Maníaco (Maniac, 1980)

 

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Maniac (Maníaco, 1980), es la opera prima que dirigió en plena efervescencia del cine slasher el director norteamericano William Lustig. No podemos sin embargo menospreciar el trabajo de Joe Spinell, quien además de interpretar el protagonista principal de la película, escribió junto C.A Rosenberg el guión de Maníaco.

Es cierto que la película está realizada aprovechando la ola Slasher que inauguraron películas como Halloween (La Noche de Halloween, 1978), sin embargo, encontramos en ella algunas características muy singulares (así como también muchos clichés). Para empezar, la película sigue en gran medida la estela de las películas de Richard Fleischer, como The Boston Strangler (El estrangulador de Boston, 1968) y la posterior 10 Rillington Place (El estrangulador de Rillington Place, 1971), porque el punto de vista está centrado principalmente en nuestro protagonista homicida, que interpreta magníficamente Joe Spinell.

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Spinell hace el papel de un extraño pintor, que vive de manera totalmente desordenada en su apartamento. La primera secuencia, típicamente del cine slasher (con plano subjetivo incluido), nos muestra un asesinato (dando de primeras algo de carnaza al público) para comprobar que el asesino es nuestro protagonista, que de alguna manera colecciona las cabelleras de las víctimas, intentando así captar su esencia de manera eterna. Las primeras imágenes de la película nos muestran una constante en el cine de Lustig, como es el tratamiento oscuro y decadente que otorga el cineasta al ámbito urbano donde se desarrollan sus películas. Sí en Maníaco observamos la cara más oscura y amarga de Nueva York (con escenas de prostitución incluidas), una cara poco amable que no es la habitual dentro del mundo del cine, el propio William Lustig retomaría años más tarde esta imagen de esta misma urbe degradada para rodar otra película muy cercana argumentalmente a Maníaco, como fue Maniac Cop (1988).

Como decía anteriormente, Maníaco no es un slasher al uso. En su momento la crítica recibió en algunos casos con benevolencia al film, seguramente porque la película no desarrolla un argumento convencional donde se nos cuenta de manera exclusiva unos asesinatos. Maníaco es una radiografía ( o intenta serlo; como las que realizaba Fleischer) del asesino psicópata, adaptada a los nuevos tiempos del terror. Por este motivo el personaje de Joe Spinell es el personaje más importante de la función, y la historia principal consiste en contarnos sus andanzas criminales. Es por este motivo que observamos, casi de manera atónita, los diálogos de absoluto alucinado que el protagonista principal tiene consigo mismo, así como las secuencias que tienen lugar en su apartamento, donde el protagonista ha creado un microclima inquietante en el que puede desarrollar sus manías sin que nadie lo descubra.

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Por otra parte, la película tiene unos toques violentos mucho más acentuados que otras películas del género. El realizador de los efectos especiales fue ni más ni menos que Tom Savini, uno de los maquilladores más consagrados con el paso del tiempo. Savini tiene un gran peso en la película, creando algunas secuencias terribles. Una de las más famosas se produce cuando el protagonista dispara a bocajarro sobre una de las víctimas que se encuentra dentro de un coche. Estos toques de violencia desmedida podían hacer que la película pudiera lograr una clasificación X (la misma que los films pornográficos), con lo que finalmente no fue enviada a la MPAA, estrategia que realizaron los distribuidores con tal de que pasara inadvertida. Ciertamente Maníaco es una película muy difícil de digerir, y que exige en ocasiones demasiado del espectador (en parte porque no encontramos una línea argumental coherente, sino que únicamente observamos las tropelías del protagonista). En este sentido, a la película le falta la grandeza de las obras de Fleischer, que lograban mostrar el perfil psiquiátrico del asesino y se queda a mitad entre el film de entretenimiento puro y el experimental (pese a que se trata de contarnos reiteradamente-pero sin éxito- que los traumas infantiles son los culpables de los delirios del protagonista).

A ello se le une una sucia atmósfera, que sin duda es lo mejor de la película (con permiso de la interpretación de Joe Spinell, que es sencillamente magistral). Desde las degradantes calles de la urbe, pasando por el siniestro apartamento del protagonista, todo en la película traduce una sensación de inestabilidad. La película rehúye en gran medida de utilizar una banda sonora convencional, y en los momentos de máxima tensión, la película utiliza sonidos casi ambientales, o incluso algunas notas de música electrónica que con su forzad brusquedad tratan de emular la desordena ruptura mental del protagonista.

 

Kyrios

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