Ciclo Wes Craven: Pesadilla en Elm Street (1984)

virgen del mono

A Craven se le ocurrió la idea de Nightmare on Elm Street (Pesadilla en Elm Street, 1984) leyendo en los periódicos unos supuestos casos reales de gente que había fallecido después de tener terribles pesadillas. A partir de esta historia Craven escribió un guión que giraba en torno a un asesino llamado Freddy Krueger, que después de haber sido torturado y quemado durante su juventud por haber acosado unos niños, decide vengarse después de su muerte, atacando en el único reino en el que puede actuar, el mundo de las pesadillas.

Una de las cosas que ofrece Pesadilla en Elm street es una configuración radical al Boogeyman clásico que se había visto generalmente hasta el momento. En realidad no había de ser Robert Englund el intérprete de Krueger, sino David Warner, pues la idea original de Craven era que Krueger fuese mucho más anciano, pero Warner falló a última hora. Entonces se escogió a Englund, que era mucho más joven de lo que el papel  tenía previsto, pero logró convencer a Craven. Gracias a Englund la película obtiene una singularidad que seguramente no habría obtenido con ningún otro actor. Y es que Freddy Krueger no sólo aterroriza, sino que también tiene una vena cómica que aparece explotada de manera reiterada en las secuencias de acción de la película. Krueger supone un paso más allá. Ya no nos encontramos con un asesino silencioso como el Michael Myers de La Noche de Halloween, ni tampoco con los asesinos fríos de la matanza de Texas o Las colinas tienen ojos del propio Craven. El personaje que interpreta Englund realiza comentarios jocosos antes de acabar con sus víctimas además de utilizar un humor sardónico. En comparación con Michael Myers, que no llega a decir ni una palabra en todo el film de Carpenter, Krueger es su absoluto reverso, convirtiéndose en un auténtico parlanchín. Pero además, Krueger no ataca directamente a sus víctimas, sino que prefiere derribarlas lentamente, muchas veces jugando con trucos psicológicos para desmoralizarlas. David B. Miller, el encargado de los efectos especiales dotó además un aspecto atemorizante a Krueger. A diferencia de las máscaras que utilizaban numerosos asesinos para ocultar su identidad, Krueger enseña su cara totalmente desfigurada debido a que fue quemado vivo por los padres de los niños. Sí la mayoría de Boogeymans ocultaban su identidad, el personaje de Krueger es un absoluto exhibicionista. A diferencia de las hachas y cuchillos de slashers precedentes, la arma de Freddy es una original idea basada en un concepto de Craven, que pensaba en una de las armas que más habían atemorizado al ser humano desde sus comienzos, fijándose en las garras de los osos cavernarios, finalmente se desarrolló esta idea elaborando las célebres garras de acero, que se han convertido en elemento indisociable del personaje, como lo es también su famoso jersey a cuadros, con los colores rojo y verde.

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Si La Noche de Halloween había homenajeado a Psicosis (1960) de manera reiterada, de igual manera sucede en Pesadilla en Elm Street. El truco fue quitarse de en medio a la que en el principio de la película parece la Final girl, Tina, interpretada por Amanda Wyss, para que el auténtico protagonista lo llevará Nancy, cuyo personaje interpretó Heather Langekamps. Nancy es una final girl arquetípica, lista e inteligente, también bella, aunque ciertamente promiscua en la película (a pesar de tener novio, nunca la vemos preocupada por establecer relaciones sexuales). Evidentemete, sólo ella podrá enfrentarse en condiciones al Bogeyman.

El argumento permitió a la película la creación de una atmósfera poco habitual en los films slashers. Uno de los ejes de la película es la diferenciación de niveles de realidad en el que se encuentran los diversos protagonistas. El más profundo de todos corresponde evidentemente a Krueger, y la película se encarga de mostrárnoslo en su infierno particular. El lugar del villano queda asociado con unas calderas industriales donde podemos verlo en diversas ocasiones. Se asocia directamente al protagonista con un lugar subterráneo, cercano a un infierno postmoderno. La fotografía es capaz de captar en esas secuencias la pesada atmósfera que se presiente. El sonido ambiental está cargado de sonidos industriales y pesados que acompañan a la imagen, ayudando a identificar la secuencia con Krueger. Pero la película no sólo nos muestra los entresijos de estas secuencias subterráneas. Las bazas las podemos encontrar ya en la primera secuencia de la película, mientras escuchamos la célebre naná que escribió Craven y a la que Charles Bernstein dotó de música. Esta canción, que hizo tanta fortuna como la propia película, añade a la película un tono onírico y surrealista que se une a la perfección con el argumento de la película.

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Durante la mayoría de las secuencias Craven juega mezclando realidad y sueño. Sin duda es uno de los recursos con los que el director decide desarrollar la película. ¿Estará realmente soñando nuestras víctimas o esta vez estamos contemplando la realidad? El espectador es el que ha de dilucidar qué es lo que está sucediendo realmente en la pantalla. Durante gran parte del metraje, los protagonistas luchan continuamente contra el sueño, porque saben que si acaban soñando puede aparecer violentamente el personaje de Krueger. La creatividad de Craven viene dada en muchas de las secuencias en las que anuncia sutilmente diversas señales para que el espectador contemple aterrorizado que los protagonistas finalmente se han dormido, y es el turno de que aparezca Krueger. Por ejemplo podemos citar la mítica secuencia de la bañera, o la que tiene lugar en el instituto, cuando una de las chicas pide permiso para ir al baño, y entonces nos damos cuenta de que en realidad estamos otra vez en el mundo de los sueños. Krueger no actúa en el mundo real, sino que lo hace en el de la metafísica, pues una vez ha empezado la pesadilla él puede moverse a su antojo, despreciando las leyes de la física.

 

Kyrios

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