Mundo Mudo: El último mohicano (1920)

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The Last of The Mohicans (El último mohicano, 1920) fue una de las múltiples películas (seguramente la de Michael Mann sea la más célebre) que basó su relato en la famosa novela de James Fenimore Cooper, que escenifica su acción durante el contexto de la guerra de los siete años, especialmente en su ámbito norteamericano, donde los conflictos entre británicos y franceses, con las tribus indias aliadas, estaban a la orden del día. Producida con la productora del propio Torneur, la película cosechó una acogida crítica favorable.

En The lasting of the mohicans[1] libro coescrito entre Martin Baker y Roger Sabin, se sostiene que pese a que Maurice Tourneur aparece acreditado como el responsable de la dirección, en realidad hemos de atribuir el mérito de esta a Clarence Brown, asistente de dirección que hubo de hacerse con gran parte del trabajo después de que Tourneur sufriera un accidente que le impidió llevar a cabo su trabajo. Clarence Brown llegó a rodar en el valle de Yosemite (Brown siempre siguió los consejos del director en cuanto a las localizaciones), y sin duda una de las cosas que más sorprende en la película es la utilización de unos magníficos naturales que embellecen la película de una magnífica manera. Al igual que el cineasta sueco, Victor Sjöstrom, con Los proscritos (1918), donde el paisaje cobraba una importancia capital, la película de Tourner no podría entenderse sin los majestuosos exteriores. Sobresalen con gran potencia los planos de las selvas salvajes, o las cascadas que muestra la película. Quizá la secuencia más destacada de todas es la que tiene lugar en los picos de una montaña, donde el plano recorta las siluetas de los dos combatientes, hasta que uno de ellos es arrojado al mar.

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Ciertamente el argumento y desarrollo del guión es seguramente lo más flojo de la película. La historia es arquetípica y no hay ningún interés en ella. Da la sensación de que la intención de la película es realmente mostrar ciertas secuencias (como los ya comentados paisajes naturales, o las secuencias de acción)  antes que desarrollar un argumento. El tono de la película ya deja claro sus aspiraciones, con la recreación de un momento histórico, que entronca con el gusto del público por las películas de hechos pasados. Por este mismo motivo encontramos los fuertes donde habitan los británicos (el cartón piedra está bastante bien disimulado, y nunca de la sensación de estar viendo algo realmente cantoso) o el majestuoso vestuario, a la moda del momento que recrea la película (los uniformes de los soldados, o los actores que interpretan a los indios). Quizá lo más destacable argumentalmente es la división de bandos que realiza el guión, con las diversas tribus indias (unas representadas como aliados de los británicos, mientras que los enemigos son totalmente salvajes).

La película utiliza constantemente diversos filtros de colores, con tal de sacarle el máximo partido a la variedad de escenarios naturales y paisajes que nos muestra la película. Desde el verde, color básico que se relaciona con la vegetación, hasta el ocre de los fuertes, pero con otros variopintos filtros.

Sin embargo el trabajo detrás de las cámaras resulta bastante irregular. A pesar de ser una película realizada cinco años después de The Birth of  a Nation (el nacimiento de una nación, 1915), de D.W. Griffith, la película adopta una puesta en escena totalmente rígida. Los encuadres son siempre los mismos en el sentido de que los movimientos de cámara están contados. Lo que si resuelve de manera acertada la película de Tourneur es una construcción de un montaje inteligente, que se demuestra especialmente en las múltiples secuencias de acción. Cuando estas tienen lugar, el montaje se vuelve más apresurado, intentando dar la sensación de dinamismo.

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En estas secuencias de acción (normalmente entre indios y los soldados británicos) hay que destacar el hecho de que la película tiene ciertas secuencias bastantes violentas, como el asalto de los indios hacía la población del fuerte, que viaja totalmente descubierta. De igual modo se recuerda una escena en la que uno de los soldados británicos, que no llega a entrar a salvo en una de las casetas,  es terriblemente asaltado por los indios.

La película tiene también algunas secuencias interesantes, como el momento en que se enfrentan dos personajes, con primeros planos de ellos dos, incluso con algún zoom. Los dos personajes llegan incluso a tapar con su cara toda la pantalla, dando una sensación de llegar a invadir al espectador.

 

Kyrios

 

 

 

[1] Roger Sabin y Martin Baker, The lasting of mohicans, Ed.University Press Missisipi, Missisipi 1995

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