otro científico y por si fuera poco los militares que envían cuanto antes al ejército antes de asegurarse de cualquier extravagancia.

Los militares se presentan en la casa donde aterrizó el ovni y sin saber cómo ni porqué empiezan a bombardear parte de los decorados. La pelea invisible entre los estadounidenses y el enemigo invisible se convertirá en una cima inevitable del despropósito. Intervienen quirúrgicamente a los padres poseídos de nuestro niño, pero no se entiende que operación se les va a realizar. Dos soldados disparan a dos alienígenas y uno de ellos explota por los aires, a lo que uno de los soldados le contesta al otro que probablemente llevarán nitroglicerina, en lo que resulta un diálogo propio de los hermanos Marx. El colofón final llega con la aparición física de los extraterrestres, que son actores disfrazados con unos vestidos verdes que cantan a la legua. La comedia obviamente, resulta involuntaria.

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No nos engañemos, el director de la película, William Cameron Menzies fue un cineasta bastante mediocre. Su mejor película también se inscribe dentro del marco de la ciencia ficción, y fue La vida futura (1936). La puesta en escena de Invasores de Marte es un fracaso absoluto. Por otra parte, el director es el encargado del diseño de producción y este en resumen, es lamentable. Desde el vestuario extraterrestre, totalmente naif, hasta las coreografías de estos, que resultan de lo más ortopédicas que nos haya podido dar el cine de ciencia ficción.

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