Al final todos Mueren (2013)

poster_AFTM_a4

 

La etiqueta de nuevo cine español al film Al final todos mueren (2013) le resulta paradigmática. La película es capaz de ofrecer cine con grandes y frescas ideas, pero también es en gran parte un ejercicio de cine pretencioso y frustrado. De Todo en 110 minutos de metraje.

Nos encontramos ante un proyecto muy económico, de apenas nueve mil euros  de producción (tampoco hace falta que nos remarquen este hecho, porque que estamos ante un producto de escaso presupuesto se nota bastante en muchos aspectos, desde la calidad de imagen pasando incluso por algunos de los intérpretes) que se compone por diversos films episódicos, que juntos forman un mural sobre el fin del mundo, desde la  visión de diversos directores. Una de las pegas de este formato es que los tonos dramáticos y cómicos pueden variar tremendamente entre un episodio y otro, y esto se nota desafortunadadamente nada más arrancar la película. Y es que después de empezar con un vertiginoso prólogo de Javier Fesser, una parodia de Gravity en toda regla, con un humor que parece recordarnos a lo mejor de este director (autor de El Milagro de P. Tinto, 1998), la película cambia inmediatamente de tono, con el episodio de Javier Botet, un film de tono totalmente dramático y salvaje, sobre un psicópata que decide completar su plan maestro de acabar con su víctima número cien antes de que el planeta se consuma, ahí es nada. Este cambio de registro dramático, se nota y puede dejar, con razón, totalmente descolocado al espectador, que no espera este cambio de marchas nada más empezar.

al_final_todos_mueren_imagen-900x588

Puestos a discutir la calidad de los cortometrajes, es evidente que hay uno que destaca por encima de todos, y se trata del de David Galán Galindo, colocado como en el último lugar. Resulta paradójico porque este episodio se aleja del exacerbado dramatismo de los anteriores, así como de la supuesta trascendencia previamente vista, para ofrecer una historia simple, pero sencilla y efectiva. El humor triunfa en Al final todos mueren, muy por encima de la pretenciosidad. La historia de Galán Galindo nos adentra, después de una preciosa cabecera inspirada en la de las películas de la Marvel, en un personaje entrañable interpretado por Ismael Fristschi (una de las revelaciones de la película), un pequeño propietario de una tienda de cómics, que decide pasar el fin del mundo en compañía de sus tebeos favoritos, aunque se encuentra a una visitante inesperada, una mujer embarazada, interpretada por la magnífica Elisa Mouliaá, que está a punto de dar a luz.

El episodio explota muy correctamente la vis freak que le permite tanto el personaje como el escenario donde se desarrolla. Cada dos por tres el director se encarga de llenar la película con múltiples referencias al mundo del cómic y del mundo Freak, así como al demiurgo Alan Moore. Diálogos jugosos y frescos para un humor que nos puede recordar al de Nacho Vigalondo, muy característico de la autorreferencia, y apto sólo para un cierto público que es el que más capacitado se encuentra para leer dichos gags (como el que nos habla de los diversos formatos del cómic de Watchmen). Otro aspecto a destacar del episodio, es que además se juntan en determinado momento , inicio y final del cortometraje, unas ideas muy interesantes sobre la creación artística, así como las vías de exploración que inventa continuamente el arte. ¿Acaso no es más verídico Superman que la mayoría de nosotros? Quizá Clark Kent no exista físicamente, pero en tanto que todos somos capaces de reconocerlo y lo mantenemos vivo dentro de nosotros, él también vive. Por cierto, servidor tampoco sabía que Superman tenía perro.

al_final_todos_mueren_16278

Después tenemos el prólogo de Fesser, que como ya comentaba parodia a Gravity. Jocoso y sin mucha malicia, es un pequeño cortometraje de introducción. El propio Fesser también se encarga de cerrar el film con un epílogo, que retoma el argumento y personajes del prólogo, pero con un duración aún más ajustada y sin que le dé tiempo al director de hacer gran cosa.

Acceptable se postula el epsiodio de Roberto Pérez Toledo. En él nos encontramos con que el fin del mundo se observa desde la óptica amorosa y sexual. ¿Con quién pasaríamos nuestra última noche? Una pregunta que todos nos hemos hecho pero que el cine poco había abordado, y que es el objeto de debate en el film. Se disfruta bastante y el episodio es capaz de hacer reírnos con secuencias que parecen camufladas como drama, pero al final todo se queda en buenas intenciones, por no hablar de gran parte de los intérpretes, que lastran por completo el episodio.

La medalla al demérito se la llevan el segundo y cuarto episodio. Dirigidos por Javier Botet (quien no sólo representa al psicótico asesino de su episodio, sino que también vuelve a aparecer con el mismo personaje en el cuarto) y Pablo Vara, ambos se muestran como una clara demostración del cine más estridente y pretencioso posible. Historias sin gracia y mal contadas, donde importa más los gritos de jóvenes asustados que el desarrollo.

Kyrios

Advertisements
This entry was posted in Análisis Fílmico, Cine and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s