Encuentro en el Espacio (Mechte Navstrechu ;The Galaxy Applauds You) 1963

Mechte_Navstrechu

Al pobre director de cine soviético, Mikhail Karzhukov, le expoliaron de muchas maneras a lo largo de su carrera. Hablamos en parte, de plagios directos, como el que sucedió con su película Nebo Zovyot (Batalla más allá del sol), película de ciencia ficción dirigida en el año 1959. Dicha obra fue comprada por el célebre director y productor norteamericano de Serie B, Roger Corman. Pero como la película no acababa de ser de su agrado decidió llamar a un tal Thomas Colchart para que editara el metraje y añadiera alguna nueva escena. En realidad, Colchart era un seudónimo del que luego se revelaría como uno de los directores más importantes del cine nortamericano, Francis Ford Coppola.

Algo mucho más ilegitimo surgió cuando Karzhukov terminó el rodaje de Mechte Navstrechu (Encuentro en el espacio, 1963). Tres años más tarde de su estreno en la unión soviética, la película fue totalmente saqueada por Curtis Harrington. Dicho director, en el 1966 realizaría una película, Queen of Blood (Planeta sangriento) que en realidad recogía muchísimas secuencias de la película soviética. Harrington  sacaba una película con una temática sobrenatural de una película que era quizá el ejemplo contrario de ciencia ficción (en la película de Karzhukov, los extraterrestres son un ejemplo de ciudadanía, mientras que en la de Harrington el protagonista es una vampira alienígena con funestas intenciones). Evidentemente los trozos que Harrington aprovechó eran la mayoría planos de aterrizajes y despegue de cohetes, planos generales de las bases espaciales, así como alguna que otra vista de Marte.

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Encuentros en el espacio no es una gran película. Karzhukov es un director que emplea una puesta en escena limitadísima, y el presupuesto con el que se realizó la película revela todos los defectos más propios de la ciencia ficción pre Odisea en el espacio. Si por algo es interesante la película, es por mostrarnos un mundo que hoy en día nos es bastante ajeno, como es el cine de ciencia ficción soviético. Cine, que por otra parte, no está tan alejado del norteamericano.

La secuencia inicial nos lo demuestra. La película se abre con la voz en off de un narrador, que aparecerá repetidamente a lo largo de la película (hay una vena documentalista muy presente a lo largo de la película). Ya en los primeros momentos se da una visión idílica de la Unión soviética, pues se nos plantea un día aparentemente tranquilo, hasta que de repente llegan a las comunicaciones del gobierno una serie de mensajes que demuestran la llegada de seres extraterrestres. Después de que el mundo quede asombrado ante la confirmación de la vida fuera de la tierra (quizá los únicos planos que valen la pena aparecen en este momento, cuando el director mediante planes generales nos detalla la masa que se agolpa ante unas futuristas pantallas gigantes para informarse sobre lo que está sucediendo) se nos presenta una vista de la raza extraterrestre.

Evidentemente que son seres buenos lo vemos ya desde el principio, porque a diferencia de las visiones monstruosas y deformes, nuestros extraterrestres se presentan con una apariencia antropomórfica que revela sus buenas intenciones (aún con esas, un científico norteamericano cree que los alienígenas vienen con malas intenciones). La realización del planeta así como de las bases donde habitan se realiza mediante el empleo habitual de maquetas. En la época ya debería resultar algo cantoso, porque con poco que uno se fije, descubre de primeras el truco y el cartón de los rudimentarios efectos especiales. La fotografía está realizada en un estridente color que apenas busca la profundidad, quedándose en el llamativo efecto de la variada gama cromática, que la película trata de explotar sin éxito en los momentos que suceden en la órbita espacial, sobre todo en Marte. Estando el film producido por la unión soviética, no es de extrañar que el color predominante sea el rojo.

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El desarrollo de los acontecimientos derivará posteriormente hacía una situación de angustia y suspense prototípico. La nave extraterrestre que se dirigía a la tierra queda encallada en Marte, y los humanos en gesto de buena voluntad deciden enviar una nave para socorrerlos, aunque también tendrán sus problemas.

La película pues, es un entretenimiento más, en la onda de muchas otras películas del género, que revelan la carrera espacial que las dos potencias mundiales estaban llevando a cabo en esos momentos. Para Peter Rollberg[1] la película utiliza por primera vez en el cine soviético una banda sonora electrónica, compuesta musicalmente en este caso, por Vano Muradelli y Eduard Artemiev.

 

[1] Peter Rollberg, Russian and Soviet cinema, Ed. Scarecrow, Maryland 2009

 

 

Kyrios

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