Ciclo Max Ophüls: Amoríos (1933)

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Parece increíble la cantidad de recursos formales y hallazgos visuales que consigue imprimir el director europeo (alemán, que como otros directores con el nazismo se vio obligado a exiliarse por diversos países) Max Ophüls en una de sus primeras películas, como es Amoríos, realizada en el 1933. La película está basada en la obra de Arthur Schnitzler,la cual por cierto fue adaptada al cine en el 1927 por el austríaco Jacob Fleck. Por otra parte, cuando uno ha visto amoríos no le sorprende que fuera una de las películas de cabecera de Stanley Kubrick, porque ambos directores tienen en común una sensibilidad semejante.

Primero hemos de situar la película en su contexto. El cine sonoro había empezado su andadura (pese a que la mítica película de Alan Crosland, el cantor del Jazz es del 1927, el cine sonoro tardó tiempo en implantarse definitivamente) y aún eran muchas las  películas que debían su estilo al cine mudo. Por otra parte, el dinamismo que había conseguido los films mudos se había perdido en las primeras películas del cine sonoro, porque para conseguir captar el sonido las cámaras se habían de colocar en cámaras de insonorización muy aparatosas, que impedían a las cámaras moverse con total libertad.

Y sin embargo, Amoríos demuestra no sólo una gran cantidad de movimiento, con una puesta en escena que demuestra el gran saber hacer de Ophüls, sino que además el director realiza una secuencia maravillosa, que pone de relieve la concepción tan moderna que había conseguido ya el director, explotando todas las posibilidades del sonoro en tan poco tiempo.

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En este sentido, la primera y la última secuencia resultan muy significativas. La primera sucede en la ópera vienesa, un lugar que tendrá bastante importancia para la historia, porque será ahí donde arranca la película y donde volverá a aparecer en el tramo final. La película empieza mostrándonos los entresijos que hay detrás de la preparación de un festival musical, las bambalinas que ocurren antes del inicio del concierto. La cámara ya empieza con una gran cantidad de planos singulares, como el que nos muestra el escenario desde un picado de gran inclinación angular. El director se fija entonces en un personaje, que se acerca al escenario para comprobar el estado de excitación del público. Como no puede abrir el telón, nuestro personaje tiene un truco para ver el escenario sin ser visto (un momento voyeur muy interesante), y es que hay una estatua que tiene un ojo corredizo, y por la cual comprueba el estado del escenario. Entonces, la cámara adopta el punto de vista de nuestro personaje, y realiza unas interesantes panorámicas, recorriendo el escenario teatral. La función está a punto de empezar.

Y el final es otro gran ejemplo de puesta en escena por parte de Ophüls. En un interesante fuera de campo, el director consigue ponernos los pelos de punta, cuando nos enteramos de que no ha habido un segundo disparo en el duelo, y que por tanto el personaje principal, Fritz, ha fallecido finalmente en este enfrentamiento. Los amigos del fallecido, llegan a la ópera para avisar al padre de la novia que este ha tenido un destino fatal. Esta escena tiene lugar en el lugar de la ópera donde se sitúa la orquestra y además el encuentro tiene lugar durante una representación musical, y por tanto la orquestra estaba representando  de manera diegética la quinta sinfonía de Beethoven. El músico se excusa ante el director de orquestra, en una conversación que nunca llegamos a escuchar porque la música está demasiado alta. Sin embargo, la música no finaliza cuando los tres compañeros abandonan la ópera, sino que sigue sonando, esta vez de manera extradiegética, para acentuar el dramatismo de la escena. Finalmente los compañeros le cuentan a la muchacha la muerte de su amante en el duelo, en una conmovedora escena.

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Amoríos es además una película que rompe con muchos tópicos. Para empezar, toda la narración está centrada en un tema controvertido, como es la relación extramatrimonial que tiene la esposa del barón con nuestro joven protagonista. No sólo la película capta con naturalismo (y sin engaños ni autocensura) esta relación, sino que tiene tiempo Ophüls para detenerse en algunos diálogos bastante picantes, como los que pone de manifiesto la amiga de nuestra protagonista, y que giran en torno las relaciones sentimentales. La figura del padre de la joven es también muy interesante, porque a diferencia de las figuras paternas férreas, este no tiene ningún inconveniente en que su hija se divierta en lugares de ocio, y además es proclive a la relación sentimental de su hija, apoyándola en todo momento.

Kyrios

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