Ciclo Ti West; The Sacrament (2013)

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Es evidente que la última película de Ti West, The Sacrament (2013) evoca de manera bastante reconocible[1] un desgraciadísimo episodio real, que ha sido olvidado por medio mundo. Se trata de los  hechos conocidos como la masacre de Jamestown,  que sucedieron el 18 de noviembre de 1978, cuando el líder de la secta del proyecto agrícola del templo del pueblo, Jim Jones, acorralado por las autoridades ordenó el suicidio masivo de su comunidad. Más de 900 personas hicieron caso a su líder. La película sigue de manera bastante fiel a los acontecimientos, aunque cambiando nombres y detalles.

A pesar de que estamos por tanto ante un hecho real, la película de West amaga el argumento mediante una interesante pirueta. Realizada mediante el formato del Found Footage (metraje encontrado; se acostumbra a citar el proyecto de la bruja de Blair como la película que inaugura el subgénero), West nos presenta la historia de tres reporteros que son llamados (uno de ellos tiene a una hermana que está inmersa en lo que parece una especie de comuna Hippie) por la editorial Vice para cubrir un documental. El primer guiño es evidente, pues la propia revista Vice participó en la película.

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Una de las cosas que más sorprende en The Sacrament es la sagacidad con la que el director retrata el argumento. No es una característica habitual de las películas de terror, y mucho menos si nos hallamos dentro del subgénero del Found Footage. La película está estructurada en dos partes, que a su vez se dividen en pequeños episodios anunciados por subtítulos de texto. En un primer momento nos encontramos con la presentación de los protagonistas, así como la inmersión que realizan dentro la secta, mientras investigan e interrogan a los habitantes para realizar un documental.

West allana el terreno para desarollar el mensaje de la película. La primera parte del film tiene el objetivo de introducirnos la supuesta visión idílica que encontramos en Eden Parrish (así se llama el bonito lugar). Sin embargo, ya desde un primer momento, West incluye ciertas gotas que rompen con el equilibrio y la vida utópica. Para empezar, con los miembros armados que reciben a los protagonistas (un recurso realizado en parte para que los espectadores entren en tensión desde un primer momento), o el testimonio de la niña muda, que nos inducen a pensar que no estamos ante una comunidad tan pacífica como parece. Posteriormente la película reconstruye la vida de la población mediante diversas entrevistas, que  muestran la supuesta alegría de los habitantes, que recuerda a otras películas de metraje encontrado, como la realizada por el veterano William Friedkin en el año 2012 con The Bay.

West no se ata a las supuestas pautas que habrían de guiar una película de metraje encontrado. A pesar de que los encuadres que contempla el espectador están íntimamente ligados al punto de vista que ofrece la cámara de los periodistas, West en realidad realiza una puesta en escena calculada y planificada, sin por ello tener que sacrificar ningún aspecto argumental. Estamos Ante una puesta en escena inteligente,  que nos deja destacadas secuencias. Desde uno de los planos más crueles que tiene lugar durante la parte final de la película, construido siempre de una manera totalmente estática (uno de los protagonistas deja la cámara en un rincón), en el que observamos una secuencia terrible que está acompañada de una construcción formal muy determinada hasta la entrevista que realizan los periodistas al líder de la secta (interpretado por un fenomenal Gene Jones), elaborada con una sobriedad magnífica . Es cierto que durante las secuencias de acción, West recurre a las habituales escenas mareantes, tan típicas del subgénero en la que el espectador tiene que realizar un profundo esfuerzo por enterarse de lo que está pasando, pero también es cierto que en The Sacrament acostumbran a funcionar en líneas generales.

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La segunda parte de la película es la conversión del sueño a la pesadilla. Los elementos que se habían introducido como desajustes de la realidad acaban por convertirse en protagonistas. West retrata a las mil maravillas la realidad de un sistema represivo que  si en apariencia parece funcionar, en realidad tiene atemorizados a la mayoría de habitantes. La superficie acaba rompiéndose y el sistema aparentemente perfecto acaba por derrumbarse. Sin llegar a mostrar secuencias grotescas (excepto en el tétrico y funesto desenlace final) la película consigue aterrorizar al espectador, por demostrar las grietas que se ocultan en la cotidianeidad.

Finalmente, la película alcanza un tremendo clímax, con la terrible secuencia del suicidio en masa. Sin duda alguna, una de las imágenes más perturbadoras que se hayan producido en el cine. El subtítulo final de la película resulta cuanto menos escalofriante, avisándonos (falsamente) de que lo que acabamos de visionar se trata del mayor suicidio en masa. Resulta aterrador conocer la verdad, y es que una vez más, la realidad ha superado a la ficción.

 

[1] Como en la masacre de JamesTown, los acólitos de la secta se suicidaron después de la ingesta de una bebida que contenía veneno, que por otra parte el líder de la secta nunca tomó, sino que se suicidó de la misma manera que representa la película.

 

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