Teodora, Emperatriz de Bizancio (1954)

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Riccardo Freda realizó en el 1954 uno de los films históricos más famosos de la década de los cincuenta (muy propicios a este tipo de cine, especialmente en el ámbito Italiano), titulado Teodora, imperatrice di Bisanzio (Teodora, Emperatriz de Bizancio), que muestra de manera más o menos histórica (con algunos elementos fabulados) la subida y aceptación al poder de uno de los emperadores más importantes del imperio bizantino, Justiniano. Alejándose un tanto de la nefasta (y adulterada) visión de Procopio de Césarea (pero también recogiendo muchos elementos de su versión) Riccardo Freda nos presenta un film interesante, que sin embargo adolece también de un estilo encorsetado tan propio de producciones históricas similares (los actores parece que estén declamando un texto teatral en muchos momentos). No era un don nadie Freda en este ámbito, pues ya había realizado algún que otro ejemplo de estas películas históricas, como Spartaco (Espartaco, 1953) o Il Cavaliere Misterioso (El caballero misterioso, 1948).

Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer, que dice el refrán, y en el caso de Justiniano fue totalmente cierto. La película nos presenta la ascensión social de Teodora, una bailarina que consiguió hacerse emperatriz debido a sus innegables dotes para captar la atención del emperador. La recreación histórica resulta interesante, aunque evidentemente haya algunos elementos que salten a la vista (como los letreros escritos en italiano). La presentación de Bizancio es correcta, con especial atención por algunos lugares recreados. Los momentos del circo resultan convincentes, y Freda nos muestra los espectáculos entretenidos que tenían subyugado al populacho, con alguna que otra secuencia bien planificada. En general la película realiza una aproximación a la dualidad que se presentaba en el circo y los seguidores de los diversos equipos. El verde se presenta como el equipo popular, mientras que el azul es el equipo de los patricios. La película desarrollará aún más esta dicotomía, cuando una vez ya convertida en emperatriz, Teodora decida reducir al estrato patricio algunos de sus privilegios. La película coloca a Justiniano y Teodora como una pareja de carácter divino, pero unida en gran medida al pueblo, y opuesta al patriciado, que se muestra como un estrato con ansías de usurpación.

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Para ello la película focaliza la envidia y egoísmo del grupo patricio en la figura histórica (pero falseada) del ministro de Justiniano, Juan de Capadocia. Esta figura se convertirá en el poder en la sombra que decide junto a otros aristócratas quitarse de en medio a Teodora porque ve como está ocupando cada vez más una parcela de poder que en teoría le corresponde a él.

Uno de los aspectos más interesantes de la película es la manera en como Freda enseña la sexualidad un tanto desviada de la pareja Justiniano y Teodora. En esos momentos la película se acerca un tanto al historiador bizantino Procopio de Cesárea, quien llegó a ser una de las figuras más críticas con el emperador. Según Procopio, la pareja real fue una unión llena de vicios y defectos. Teodora una usurpadora que lo único que pretendió fue hacerse con el trono, y que sedujo con malas artes a Justiniano. Es cierto que Freda hace caso a esta parte de Femme Fatale que desarrolla Teodora en la película, pero sin duda se trata de puros motivos cinematográficas (el relato de Procopio es ciertamente jugoso).

La belleza de Gianna Maria Canale da para ello. Múltiples son las secuencias en las que ella sola se encarga de hacer subir la temperatura, con sus famosas escenas de seducción mediante bailes (Teodora fue famosa por sus excelentes calidades como bailarina) o la mítica secuencia en la que sale de la bañera. Evidentemente Freda se sirve de el relato para poder enseñar a Canale en todo su esplendor.

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Realizada con un esplendoroso Technicolor, otro de los alicientes de la película es la muestra de sus escenarios históricos. Espectaculares resultan algunas secuencias, como las carreras de cuadrigas que tienen lugar en el circo (la puesta en escena de Freda resulta perfecta para el espectáculo circense, majestuosos planos de las gradas celebrando las carreras), o la que tiene lugar cuando el propio Justiniano accede a la jaula de los tigres (el actor que interpreta Georges Marchail parece introducirse realmente en la jaula de los animales, sin que haya ningún tipo de trampa). A parte de eso la película sigue un esquema bastante rutinario y previsible. Algún que otro elemento cómico da una pátina de frescura a la película, como el personaje del bufón al que castigan a juicio.

Kyrios

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