Las manos sobre la ciudad (1963)

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Pese a que Le Mani Sulla Città (Las manos sobre la ciudad, 1963) es una película absolutamente necesaria (si por mi fuera, sería de visionado obligatorio en todos los institutos) y que pese a los años que nos separan de ella no han hecho ni un poco de mella en su valiente propuesta, hay ciertamente un tono maniqueo en gran parte de la concepción de la película. Película que ganó ese mismo año el León de Oro en el festival de Venecia.

Las manos sobre la ciudad nos habla de la especulación inmobiliaria, y como se desarrolla un caso concreto de esta lacra que tiene lugar en el Nápoles italiano de los años sesenta. Sin embargo, a la hora de desarrollar el caso en el tema político, Rosi realiza una división entre grupos políticos que peca de ser una visión absolutamente simplista.

La cámara política del Nápoles de Rosi está dividida en tres grupos: Izquierda, centro y derecha. El guión no nos da más pista sobre estos grupos políticos, exceptuando algunas señas muy aisladas. Conocemos los líderes de cada grupo, pero poca información más tenemos de la manera en cómo están conformados cada uno de estos grupos. Y es aquí donde la película peca de soberbia, porque realiza un acto de generalización mediante un caso concreto. La izquierda, en términos generales, se presenta como el grupo pendiente de la población y de los problemas sociales que acontecen cuando un edificio se derrumba debido a la explotación especulativa en la que están inmersos algunos políticos del grupo de la derecha. Son según Rosi, los únicos salvadores del pueblo. Por otra parte, aparece el grupo de centro, que si bien cuenta con algún político humanista y que realmente se preocupa por la población (como el médico) en el momento de la verdad se venden al mayor postor y a los intereses de la derecha. Evidentemente, para Rosi la derecha es el grupo político que está íntimamente unido a la especulación y a la corrupción generalizada. Esta visión tan simplista contrasta con la complejidad de la política real, así como la manera en como el propio Rosi trata otros temas en la misma película.

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Y es una pena, porque obviando este mensaje, la película enseña con una excelente puesta en escena todos los entresijos de la política actual y de siempre, es decir, la política hecha al servicio de los grandes intereses económicos. Después de una magnífica presentación que nos enseña diversos planos aéreos de la ciudad (donde ya podemos observar la diferencia de estatus social entre los barrios ricos y los pobres que viven en barracas) pasamos al debate político, donde Rosi enseña el modo Mediterráneo en todo su esplendor. Una gran confusión de gritos, insultos y amenazas se mezcla en una perfecta puesta en escena que nos muestra con profusión de detalles todos los acontecimientos políticos a los que la televisión actual nos tiene acostumbrado. Pese a los años que separan la película de nuestros días, los momentos en la cámara de Nápoles parecen tener su eco en las sesiones de nuestro parlamento. Desde luego parece que hay cosas que no tienen intención de cambiar.

Las manos sobre la ciudad es el planteamiento político de Rosi llevado al cine (gran parte de su filmografía sigue estos mismos pasos, por ejemplo podríamos citar a Salvatore Giuliano, realizada en el 1962). Uno de los máximos culpables señalados por la película es la intrusión del capitalismo en la política, y como los grandes empresarios acaban definiendo a su gusto las políticas que si en un primer momento habrían de dirigirse al bien común (concepto que aparece reiteradamente en la película) acaban finalmente en  manos de unos pocos hombres. En este caso en concreto, el empresario es Eduardo Nottola, culpable máximo de la especulación urbana (empresario de renombre en el sector inmobiliario), y con numerosos contactos dentro de la política.

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La película sigue un interesante desarrollo, que toma como protagonista la comisión de investigación que tratará de establecer una definitiva respuesta sobre lo acontecido en el derrumbamiento de unos pisos. Después de mostrarnos la burocracia como una absoluta farsa (los responsables del accidente van pasándose la culpa unos a otros), la película termina con un final que ciertamente roza el pesimismo, al concluir la comisión de investigación sin ninguna prueba concluyente.

Así fue como muchas de las grandes metrópolis se construyeron y agrandaron. Las manos sobre la ciudad es su película. Película que retrata esta evolución y las consecuencias negativas que trajo a muchos de los ciudadanos. En realidad, el protagonismo principal no recae sobre Nottola (interpretado por el genial Rod Steiger) ni tampoco sobre los líderes de cada grupo político. La película tiene a la misma ciudad de Nápoles (lugar donde nació el director) como la absoluta protagonista: Desde sus políticos, hasta los ciudadanos más pobres a los cuales hay que desalojar después del incidente, pasando por la actuación policial respecto a estos sucesos.

 

Kyrios

 

 

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