Los Crímenes del Museo (1933)

 

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Hay un momento en el film de los crímenes del museo (1933) de Michael Curtiz que resulta realmente crucial. Uno cree realmente que la película puede incluso girar en torno a este momento, que la película ha nacido para filmar ese instante y que el resto del film es accesorio. Y cuando este instante se produce, el film alcanza unas cotas de surrealismo únicas. Cuando la actriz Wray rompe la máscara y nos enseña el verdadero rostro del malvado, hay algo en nuestro cerebro que hace click, que se transforma. Algo que une el subconsciente con el inconsciente. Era evidente que la respuesta estaba delante de los ojos del espectador, pero éramos incapaces de solucionar un problema muy sencillo, o nos negábamos a aceptar la realidad (porque en cierta manera sentíamos compasión por el desdichado personaje interpretado por Lionel Atwill).

Realmente hay algo que no cuadra en los crímenes del museo. La película tiene un montaje mal elaborado que no ayuda a crear un discurso narrativo coherente. El tiempo en la película corre como un reloj de arena al que se le ha abierto una fisura y huye de manera incontrolable. No es hasta mucho tiempo después que empezamos a situar los personajes dentro de un marco de acción y tiempo. Sin duda hay voluntad de confusión en el propio film, puesto que el que el espectador no sepa dilucidar quien es el auténtico criminal de la película (no entendemos quien es esa figura deforme que secuestra los cadáveres, pues no lo ligamos con ningún otro personaje en el museo de figuras) es una de las bazas con las que juega el film. Pero aparte de este juego de ocultamiento de identidad, es cierto que la película tiene ciertas lagunas narrativas.

Los crimenes del museo - mystery of the wax museum - michael curtiz - 1933 - fotoxx - 005

Los crímenes del museo es una película muy singular. Realizada un año antes de que la censura de Hays entrara en el mundo de Hollywood, la película ofrece una gran cantidad de imágenes muy explicitas y sensuales. El personaje principal de la película, es una joven periodista, interpretada por Fay Wray (sí, la misma rubia de la mítica película King Kong) que durante gran parte de la película ofrece una serie de imágenes bastante sensuales, además en compañía de otro personaje femenino. Wray interpreta a una periodista bastante dicharachera que busca el caso perfecto, y que no dudará en utilizar su pícara sonrisa para llegar donde haga falta. Por otra parte, con la entrada en vigencia del código Hays, dudo de que ciertas escenas terroríficas (como el rostro deforme de nuestro personaje) pudieran llegar a buen puerto, por lo menos sin recibir alguna queja bastante airada.

En realidad, los crímenes del museo tiene una gran pátina de película europea. No sólo es la evidencia de la dirección de Michael Curtiz, director de origen centroeuropeo (húngaro para ser exactos), que como muchos otros marchó a los Estados Unidos para hacer fortuna, sino también la participación de Anton Grot, el creador de los decorados, que realiza un trabajo perfecto, inspirándose en parte en el expresionismo alemán cinematográfico.

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Y eso que es tópico decirlo, pero es cierto que la película tiene grandes influencias del expresionismo alemán. El prólogo con el que empieza la película es un gran ejemplo, además de ser una muestra de gran cine. Curtiz realiza varios planos totalmente oblicuos, queriendo ligar las formas de la película (esta distorsión del plano) con el personaje malvado al que está encuadrando. Por otra parte el tema de las figuras de cera alcanza una belleza plástica realmente sugerente. Curtiz intenta confundir al espectador mezclando personas reales con figuras de cera, para posteriormente mostrar la galería de figuras derretirse ante un incendio. La manera como está rodada la escena, haciendo hincapié en la deformidad y en los terribles efectos del fuego en las figuras (que las destrozan lentamente y somos testigos de como se derriten) logran crear un impacto plástico de primer nivel, pero además entroncan con una sensibilidad más cercana a las películas del expresionismo alemán que a las películas del norteamericano Tod Browning.

Los crímenes del museo es una película elegante, que se encuadra dentro de la gran ola de películas de terror que se produjeron después del crack del 29. Está rodada en color mediante una técnica bastante primitiva, aunque la película aprovecha bastante bien la paleta cromática dentro de sus posibilidades. No está producida por la Universal, la más célebre productora de películas de terror (con mitos como Frakenstein y Drácula a la cabeza), sino por la Warner Bros.

Kyrios

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