La Semilla Del Diablo 1968

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La semilla del diablo marcó un antes y un después dentro del género de terror. Nunca antes una película de terror había gozado del respeto que tuvo la película, además de un gran éxito de público. La película contaba con un presupuesto de dos millones de dólares[1], y sólo lo que consiguió ganar en taquilla en Estados Unidos ascendía a treinta y tres millones de dólares. En el año de su estreno, en 1968 se convirtió en un auténtico fenómeno social, puede que también debido a motivos extrafílmicos, como veremos más adelante.

Nadie, ni tampoco ningún productor, en los años cincuenta habría apostado porque una película de terror pudiera conseguir semejante rentabilidad. Desde los dorados años en que la Universal estrenaba películas como Drácula (1931) o Frankenstein (1931) ninguna otra película de terror había conseguido un éxito semejante de crítica y público como el que  lograría la semilla del diablo. Durante mucho tiempo el género se había reducido a los aficionados del terror, que eran un público muy reducido. La mayoría de producciones estaban encorsetadas en los mismos parámetros, con el abuso de los mismos clichés y las producciones acostumbraban a ser denominadas con el despectivo término de serie B, para diferenciar estos productos con las grandes películas de estudios.

Por cuestiones del destino, la novela de Ira Levin, la semilla del diablo, fue a parar a manos de William Castle[2]. Sin embargo, y pese a que él quería dirigir la película, finalmente los productores de la Paramount decidieron que el hombre que había de modernizar el género de terror había de ser un director joven, y no un artesano propio del cine clásico como era William Castle.

William-Castle-Early-Career-09-April-2011 William Castle

Porque ciertamente la novela de Ira Levin proponía un mundo nuevo que no tenía precedentes con lo que se había venido viendo hasta entonces en el mundo del terror. Rosemary’s Baby era una novela que poca relación tenía con los monstruos de antaño, como pudieran ser los Draculas y Frankensteins de la Universal. Para empezar, la novela se situaba en el Manhattan Moderno, en pleno mundo urbano. La trama principal giraba en torno al embarazo de la protagonista principal, Rose Mary, y el terror no venía de ningún monstruo clásico, sino de las dudas y la ansiedad que giraban en torno al embarazo de esta. Además se suma el acoso que sufre por parte de los vecinos, que interrumpen constantemente en el piso de nuestra protagonista, así como una gestación que no parece funcionar adecuadamente. El miedo por tanto, conecta con una chica cualquiera, y el argumento muestra (hasta el final del film) algo totalmente posible.

La productora Paramount pensó en Roman Polanski, un joven director europeo que había rodado una película interesante, El Baile de los Malditos (1967). En dicha película el director de origen polaco había demostrado saber desenvolverse correctamente en los ámbitos del terror, en una película que compartía parte del escepticismo[3]  que recogería también La semilla del diablo. Sin duda Polanski parecía el director ideal, una joven promesa para un proyecto que pretendía romper con el cine clásico, como había sucedido con Bonnie And Clyde, una película que a la vez que la semilla del diablo, expone un tema con una carga contracultural potente (en el caso de la película de Arthur Penn, los protagonistas son la famosa pareja de atracadores del título Homónimo de la película, y son presentados bajo una mirada romántica que en cierto sentido los enaltece). Se veía dicha película como el modelo a seguir por parte de los productores.

539w Ira Levin

Roman Polanski no es creyente, óptica que confecciona en gran manera la película, pues aún perteneciendo a una familia de judíos (que sufrieron el holocausto nazi durante la segunda guerra mundial), Polanski ha admitido en diversas ocasiones su agnosticismo. La semilla del diablo tiene muchos puntos en común con Repulsión (1965). En ambas películas se juega con la realidad y la ficción, y el suspense principal del film viene de desentrañar sí la teoría del aquelarre es cierta o es sólo una ilusión de la actriz Mia Farrow.  La película pues, nos habla sobre la neurosis de una joven que pierde progresivamente la cabeza.

La elección de Polanski por situar la acción en el edificio Dakota ya resulta bastante significativa[4]. La pareja, compuesta por Mia Farrow y John Cassavetes representan un matrimonio al principio estable y saludable. John Cassavetes interpreta a un actor llamado Guy que desea triunfar en el mundo del cine[5]. En apariencia, un enlace feliz que sólo desea empezar una nueva vida en un nuevo apartamento.

Kyrios

[1] Ambas cifras pueden consultarse en la base de datos de IMBD, en el apartado de Boxscore.

[2] Castle fue uno de estos directores que clasificamos dentro del cine de Serie B de terror. El apogeo de Castle lo podemos situar entre los años cincuenta e inicios de los sesenta.  Famoso por especializarse en el terror, fue el diseñador de algunos inventos comerciales extrafílmicos (llamados Gimmicks) con los que intentaba atraer al público a la salas de cine, como dispositivos que daban calambrazos a los espectadores, a la par que eran atacados los personajes de sus películas. En el inicio de Scream 2 (1997) se homenajea al cine de Castle cuando la gente asiste a una sala de cine donde se han implantado dispostivos muy parecidos a los que había diseñado William Castle.

[3] El Baile de los malditos es una película con una personalidad muy singular, que mezcla sin pudor la comedia con el terror. En varios momentos de la película, especialmente en la parte inicial se pone en entredicho la cuestión vampírica como algo real.

[4] En dicho edificio corrían leyendas acerca de diversos asesinatos y encantamientos. El actor clásico de terror, Boris Karloff, vivió largas temporadas en el edificio y los rumores afirman que practicó magia negra en sus aposentos. John Lennon murió asesinado a manos del criminal Mark David Chapman delante del edficio.

[5] El hecho de que Guy decida vender su hijo al diablo por un papel en Hollywood resulta cuanto menos una sorna ácida al mundo tan fanganoso del cine.

 

 

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