Free Cinema: El ingenuo Salvaje (This Sporting life, 1963)

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This Sporting Life (El ingenuo salvaje, 1963) es una de las obras cumbres del free cinema británico, movimiento del cual Lindsay Anderson, director de esta película, fue uno de sus pilares. Otro, Karel Reiz, director de Saturday Night and Sunday Morning (Sábado noche, domingo mañana 1960) fue el productor que permitió a Anderson llevar a cabo su proyecto. Las relaciones entre los tres directores del free cinema, los dos citados más Tony Richardson, fueron siempre notables, ayudándose mutuamente para que en ocasiones como la que nos ocupa, pudieran acabar dando frutos.

El Free Cinema, a diferencia de la Nouvelle Vague, fue un movimiento mucho más comprometido socialmente hablando. No hemos de olvidar la raíz literaria que se generó a partir de los años cincuenta, con el grupo de jóvenes airados conocido como los Angry Young Men, con la obra paradigmática de John Osborne a la cabeza, Look Back in Anger, que posteriormente sería adaptada cinematográficamente por el propio Tony Richardson. Esta temática social la notamos de manera evidente en El ingenuo salvaje, una película que nos habla de un jugador de Rugby, interpretado por Richard Harris (gracias a este papel consiguió la fama internacional, llegando a ser comparado por algunos críticos con el Marlon Brando Británico) que trata de escalar socialmente mediante el deporte. Retratado como un auténtico salvaje, acabará enamorándose de su marchita casera, que está totalmente traumada por la muerte años atrás de su marido. El guión lo firma el mismo autor que escribió la novela en el 1959, David Storey.

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Como muy bien desarrolla la película de Anderson, la película nos habla de las ansías de ascensión social del protagonista principal, que no dudará incluso en utilizar métodos drásticos (como lesionar a un compañero de su propio equipo) si es necesario. Este tema es una de las constantes del Free Cinema (incluso me atrevería a decir que también de otros nuevos cines) y también aparece en una de las mejores películas de Tony Richardson, The Loneliness of the long distance runner (La soledad del corredor de Fondo, 1962). Pero mientras el revelador final de la soledad del corredor de fondo nos mostraba el total rechazo del protagonista por incluirse en el sistema, el ingenuo salvaje si nos muestra la aceptación del juego que propone el sistema, en casos particulares como los deportistas. El personaje que interpreta Richard Harris únicamente está interesado por los maravillosos contratos que puede conseguir, y la película no trata de desmitificar el conocido tema de la pasión por los colores, que ningunea Anderson en gran parte del metraje. Por otra parte, la película muestra con gran atino las secuencias tan propias de estos jóvenes enriquecidos que dilapidan sus fortunas sin tener demasiado en cuenta el futuro.

Pero en realidad, el tema principal de la película es la relación tortuosa que existe entre el jugador de rugby y la mujer que le alquila la habitación donde se hospeda. Personajes poco habituales del cine británico de esos años, que son con los que Anderson trabaja. Por una parte tenemos a una ya madura mujer que vive anclada en el pasado, personaje que interpreta magistralmente Glenda Jackson. El recuerdo continuo de su marido le impide seguir con su actual vida, y Anderson nos muestra esa vivencia del pasado con detalles, como las botas de su antiguo marido, que diariamente limpia aunque ya no tengan ninguna utilidad. Sin duda la interpretación de Glenda Jackson ayuda a construir un personaje que hace totalmente suyo, una mujer fría que es incapaz de sonreír (contadas secuencias en las que lo hace). Por otra parte tenemos al personaje de Harris, una bestia en el campo y fuera de él. Sentimientos contradictorios los que deja en el espectador, pues si por una parte llegamos a simpatizar y compadecernos con él, no es menos cierto que su brutalidad y forma de actuar salvaje nos alejan de la identificación. En este sentido, Anderson, así como el Free cinema, no son condescendientes con el público, ni tampoco con el cine convencional, por lo que no es de extrañar que el final de la película resulte tan extraordinariamente amargo.

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La puesta en escena de la película demuestra también que Anderson y sus compañeros se iban alejando paulatinamente del cine convencional británico. Las primeras secuencias en el campo de Rugby resultan realmente sintomáticas. Sin emplear la palabra, Anderson nos muestra con toda crudeza el deporte del rugby (recordemos la importancia física de este juego), mediante un ágil montaje, compuesto de múltiples planos poco habituales (apuntando en varias ocasiones al propio suelo o la melé que forman los jugadores, sin que seamos capaz de dislumbrar poco más que masas compactas) que dotan a la cámara un aire de libertad. Cuando el drama se vuelve convencional, Anderson aún sigue empleando una interesante estética, que en ocasiones añade algún elemento simbolista, como el aplastamiento de la araña en la secuencia acontecida en el hospital. Por otra parte, la película emplea un largo flashback, utilizando una estructura un tanto sorprendente  en la que se mezclan pasado y presente del jugador, que recuerda su vida mientras pasa por una operación médica después de un accidente en el campo de juego.

Kyrios

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