El Pico (1983)

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El pico (1982), película dirigida por el director maldito Eloy de la Iglesia, es una de las películas que sin ser de una enorme calidad artística, radiografía mejor la España de la Transición, poniendo hincapié en el contexto social y político de Euskadi.

Leyendas y rumores circulando sobre la película hay multitud. Desde que los “picos” que vemos en la película son reales, pasando por la drogadicción de casi todo el equipo al completo (de actores a técnicos) hasta la famosa historia que cuenta que el director Eloy de la Iglesia realizó un casting para conseguir encontrar el papel del personaje protagonista, Paco, y que después de hallar a José Luis Manzano (un joven del que se decía que era medio analfabeto) tuvo una relación tortuosa con él. Dejando de lado los chismorreos y las leyendas, lo que queda claro viendo la película es que Eloy de la Iglesia sabe de lo que habla. Seguramente porque él estuvo enganchado a las drogas durante largo tiempo. De todas maneras, banalizar la película como una simple obra autobiográfica o calificarla como película de drogas sería restarle el mérito al jugoso guión de la película, que escribió Gonzalo Goicoechea.

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Eloy de la Iglesia no es desde luego un gran esteticista. Creo que tampoco se encontraba dentro de sus objetivos realizar una película que gozará de una gran calidad de imagen. En cierta manera, la sucia estética (incluso me atrevo a decir que abandonada) que nos presenta el pico se puede relacionar perfectamente con el tema tratado. No olvidemos que Eloy de la Iglesia fue uno de los máximos exponentes de lo que conocemos hoy en día como “Cine quinqui”, subgénero que retrata el lumpen y las miserias más absolutas de la calle. Hoy en día quizá la heroína no esté tan extendida en España ( a diferencia de otras drogas que tienen mayor permisividad por su publicidad amable) pero en el momento de la transición no era extremadamente raro poder conseguir una dosis. La puesta en escena pues, se ajusta con los objetivos del film. La mayoría de planos son encuadres generales que nos presentan casi de manera teatral a nuestros protagonistas, de tal manera que el espectador puede hacerse una idea general de lo que sucede en la película. Los planos fijos son una tónica habitual y apenas encontramos movimientos de cámara. A lo máximo que aspira la película en este sentido es a enseñar alguna secuencia durante el mono de nuestro protagonista, utilizando la cámara lenta con alguna que otra digresión de imagen y sonido.

El Pico nos introduce en el contexto del país vasco durante la transición española. La sombra de ETA se respira en la película, aunque no haga nunca una aparición determinante. La película nos enseña la relación entre dos amigos, Paco (interpretado por el ya comentado José Luis Manzano) y Urko (interpretado por Javier García). Una amistad casi podríamos decir que prohibida, pues ambos provienen de familias muy excepcionales. Paco es hijo de un guardia civil, mientras que Urko es hijo de un político de un partido cercano al nacionalismo vasco. La película consigue retratar perfectamente el mundo de separación que existía en aquellos momentos, en una sociedad en conflicto perenne. Constantes son los comentarios de desaprobación para que los dos muchachos sean amigos (no sólo por compañeros de clase, sino que las directrices vienen de sus respectivas familias).

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La destrucción del núcleo familiar, que viene de la mano de la heroína, culpable de la separación entre padre e hijo. El padre de Paco, guardia civil mantiene una actitud férrea ante su hijo, que sin embargo no desea seguir la carrera castrense de su padre. La incomunicación se cierne sobre la familia, mientras que la heroína acaba por erosionar el núcleo. La madre de Paco, enferma de cáncer, sigue sin entender los cambios que experimenta su hijo, y debido a su situación de enfermedad queda totalmente anulada como figura materna.

El padre de Paco es la autoridad, representada obviamente por su papel como guardia civil. Que sin embargo no es capaz de solucionar los problemas de su hijo mediante la represión. Tendrá que adoptar un papel conciliador para que su hijo pueda seguir adelante, una evidente metáfora que también se puede trasladar al ambiente político del Euskadi del momento. Significativas las escenas en las que vemos al guardia civil buscar a su hijo, mientras todos a los que interroga le giran la espalda, en comparación con las escenas que suceden en la comisaría, donde la policía emplea todo tipo de métodos para conseguir las respuestas. Enmarcada dentro del reciente golpe fallido de estado, hay un díalogo sintomático que nos enseña el respeto y temor que se le tenía a la guardia civil en aquellos momentos, cuando el superior de Evaristo, padre de Paco, espeta que-Ahora nos tienen más respeto que cuando vivía el caudillo-

Kyrios

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