Bud Boetticher: Estación Comanche (1960)

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“Todas mis películas con Randy Scott, cuentan casi la misma historia, con ciertas variantes. Un hombre que busca el asesino de su mujer”.

No podía ser de otra manera con Comanche Station (Estación comanche, 1960) la última de las películas que formarían el tándem entre Randolph Scott y Budd Boetticher. El guión (realizado por el también asiduo a Boetticher, Burt Kennedy), totalmente minimalista, nos presenta un western crepuscular (sólo hay que fijarse en el año de producción de la película) donde se nos presenta un personaje solitario, interpretado obviamente por Randolph Scott. En la secuencia inicial lo vemos liberar de los indios (en un cambio comercial) a una mujer interpretada por Nancy Gates, sobre la que cae una recompensa por su liberación de cinco mil dólares, algo que nuestro protagonista en realidad desconoce hasta tiempo después.

Estación comanche no es una película de grandes historias, batallas o ambientaciones. En realidad el presupuesto es más bien escaso y apenas nos encontramos con cuatro protagonistas principales. Estación comanche es en realidad una película de personajes, y como se relacionan entre ellos. Randolph Scott interpreta al héroe solitario, tan característico de la última etapa del período clásico del Western (con traumas en su pasado). Pese a los rudos modales que muestra al mundo exterior, nos encontramos con un personaje de buen corazón, que lo demuestra en sus acciones. En realidad está marcado por el trauma de que su mujer fuera capturada por los indios tiempo atrás. Siente una atracción inevitable hacía el personaje interpretado por Nancy Gates, la mujer a la que rescata de manos indias, aunque la película no termina por finalizar esta relación (Su personaje abrazará calurosamente a su hijo al llegar a casa). Por su parte, Gates interpreta a una mujer honrada, que se mueve por altos valores morales.

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Siguiendo al grupo protagonista tenemos la antítesis del héroe principal, encarnada por Claude Akins. Lo más interesante de la película es que Boetticher no tiene la necesidad de mostrarnos a este personaje como un auténtico malvado (por lo menos no hasta la decisión final),  sino que son las circunstancias adversas lo que han llevado a Claude Akins a actuar como actúa. De hecho la película va advirtiendo del clímax final (lógico en una película Western) mediante frases que espeta este mismo personaje. “El dinero es el culpable de terribles decisiones”. Son los cinco mil dólares de recompensa lo que causan la maldad. También hay una relación interesante entre sus motivos lujuriosos hacía el personaje de Nancy Gates, mujer que en algún momento de la película parece convertirse en el objeto de deseo de todos los solitarios protagonistas. Finalmente nos queda Dobie (uno de los dos secuaces que acompañan al personaje de Akins muere en los primeros compases de la película), un muchacho que quizá sea la versión de Akins joven, llevado al mal camino por meras circunstancias de la vida. Sus diálogos con Scott resultan reveladores, además de mostrar su verdadera bondad, que finalmente le llevarán a una redención trágica, también porque no decirlo, muy propia del Western.

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Una de las cosas más bien definidas en el film es el desarrollo in crescendo de la película. El personaje de Randolph Scott emprende un viaje de vuelta para devolver  a la mujer, mientras que Claude Akins y sus dos secuaces acompañan a la expeditiva porque desean robar (o incluso asesinar) a la mujer para conseguir así la recompensa. Se mastica y es obvio que hay unos intereses de los acompañantes por realizarle una siniestra pirueta al personaje de Scott, y pese a que todos somos conscientes (incluido el propio personaje de Scott, que sabe perfectamente de las malvadas intenciones de Akins). El Crescendo viene de esta peliaguda situación que finalmente Boetticher acaba transfigurando en un final muy propio del western clásico, con un duelo entre los dos protagonistas masculinos.

Estación Comanche es un film intimista y minimalista. Quizá porque el presupuesto de la película tampoco daba para realizar una obra cargada de épica y con tono solemne. Pese a todo, esto repercute negativamente en la película, y en diversos aspectos. Por una parte con una fotografía que pese a ser en color deja mucho que desear, y parece sinceramente poco inspirada. Por si fuera poco hay algunas escenas que demuestran las carencias técnicas, como las que acontecen durante la nocturnidad, en las que apenas somos capaces de vislumbrar a los protagonistas. Boetticher compone una puesta en escena demasiado pobre, ligada en exceso al argumento de la película, con alguna que otra secuencia diseñada de manera bastante rudimentaria.

Kyrios

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