Ciclo Martin Scorsese: La última tentación de Cristo

La última tentación de Cristo

La polémica religiosa se desató en el 1988 con el estreno mundial de la que por aquel entonces era la última película de Martin Scorsese, basada en la obra del escritor griego Nikos Kazantzakis. La obra estaba guionizada por Paul Schrader, colaborador habitual del italoamericano (juntos realizaron entre otras la mítica Taxi Driver en el 1976). Los escándalos se sucedieron en todo el globo: En Francia diversas salas fueron atacadas por fundamentalistas cristianos, en Chile la película no fue permitida su exhibición pública hasta el 2003, y el propio papa Juan Pablo II (al que muchos calificaron como un papa liberal y progresista) tildó a la película de blasfema. En todo caso, La última tentación de Cristo es una de las mejores demostraciones de que en el arte todo está permitido, y que ningún tema debe ser tabú.

En realidad las opiniones tan extremistas provienen de la visión que encontramos en la película alrededor de la figura protagonista, Cristo, y ciertos aspectos considerados como dogmas, que son totalmente cuestionados por Scorsese. En los primeros compases de la película se nos presenta a un Cristo asaltado totalmente por la duda, que no es capaz de aceptar su papel como Mesías, porque aún no entiende o no es capaz de asimilar los continuos mensajes que Dios le envía (voces en la cabeza, como si de una locura se tratara). En su corazón no hay espacio para el amor, sino que como él mismo comenta en diversos diálogos con ni más ni menos que Judas (interpretado por Harvey Keitel), sólo está corrompido por el odio (realiza las maderas sobre las que son crucificados sus propios hermanos judíos). Un Cristo dubitativo es una figura realmente polémica para los fundamentalistas, así que aquí nos encontramos con el primer desengaño y motivo (injustificado) de críticas. Sin embargo, estas dudas que nos enseñan a un Cristo que sufre y parece indeciso nos dan realmente unas coordenadas tremendamente humanas que enriquecen la profundidad de la película. La última tentación de Cristo no es en este aspecto una película más sobre su vida y muerte.

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De hecho, a lo largo de la película podemos observar como Schrader nos muestra un personaje complejo y que no resulta unidireccional, sino que está repleto de matices. La magnífica interpretación de Willem Dafoe como un Jesucristo humano es sin duda una de las mejores decisiones posibles (no era el primero en la lista para interpretar dicho papel), y su interpretación nos aporta múltiples lecturas. Porque por momentos es posible encontrar el Jesús humano, el loco, el divino pero también en un ser que comete errores y por lo menos se plantea el pecado.

Que no estamos ante una lectura maniquea también se advierte especialmente en el personaje de Judas. Si normalmente está utilizado para demostrar todos los defectos más viles del ser humano, la óptica de la película es totalmente la contraria, mostrándolo con una gran y asombrosa complejidad. No es él quien traiciona deliberadamente a su maestro, sino que lo hace siguiendo sus propias órdenes (Jesús le espeta que su tarea es más difícil que la suya). Los debates que mantiene con Jesús (su importancia en el film supera ampliamente a la de cualquier otro discípulo, incluso por delante de Pedro o Pablo) son una clara muestra de la excelente condensación que realiza el guionista Schrader en torno a la novela de Kazantzakis. Evidentemente un Judas humano era también algo impensable para la iglesia.

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Como también lo es la relación que existe entre María Magdalena y Jesucristo. Entre Barbara Hershey, la responsable de interpretar a la redimida Magdalena, y Willem Dafoe existe algo más que una relación de maestro y alumno. Quizá la parte más polémica de todas sea la secuencia final, y que alude al título de la película, pues la última tentación es el momento en que Jesucristo imagina como habría transcurrido la vida al lado de María (y posteriormente Marta). Scorsese plantea un interesante debate, la mentira como solución a ciertos enigmas de la vida. Puede que Jesús no resucitara, pero como comenta uno de los protagonistas que está sermoneando al Jesús no resucitado (que acepta vivir en la tierra) la mentira sirve para soliviantar a las grandes cantidades de personas que necesitan creer en algo. Evidentemente, finalmente Jesús acabará aceptando su misión divina, poniendo fin al sueño.

Pero a pesar de que el guión nos muestra un magnífico ejemplo de cómo afrontar un relato histórico desde una visión humana y cercana (que esto no quita para que el tono de Scorsese sea absolutamente grandilocuente a lo largo de toda la película) uno de los máximos protagonistas es Scorsese, que realiza una continua búsqueda plástica que le lleva a los límites del formalismo académico. La película goza de una de las mejores utilizaciones de la iluminación de la historia del cine.

 

Kyrios

 

 

 

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