Viernes 13 (1980)

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Viernes 13 marcó, para bien o para mal, un antes y un después dentro del cine de terror. Recogiendo los cimientos que había colocado la Noche de Halloween, así como otras películas, El film de Sean S. Cunningham asentó las bases de lo que con el tiempo sería considerado como cine Slasher.

Sean S. Cunningham no fue realmente un director de cine. Bueno, técnicamente sí lo fue, pero por destino (y economía) más que por vocación. A Cunningham el arte no le interesaba demasiado, por lo que cuando produjo en el 1972 la primera película de un licenciado en filosofía, llamado Wes Craven, titulada La última Casa a la izquierda se preocupó moderadamente. Aquella película parecía demasiado violenta como para ser estrenada. El 1972 parecía un año demasiado temprano para que la sociedad norteamericana aceptara una realidad tan cruel y salvaje como la que proponía la película de Craven. Desde luego, en comparación con las películas pornográficas a las que estaba acostumbrado a producir y distribuir Cunningham, La última casa a la izquierda no tenía una salida comercial tan evidente.

Pero todo cambió con el estreno y éxito posterior de la película de Carpenter, La noche de Halloween. Y Sean S. Cunnignham decidió aprovechar el tirón de la película, creando una obra que recogía diversas influencias, en un collage artístico que le permitió saborear las mieles del éxito con la creación de un icono cultural, así como una de las sagas más rentables económicamente hablando de los años ochenta. El propio Cunningham ha admitido en diversas ocasiones que su interés no radicaba en realizar una película original, sino en crear algo que el público deseaba devorar con avidez.

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Paradójicamente no fue la primera película de la saga, estrenada en 1980, la que sacó a la palestra la figura de Jason Vorhees, sino que su verdadera aparición tal y como la conocemos hoy en día (con máscara de Hockey y moto sierra) aparecería realmente en la tercera entrega del film, realizada por Steve Miner en el 1982 (en sólo dos años se realizaron tres películas de la saga, aprovechando el gran éxito que habían tenido las dos primeras entregas). Este paradigma queda reflejada en la secuencia inicial de Scream, película referencial por excelencia del cine slasher y realizada precisamente por Wes Craven.

El carácter del film de Cunningham lo podemos relacionar con el término explotaition. Cunningham acertó en un tema fundamental, y es que se dio cuenta de que el público adolescente que pululaba en los años ochenta estaba deseoso de ver asesinatos, y que fueran plasmados de una forma original en la pantalla. Al contrario de muchos críticos que califican a La noche de Halloween como la secuencia de la ducha de Psicosis alargada a una hora y media, realmente en el film de Carpenter sólo eran cuatro las víctimas que se llevaba Michael Myers por delante. Sin embargo, Cunnignham incrementa el número de víctimas así como la violencia implícita de la película. Se introduce pues el concepto Body Counts (contador de cuerpos), que acabaría degenerando el subgénero con el paso del tiempo, a medida que los films se dedicarían exclusivamente a interesarse por la parte macabra de asesino y víctima y no por elaborar una trama y desarrollo coherente.

Siguiendo la noche de Halloween, Viernes 13 recoge también la Final girl como protagonista absoluta. Su castidad es óbice para su salvación.

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El plano subjetivo había funcionado muy inteligentemente en La noche de Halloween, así que Sean S. Cunningham decidió plagiarlo e incluirlo en la película. Pero a diferencia de La noche de Halloween donde el plano subjetivo tenía una intención argumental (ocultar la identidad del asesino, que en realidad se trataba de un niño), en Viernes 13 la inclusión del Plano subjetivo tiene otras finalidades. Por una parte, el espectador comparte el punto subjetivo del asesino, en una identificación entre asesino y voyeur, pues en muchas de las ocasiones en las que la película adopta el plano subjetivo se observa a diferentes parejas retozando, con lo que somos participes de una vista poco lícita. Pero por otra parte, el plano subjetivo (con jadeos incluidos del asesino) permite mostrar la indefensión de los personajes a los que Jason (o su madre) va a tardar poco en resolver.

Por lo demás, hay un detalle de interés respecto al plano subjetivo, y es en un momento de reposo, en el que nuestra final girl Alice parece que ha conseguido un minuto de respiro. Sentada y descansando, la vemos tumbada hasta que lo que parece el plano subjetivo del asesino se acerca a ella. Pero finalmente se revela el truco; no había plano subjetivo, sino que Cunnignham ha utilizado el recurso narrativo para jugar con las emociones del espectador. Quizá lo más destacable de la película.

Kyrios

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