La Espuma de los Días (2013)

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Me despierto y me encuentro en una habitación que parece sacada de un vómito onanista de Agatha Ruíz de la Prada. Michael Gondry se acerca sigilosamente mientras me señala, y me dice al oído: La espuma de los días es una fábula fantástica, sólo disfrutable con los sentidos, acercarse a ella mediante la razón sería un atentado tan surrealista como lo es mi propia obra. Yo le comento que siempre tiene que haber un fondo y una historia y todas esas palabrejas de crítico frustrado, pero ya hace tiempo que el escenario ha cambiado y me encuentro sólo. Bueno estoy rodeado de gente muy guay que viste de blanco sin estar en Ibiza, pero no me encuentro bien y es cierto que estoy muy sólo. Se escucha jazz étnico pero la gente está comiendo caviar y a mí se me aparece en la cabeza aquella canción de los Dead Kennedy’s (¿Pero que pintan aquí los Dead Kennedy’s?), Playing ethnicky jazz..How the niggers feel cold, la gente de la fiesta grita lemas y consignas y ensalzan a Duke Ellington (un negro músico o músico negro. También hay otro negro en la película, al que todo el mundo le cae de puta madre, pero yo creo que es más porque es el negro de intocable que por su papel en la película) pero yo no me lo creo porque no hay intención. Ni siquiera hay la elegancia del genial Dave Brubreck, es todo mucho más vasto, parece una parodia musical.

Que el autor se puede sentir en la espuma de los días no lo puede negar nadie, pero a mí me parece que a Gondry se le ha olvidado lo que había de contarnos. Mucha risa y mucha Stop Motion, pero aquí no hay atisbo de seriedad (¿tiene que ser el surrealismo un acto inane?).

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La espuma de los días es una obra llena de autocomplacencia. A Gondry los truquitos visuales le importan mucho más que desarrollar una película coherente. Me recuerda el adjetivo despectivo de manierista. Ostras, pero es que Miguel Ángel también fue un manierista, bueno además el primero. Pero nada, me refiero a que la Espuma no cuenta nada pese a su supuesta elegancia formal. Es como una cerveza de marca blanda, de aquellas que al abrirlas sale la espuma (valga la redundancia) a borbotones, llegando a tapar a la propia cerveza.

Suena Jazz pero no oigo la melodía (calla ¿Que en el jazz no hay melodía, no?), quiero decir que hay mucho ruido y esto me impide ver más allá. No sé a lo mejor es culpa mía que no se ver a través del bosque. O a lo mejor es que detrás del bosque sólo hay un descampado. No sé. A mí recuerda algunas clases de mi universidad donde se discutía el concepto de Kitsch. ¿Es la espuma de los días una obra Kitsch? A lo mejor Gondry se cabrearía si alguien se lo comentara, pero también creo que es parte de su intención que la película rezume un tono naiv durante toda la película. No sé sino a que vienen esos gilinventos que parece sacados de una diarrea mental de Luigi Russolo de  Giacomo Balla o de algunos de mis amigos los italianos. Curioso que luego se unieran la mayoría al régimen fascista, pero eso sería harina de otro costal, ¿o no?

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Y a mí muchos personajes me dan asco. Está por ahí Amélie, que parece que todo lo que toca se convierte en un mundo alucinante de luz y de color, como si fuera una Marisol francesa.  No la comprendo. No sé porque se enamoran los dos protagonistas (si es que podemos hablar de protagonistas en la película), aunque debe de ser algo maravilloso. Ahí está el cura que los casa a punta de pistola después que se metan en una carrera preciosa, otra vez realizada con Stop-Motion , que los lleva ante el  mismísimo altar. Eso es amor, ostias. Pero Amélie me da asco. Luego se pone malita y le tienen que ayudar. Que yo no sé para que tienen tantos inventos pero luego no son capaces de quitar un simple nenúfar del pulmón.

Y ahí la película parece que va a cambiar y se nos va a contar algo interesante. Pero no, un simple espejismo, se siguen contando gilipolleces sin que haya pasado realmente nada. El truco final es asesinar a la protagonista de manera indiscriminada par dar pena al espectador, pero me parece que ya es demasiado tarde porque lo que le pase a Tatou me da igual. Bueno en realidad quiero que muera, por los recuerdos que me trae después de su papel en Amélie. A lo mejor todo es culpa de que la versión española tenga 36 minutos de metraje menos (así se ha exhibido fuera de Francia, en un alarde más de inteligencia por parte de los productores) o es que la novela de Boris Vian era intraducible al cine. O puede que sea perfectamente culpa mía, no cabe duda.

Kyrios

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