Jules Dassin: Noche en la ciudad (1950)

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Por exilio forzado, en el célebre momento de la caza de brujas iniciada por el senador McCarthy, Jules Dassin, director nacido en Estados Unidos pero de padres de origen ruso y con raíces judías, se vio obligado a marcharse a Londres, donde dirigiría una de las películas más célebres de su carrera, Night and the City (Noche en la ciudad, 1950). Ciertamente no han sido pocos los que han calificado a Dassin (cuyo verdadero nombre no era Jules, sino Julius)  como director sin patria, pues llegó a recorrerse gran multitud de naciones donde lograría rodar películas de diversa índole. A partir de su enlace con una actriz griega (Melina Merkoúri) residiría en Grecia de manera casi definitiva hasta su muerte, en el 2008.

Bajo producción de la Twentieth Century Fox, se presentó una película oscura y singular, un film clasificado como Noir por el aspecto tétrico que presenta en muchas de sus secuencias. Por otra parte, el argumento de la película nos traslada una historia prototípica de auge y caída de un criminal traída de la mano del magnífico actor Richard Widmark, que interpreta un personaje bastante fullero y problemático, que decide embarcarse en el mundo de las peleas profesionales,  más concretamente como organizador de combates de lucha grecorromana. Seguramente la innovación del film no está exactamente en el desarrollo de la película, sino en el tono con el que Dassin acomete ciertos aspectos.

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Resulta increíble comparar dos películas del mismo director, Jules Dassin, rodadas con tan poca separación cronológica entre ellas, como son Noche en la Ciudad y The Naked City (la ciudad desnuda 1948). Sorprende además, porque comparten un argumento similar, en tanto que cuentan los entresijos de un caso criminal o policiaco. Sin embargo, La ciudad desnuda, película rodada en los Estados Unidos cuando Jules Dassin aún no se había exiliado al Reino Unido, utilizaba algunos recursos que evidenciaban influencias del cine documental, como era una acusada Voz en off, que nos trataba de diseccionar de manera constante lo que el espectador estaba viendo en pantalla (incluyendo sentimientos). Había sin duda un tono aséptico en la Ciudad Desnuda, y uno de los objetivos del film era mostrar un caso criminal casi desde una óptica aparentemente científica. Sin embargo, Noche en la ciudad es el ejemplo contrario de todo lo que acontecía en el film precedente. La película tiene una atmósfera palpable desde el primer minuto (por cierto, si es cierto que oímos una voz en off, pero sólo aparece en esta secuencia inicial), que nos introduce en un mundo subjetivo de sombras y de personajes con dudosa moralidad. Nuestro protagonista ya no es un hombre de la ley, sino todo lo contrario, un criminal.

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A pesar de que el film está rodado en Londres, no hay interés por parte de Dassin en mostrarnos los lugares más emblemáticos de la metrópoli, sino que las intenciones del director radican en realizar un retrato negro y crudo sobre la vida nocturna de la ciudad. No es casualidad que nuestro personaje principal trabaje en un club nocturno (en una de las secuencias vemos como la Madame da una serie de instrucciones a sus pupilas sobre como tienen que conseguir captar la atención de un futuro cliente), pero además Dassin adereza la película con múltiple detalles, que son los que elevan la película por encima de su categoría. Por ejemplo, las secuencias en las que vemos a Richard Widmark engañando a unos ricachones mediante un falso robo de cartera para que asistan al club, o la manera como consigue convencer al luchador Gregorius.

Se podría hablar sobre como Dassin estira al máximo las posibilidades del cine clásico. La puesta en escena recuerda un manierismo exacerbado, que se desprende en gran cantidad de encuadres, que desde luego no resultan los habituales en el cine coetáneo de Hollywood. La estética tan oscura e incluso cierta amoralidad (como las secuencias del club nocrturno) hacen del film una excelente muestra de cine noir.

Dos secuencias destacan por encima de las demás. Sin duda para la historia nos quedará la gran pelea que registra maravillosamente Dassin, con un montaje perfectamente construido y que no tiene nada que envidiar a otras escenas de lucha que sobre todo encontramos en películas de temática pugilística. Y como no, el final de la película, con el que Dassin consigue alcanzar unos gran poética, mostrándonos el abandonamiento y locura de Richard Widmark (¿realmente le traiciona su amiga, o más bien es una invención de su mente, totalmente torturada en estos últimos instantes de vida?), mientras en el fondo Dassin coloca a sus verdugos (colocados en el fondo del encuadre, de pie en un puente, de tal manera que casi parecen cuervos colgados en un puente eléctrico), que sonríen mientras ven fallecer a su víctima.

Kyrios

 

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