General Idi Amin Dada (1974)

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Muy peligroso tuvo que ser la odisea que llevó en el año 1974 al director de cine francés Barbet Schroeder al viajar hasta el corazón de Uganda para realizar un documental de primera mano sobre el dictador Idi Amin Dada. Aunque literalmente hablando, Schroeder se la metió doblada al pequeño Hitler. El pobre Amin se debió pensar que Schroeder iba a ser un buen aliado, y que simplemente se dedicaría a registrar el lado amable del dictador.

Desde luego, yo habría tenido miedo. Como para no tenerlo cuando por ejemplo Schroeder capta con su cámara una magnífica competición en la piscina privada en casa del dictador, donde vemos a diversos ministros del país meterse un chapuzón. Evidentemente, en el momento de la carrera, todos se dejan ganar por el gran jefe, no vaya a ser que uno termine antes de tiempo su mandato (por cierto, el propio Schroeder interrumpe durante unos momentos la filmación, para hablarnos del destino trágico que tuvo uno de los ministros al que el dictador realiza una terrible reprimenda que las cámaras logran captar). Sí los ministros tienen miedo hacía su presidente (como averiguaremos más tarde, el único que era capaz de autodenominarse así en todo el país), como no lo va a tener un simple periodista occidental.

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Afortunadamente, Schroeder vendió su cinta al dictador como una muestra de libre periodismo. Seguramente eso salvó su pellejo. Y es que la cinta completa es una película acerca de las apariencias (como en cualquier  estado dictatorial, las apariencias hacía el mundo exterior son muy importantes) del dictador, que aprovechaba el documental que le realizaban desde occidente para tratar de lavar completamente su imagen hacía el mundo fuera de sus fronteras. Lo que nos muestra Schroeder es el mundo de apariencias en el que se vivió en Uganda durante unas semanas. Pero sin duda, consigue captar a la perfección el alma de Idi Amin, su hipocresía así como su aparente fachada de amabilidad.

Y es que en muchos momentos del documental, el espectador completa atónito las imágenes. ¿Esto es una broma o va en serio?  Amin sonríe a cámara y cualquier espectador que vea el documental en pleno 2014 es capaz de adivinar aún porque el dictador ugandés se ganó durante su vida la fama de payaso internacional, incluso de ser un tipo campechano. Y es que durante algunos momentos, Amin es capaz de engañarnos, con su falsa sonrisa y sus modales de gente humilde (como repite durante reiteradas ocasiones en la película, nuestro dictador  proviene de una familia pobre y todo lo que ha conseguido en su vida ha sido gracias a su sudoroso esfuerzo… y a un golpe de estado obviamente) y desde luego puede sorprender que un tipo que compenetra tan bien con la cámara en los primeros compases sea un auténtico genocida.

Pero a poco se va desvelando el auténtico loco. Una pregunta sobre Hitler es la primera que crispa los nervios del Gran Amin. Aún así es capaz de aguantar el primer gancho, sonríe y exclama: ¿Por qué sacas a Hitler ahora? Hitler era una cosa del pasado, se acabó.

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Paradójico, cuando ya desde bien pronto se calificó al dictador ugandés como El Hitler Africano. Hecho que queda sublimado en la película, cuando el gran líder enseña en la televisión pública de Uganda (que obviamente está dedicada a comentar en exclusiva cada minuto en la vida del gran Idi) la información privilegiada que dispone acerca de la conspiración mundial que lideran los judíos. Se tratan de los célebres protocolos de los sabios de Sión, unos escritos que los policías zarista recogieron como propaganda antisemita. Tuvieron tanto éxito que fueron un bestseller en la Alemania Nazi, y a pesar de que las conspiraciones que se muestran en dicho libro (en el cual se supone que los judíos se reúnen de tanto en tanto para controlar el destino mundial) son totalmente falsas, aún hoy en día muchos países árabes siguen teniendo el libro como obra de referencia.

Pero sin duda, la anécdota más bizarra de todas sucede cuando presuntamente el bonachón de Idi Amin nos cuenta altos secretos de gobierno, como la invasión que pretende dirigir hacía Israel (recordemos, que durante cierto tiempo el gobierno de Idi Amin y el estado de Israel fueron aliados). Ahí Idi se encuentra en su salsa, y en uno de los momentos más extravagantes, cómicos y a la vez sonados del pasado siglo XX, el dictador nos cuenta su estrategia militar. Por suerte nunca se emprendió dicha campaña militar, aunque tal y como cuenta Amin su presunta estrategia, el resultado habría sido fácil de presentir.

Kyrios,

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