El último Deber (1973)

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Al mundo entero consiguió impresionar Jack Nicholson con su atrevida interpretación sobre un marinero pendenciero, que realizó en el 1973 en la película dirigida por Hal Ashby titulada el último deber. La crítica y los galardones fueron justos con él, y el actor recibió no sólo la nominación en la gala de los Oscars, sino también la nominación en los globos de oro y el premio del festival de Cannes así como la elección del mejor actor del año por parte del circuito de críticos de Nueva York. Pero reducir la película de Ashby a la magnífica interpretación de Nichsolson es sinceramente un error. Muchos de los críticos ponen de relieve que el actor prefirío optar por este papel antes que conseguir el del protagonista en el Golpe, pero aunque El último deber no sea desde luego una película tan grande como la que dirigió George Roy Hill, desde luego tiene una personalidad importante, equiparable  incluso al Golpe.

Y es que la personalidad del director Hal Ashby es desde luego bastante llamativa. Aunque su carrera pegó un bajón considerable después de realizar la peculiar Bienvenido Mr. Chance en el 1979, hasta el momento sus películas se movían dentro del reconocimiento académico, pero siempre con un espíritu totalmente independiente que le permitió realizar películas bastante comprometidas. En su segunda película, Harold y Maude (1971), el argumento de la película tira por unos derroteros totalmente surrealistas y únicos desde el punto de vista del cine del panorama cinematográfico de inicios de los años setenta. Harold era un joven con tendencia al suicidio (en la película trata de llamar la atención cometiendo por lo menos una decena de simulaciones de suicidios) que se enamoraba de una anciana que sin embargo estaba repleta de vida.

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Después de realizar un film con un desarrollo estrambótico como el comentado, Ashby decide rodar el último deber, un film que mezcla la road movie con el tema del compañerismo y la camaradería. El argumento es a priori sencillo, Jack Nicholson y Otis Young interpretan dos miembros de la marina que se ven obligados por una misión del ejército a trasladar a un preso de la propia marina, interpretado por Randy Quaid, que ha realizado un robo absurdo (de apenas cuarenta dólares) y por el que es condenado injustamente a ocho años de cárcel.

Los personajes que conforman la película son un trío de lo más singular y surrealista. Jack Nichsolon es un hombre que aunque se hace amistoso para el espectador, tiene mucho de canalla en sí, y ese es precisamente uno de los méritos del director, que consigue trasladarnos las historias sórdidas de tres personajes que sin embargo llegan al fondo de nuestro más íntimo. Desde el primer minuto Nicholson se demuestra  reacio a completar la misión, y aprovecha la semana de duración que tienen para trasladar al personaje de Randy Quaid para utilizar esa semana casi de manera exclusiva como una especie de vacaciones sabáticas, donde todo esté permitido.

En realidad, la película nos muestra a tres personajes que se encuentran al margen del establishment (pese a que trabajan de manera muy ligada para el sistema), y que odian la vida que llevan. Ashby no se sirve de grandes secuencias ni de complejos giros de guión. La mayoría de secuencias retratan el minimalismo en el que se desarrolla la acción de nuestros tres protagonistas. Muchas de ellas son escenas en las que comparten múltiples cervezas o realizan una simple barbacoa. La grandeza de la película está en retratar estos detalles íntimos como lo que son, la muestra de las ganas de vivir de nuestros protagonistas, aunque la vida se lo impida continuamente. El drama se acentúa en el caso del personaje de Randy Quaid, al que le queda una semana de existencia antes de que ingrese en prisión durante unos largo ocho años.

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La película recoge un tono dramático que nunca trata de edulcorar. Este realismo empapa todos los aspectos del film, desde el sentido argumental hasta la fotografía triste y oscura que capta a la perfección los ambientes más degradantes de las grandes urbes norteamericanas. Es quizá la baza que deja mejor sabor después de haber visto la película. Por ejemplo, aunque durante mucho tiempo creemos que Randy Quaid va a ser liberado por concesión comercial al espectador, finalmente ingresa en la cárcel, en una secuencia en la que no da tiempo ni de despedirse a los que se habían convertido finalmente en sus amigos. El director podría haber permitido que este huyera pero la triste realidad se impone antes que una cucharada de azúcar cambie el final.

Mediante un humor negro y una deconstrucción de personalidad muy eficientes también observamos como Ashby consigue el objetivo principal de la mayoría de Road Movies: Hacer evolucionar a sus personajes. Una de las cosas más maravillosas que comprobamos cuando ha finalizado la película es como el trío principal del film, ha ido dejando huella cada uno de ellos una parte de su personalidad en el otro.

Kyrios

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