Vivir es fácil con los ojos cerrados

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Francesc Colomer se marcha de casa porque su padre, que es un gris de pura cepa de aquellos  que no dudaría en bañarse en Palomares si el régimen se lo pidiera, le manda cortar el cabello. Bueno, entre medio el personaje también dice que por más cosas, aunque tampoco entendemos que son esos pequeños menesteres. Natalia de Molina por su parte es un personaje que estando embarazada decide emprender un viaje a la aventura  a no se sabe muy bien que lugar, y que a la mitad de la película decide masturbar (lo que vulgarmente llamaríamos una manuela) a su compañero de viaje (sí, al joven Colomer, en una de las secuencias sexuales más triste de nuestro cine patrio, cosa que ya es decir mucho además) y otra vez no sabemos muy bien porque. Que las decisiones de los personajes son fácilmente volátiles es un tema bastante evidente en el film, y no hay más que fijarse en el final de la película para que uno se dé cuenta. Como Trueba no sabe muy bien qué hacer con el destino de sus personajes, los deja en suspenso en otro viaje en coche inacabado (¿Pero finalmente qué relación hay entre el personaje de Colomer y el de Natalia?¿ Porqué se apunta a un triángulo amoroso que finalmente no llega a cuajar entre los tres protagonistas?)

Vivir es fácil con los ojos cerrados es el intento frustrado de David Trueba por realizar una road movie española siguiendo los modelos de las mejores películas norteamericanas del género. En medio de este cóctel, cuyo camarero es el siempre eficaz Javier Cámara, se mezclan a mansalva y sin reparo todo tipo de ideas y desgraciadamente también tics y tópicos de nuestro cine. El mayor problema es sin duda el guión de la película, que anda igual de perdido que el profe enrollado que interpreta Javier Cámara en su viaje por encontrar a Mr. Lennon.

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La película tiene dos partes bien diferenciadas entre sí. La primera es la que más propiamente se asemeja a una road movie, donde conviven los tres personajes después de que el director los haya presentado inicialmente. Bien, Javier Cámara es sin duda el mejor perfilado, tanto porque tiene el mejor apoyo del guión detrás como por su interpretación, que se sitúa a años luz del resto de miembros del reparto (el goya al mejor actor sí es merecido en este caso). Se trata de un profesor de inglés, que utiliza las canciones de los Beatles para intentar animar a sus alumnos, tanto en cuestiones lingüísticas como motivacionales. Es cierto que el personaje bordea el cliché del profesor progre y enrollado que está por encima de las férreas pautas educativas (más si hablamos del año en el que está ambientada la película) pero sin duda su capacidad de entrabar amistad con los demás, su simpatía y el buen hacer del actor hacen que la evolución del personaje sea la más disfrutable del trío protagonista. Su evolución (por cierto, como nota es quizá el que menos desarrollo tiene a lo largo del film) está ligada a detalles que apunta Trueba y que resultan lo más interesante de la película. La segunda parte de la película tira por el costumbrismo de una España rural prototípica de los años sesenta, aunque con el aire de modernidad que insuflan nuestros protagonistas a la aldea.

Amar a los Beatles como lo hace el personaje de Javier Cámara (basado por cierto en una figura real) no es una mera anécdota, sino que es una metáfora fácil de la España que quiere abrirse a los nuevos vientos de cambio que  soplan desde la pérfida Albión así como el mundo occidental al que la España de la dictadura se vio obligada a no inmiscurise. El corte de pelo no deja de ser un detalle bastante obvio y significativo de la juventud rompedora que interpretan los dos protagonistas más jóvenes del film. Trueba propone a estos dos como la esperanza de una España (sin duda hacer una lectura equiparable entre la España de aquel momento y la actual es bastante interesante) que aunque atada aún a las convencionalidades del pasado (como el mundo rural y los campesinos de la aldea que increpan al joven personaje de Colomer) puede aspirar a cambiar, tanto por la savia nueva que introducen como por tratarse de una generación edípica.

Vivir-es-fácil

Sin embargo este planteamiento resulta bastante simplista. De hecho que Trueba tenga que recurrir a metáforas como la del corte del cabello o la diferenciación tan marcada que realiza el cineasta entre los analfabetos andaluces y los intelectuales catalanes (y esto lo firma un catalán) o si se quiere, entre el mundo rural y el mundo urbano,  resta mucha elegancia a la película. El tono de la película resulta demasiado autocomplaciente y en la búsqueda de un buenrollismo acabamos ante un tono impostado que busca una alegría y una sonrisa fácil que sólo se consiguen en momentos puntuales y la mayoría de la mano de Cámara.

Kyrios

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