François Truffaut: El pequeño Salvaje (1970)

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El pequeño salvaje fue un pequeño film rodado en blanco y negro, del que los productores no esperaban demasiado éxito. La película, que ya había rondado por la mente de Truffaut desde que conociera el caso real del niño salvaje encontrado en la Francia Post revolucionaria, fue finalmente acometida en el 1970.

El film se relaciona claramente con Los cuatrocientos golpes (1959), seguramente la obra más conocida del director. Al igual que este, el tema principal es la infancia y la educación de esta. La diferencia estriba en que el componente cultural, porque en el Pequeño salvaje nuestro joven Victor es analfabeto. Interpretándose a sí mismo, Truffaut realiza el papel de Jean Itard, el hombre que acoge a Victor. Es evidente que no es casual que el propio director interprete el papel del hombre que mediante la cultura trata de educar a Victor. Ni siquiera hace falta que recordemos que la película evidencia partes autobiográficas del propio director, como ya sucedía en los cuatrocientos golpes.

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Pese a que en un primer momento la película tenía previsto estar mucho más sobredimensionada (incluyendo un retrato de la corte parisina y las opulencias del momento, literalmente el guión tenía escrito-Realizar secuencias Visconti-), pero finalmente se rechazó esta propuesta por motivos económicos y estéticos. El resultado es un film sumamente sobrio: Apenas pocos actores, mismos decorados (la casa donde sucede la acción pertenece a un amigo de Truffaut que le permitió rodar ahí) y gastos controlados. Y aún así, el director consigue imprimir una sensibilidad tan especial que eleva la película a una excelente categoría. Sólo hay que fijarse en la preciosa escena que acontece cuando nuestro personaje acaba de beber agua y se posiciona al lado de la ventana, observando la vida natural de la que gozaba antes de ser recogido. Pese a que esta secuencia está basada en un hecho real relatado por el auténtico Jean Itard, no creo que otro director hubiera sido capaz de realizar una secuencia igual de intensa emocionalmente como lo hace Truffaut con el film.

Normalmente el guión sigue siempre el mismo esquema, que pone en evidencia la dicotomía y lucha entre la vida salvaje y la educación férrea que impone el personaje de Truffaut. Una vez ha demostrado que la mayoría de la sociedad simplemente se ríe del salvaje, Truffaut acoge a su personaje con la intención de educarlo, con la intención de que consiga hablar. A mitad del camino ilustrado y de la pasión de Truffaut por la cultura,  intenta conseguir un milagro con el pequeño joven, que recibirá el nombre de Victor. Y la estructur generalmente es la misma. Primero parece que el salvaje da gestos de mejorar, y de integrarse en la sociedad, pero en la siguiente secuencia el salvaje seguirá algún acto salvaje (como romper el tazón de leche o tirar las letras por el suelo)que pondrá en entredicho el proceso educativo.

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Aún así, el film de Truffaut se posiciona claramente a favor de la instrucción del muchacho. Aunque en la vida real nuestro joven Victor nunca llegara a hablar, Truffaut no desprecia el aislamiento del muchacho, como propone un personaje del film, al  aconsejar enviarlo con otros personajes marginados en un centro de reclusión social. El guión divide las relaciones como una especie de ente familiar, entre Truffaut y la cuidadora del hogar, la señora Guerin. Mientras que Truffaut resulta demasiado férreo en algunos momentos, castigando incluso de manera injusta cuando pretende conseguir un hecho moral en Victor, la señora Guerin es la parte más cuidadosa y amable de la familia de acogida. El film está compuesto mayormente por la voz en off de Truffaut, que utiliza el director para narrar argumentalmente lo que la cámara no puede contar en los primeros compases, así como posteriormente para reflejarnos los procesos de enseñanza con su discípulo.

Finalmente nuestro salvaje huirá en un intenso plano secuencia, para volver finalmente a las manos de su cuidador. La naturaleza queda ya demasiado lejos para nuestro protagonista, y el director decide finalizar el film con este recurso dramático, que pone de relieve la feliz (con matices, pero efectivamente positiva) unión de Victor en el seno familiar.

El pequeño salvaje es la primera colaboración de Truffaut con el español director de fotografía Néstor Almendros. La puesta en escena va unida íntimamente con la película, desde los curiosos fundidos con iris hasta los planos generales y zooms que encontramos en el hospital de sordomudos. “Truffaut sin pretender dar una ilusión documental, opta por una cámara móvil que acompaña los desplazamientos de los actores en unas puestas en escenas a menudo discretamente estilizadas”[1]

 

 

 

 

 

 

[1] Carol Le Berre, François Truffaut, Ed. Akal, Madrid 2005

 

Kyrios

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