Llama un Extraño (1979)

 

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Cuenta Jason Zinomann en su libro, Sesión Sangrienta,[1] obra que analiza las principales películas de terror en los años setenta, que seguramente durante su carrera universitaria en California, en la UCLA, John Carpenter pudo haber visto un cortometraje realizado por un estudiante, que influiría posteriormente cuando el director realizara una de las primeras películas slasher, la Noche de Halloween. En aquellos tiempos, en la UCLA, era habitual que cada semana los estudiantes vieran con ojos de críticos los cortometrajes que sus propios compañeros realizaban durante la carrera (se pueden imaginar cuan furibundas eran las críticas), y que eran exhibidos semanalmente. Uno de estos cortometrajes, contaba un argumento muy parecido al que retomaría posteriormente Fred Walton en una de sus únicas películas célebres, conocida en castellano como Llama un extraño (1979).

El cortometraje, al igual que los primeros veinte primeros minutos de la película de Walton, seguía una leyenda urbana que empezaba a forjarse en los Estados Unidos durante aquella época. Dicha leyenda contaba que una  joven canguro (mayoritariamente de sexo femenino) era asaltada por acosadoras llamadas telefónicas, hasta que harta del molesto individuo decidía llamar a la policía. Finalmente le avisaban de que marchara rápidamente de casa, porque el acosador se encontraba en la misma casa que ella. Aún resulta más curioso saber que la carrera de Walton ha discurrido casi plenamente en tratar un tema muy parecido al de su primer film (este mismo). Un cineasta menor, que no volvería a conseguir nunca un éxito semejante, y que incluso volvería a retomar una secuela de Llama un extraño, con la llamada de un extraño, en el 1993.

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Efectivamente, los primeros veinte minutos de Llama un extraño son los que nos muestran en imágenes esta leyenda urbana. Y sin duda son los únicos minutos del metraje, que sin ser excelsos, valen la pena. En ellos Walton es capaz de mostrarnos una intriga interesante, con una economía de medios espectacular (únicamente necesitamos una actriz y un teléfono para conseguir asustar al espectador) que explota los miedos más básicos con una escenografía simple pero efectiva (la oscuridad de la casa donde transcurre la acción, los planos que nos muestran indefensa a nuestra joven protagonista). Sin duda, esta primera parte de la película bebe del éxito comercial de la película de Carpenter, la Noche de Halloween, rodada un año antes y que había sido un grandísimo éxito comercial.

Por eso la película acostumbra a englobarse dentro del subgénero Slasher, aunque realmente las características de este tipo de cine no son cien por cien compatibles con esta película (por ejemplo los asesinatos están contados y el concepto de Final Girl es discutible). Además, la película de Carpenter había demostrado que se podía conseguir dinero fácil con películas de bajo presupuesto, que sin embargo funcionaban bien en taquilla.

La segunda parte de la película es netamente inferior a la primera. En ella el argumento se centra en la búsqueda del asesino, que ha conseguido fugarse del centro psiquiátrico donde residía. Aquí los problemas de producción se resienten mucho mas, demostrando las costuras de un producto que está incluso por debajo de lo que conocemos popularmente como serie B. El casting de actores es horroroso (a quien se le debería ocurrir la genial idea de conseguir para el papel de actor principal a un actor como Charles Durning, ya mayor por aquella época, y que resulta cómico verlo en secuencias de persecución), y por si fuera poco Walton no sabe que nunca hay que revelar la identidad del Boogeyman hasta mucho más avanzado el relato, con tal de poder crear un efecto de misterio en el espectador. Nuestro asesino es en la película un simple actor malo que no sabe ni tan siquiera darle un sentido a sus frases, y que pone cara de loco en cada secuencia de la película.

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El guión sin duda tiene agujeros que convierten a la película en un juguete roto. Sólo hay que fijarse en la secuencia en la que nuestro asesino se cuela en la casa de una supuesta víctima. Un ejemplo de cómo no se debe construir el suspense. La música empleada en la película resulta ser un anticlímax que destroza las posibilidades de cualquier secuencia, creando un efecto cómico totalmente involuntario en la gran mayoría de ocasiones. En definitiva, un film sólo aprovechable en sus primeros minutos.

Kyrios

 

 

 

 

 

 

 

[1] Jason Zinoman, Sesión Sangrienta, Ed. T&B, Barcelona 2012

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