Caro Diario (Querido Diario, 1993)

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Con Caro Diario (Querido diario, 1993) Nani Moretti logró ni más ni menos que la palma de oro al mejor director en el festival de Cannes (así como otros premios en diversos festivales). La película, de aproximadamente noventa minutos de duración, está igualmente estructurada en tres breves relatos, que tienen una duración cercana a la media hora. Los relatos están basados en gran medida en la biografía del director, que expone a través de los fragmentos gran parte de sus pensamientos sobre el mundo, la vida y por supuesto, el cine. El propio Nani Moretti hace de él mismo en los tres fragmentos. La película está más cerca de elaborar un relato emocional y puramente poético, que no narrativo. Las opiniones de Moretti y la manera en como nos muestra su particular visión aproximan la película a lo que mal denominamos como postmodernismo (una etiqueta que personalmente considero poco eficaz, aunque excepcionalmente funciona en parte con Querido diario)

El primero de todos, En mi Vespa, es una aproximación presente de un viaje realizado en Vespa, por las calles de la ciudad de Roma, que concluirá finalmente con la visita del director a la tumba del cineasta Pasolini (asesinado brutalmente). Aparte de este velado homenaje al cine, con este primer relato observamos las características que dominarán la película. Las referencias al cine serán constantes y continuas. Aparte de criticar la cinta Henry: portrait of a serial Killer (Henry: Retrato de un asesino, 1986) Moretti se despachará gustosamente con la figura del crítico de cine, que parodiará en una interesante secuencia que pone de relevo el poco gusto que siente el italiano por esta figura.

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Pero más allá de sus continuas referencias cinéfilas, Este primer fragmento actúa como homenaje a la vida fugaz que se desarrolla en la idealizada ciudad italiana que recrea el director. Como comenta el propio personaje, mediante el recurso de la voz en off (que utilizará de manera continuada Moretti para introducir en pantalla los pensamientos de sus personajes)-Se podría hacer perfectamente una película sobre las fachadas de los edificios. Sólo panorámicas de edificios-. Paradójico, pues eso es precisamente lo que realiza Moretti en este primer contacto. La película muestra, mediante numerosos planos secuencias y diversas panorámicas, la fisonomía urbana del ambiente que le rodea. Este discurso, que leído de manera escrita puede parecer una oda a la banalidad, se convierte en realidad en una elogiosa carta de amor de Morettí hacía los rincones de su ciudad, siempre teniendo en cuenta las referencias cinéfilas que nos podamos encontrar, como la obligatoria visita a la tumba de Pasolini (que por otra parte el propio personaje admite no haber visitado nunca).

El segundo relato se trata de Islas. Una historia que nos cuenta la visita de Moretti y su amigo Gerardo hacía diversas islas italianas. Esta historia, más discursiva (aunque contando un argumento muy singular e incluso extravagante) es en realidad una caústica crítica al modo de vida contemporáneo. Precisamente Moretti trataba de conseguir un estado de paz para poder continuar su trabajo, y por este motivo marcho de Roma, pero en las diversas islas en las que se estacionan las islas se revelan como una muestra de todos los males del mundo urbano. En una de ellas el tráfico resulta absolutamente agobiante, en otra el director retrata con humor muy negro la locura y sobreprotección de las familias de clase media respecto a sus hijos (que acostumbran a ser hijos únicos), mientras que en la última el costumbrismo aparece en escena. No deja de recordarnos a lo largo de todo el capítulo, el peso de la importancia televisiva en nuestras vidas, con un cínico final.

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Cierra la película Médicos, basado en la propia enfermedad que tuvo que padecer Moretti (de la cual afortunadamente ya se ha recuperado) cuando se le diagnóstico un cáncer. Otra vez con una acusada voz en off, Moretti nos retrata en gran medida el confuso y delirante mundo de la medicina. En un lío administrativo que parece no tener fin, Moretti (por unos picores que parece no terminar nunca) se ve obligado a visitar continuamente diversos médicos, aunque todos ellos identifican el picor con un mal diferente, realizando un diagnóstico erróneo. A pesar de tratar el episodio con una carga de ácido humor, el director trata el episodio con sensibilidad, incluso simplemente con la inclusión de una delicada banda sonora, que acompaña las frustrantes imágenes de nuestro protagonista al comprobar que desgraciadamente, ningún método consigue aliviar sus males.

Querido diario es en una película que retrata muchas de las manías contemporáneas, del frenético ritmo urbano del cual el director forma parte. Por este motivo, Moretti se representa a sí mismo como una persona corriente, englobada dentro del sistema (aunque su personaje ya espetará en el primer episodio que él siempre se ve más integrado con las minorías).

 

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