Ciclo Eloy de La Iglesia: El diputado (1978)

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La polémica estaba asegurada con el estreno de la película El Diputado (1978),  film que realizó Eloy De la Iglesia en plena transición, cuando los ánimos estaban ciertamente caldeados. Tratando temáticas tabúes (importante remarcar la pluralidad de la palabra) como la Homosexualidad, la droga y la política entre otros subtemas, la obra de Eloy de la Iglesia hurga en la herida abierta y sirve como un excepcional documento social de aquella España que parecía abrirse después de un hermético régimen.

La película gira en torno al personaje interpretado por José Sacristán. De la Iglesia nos lo presenta en la primera escena, aunque en realidad es el propio personaje el que se presenta al público, mediante el recurso de la voz en off. En esta primera secuencia el personaje, que es un diputado del recién legalizado partido comunista, parece huir de algún tipo de enemigo (en esos primeros momentos uno se pregunta si podría ser algún grupo terrorista, pues se aluden durante diversos momentos de la película) hasta que después de apelar al público empieza a relatar su historia y de cómo ha terminado en semejantes circunstancias desesperadas. La película es pues, un gran flashback  del que se sirve el director, para en realidad, radiografiar la época de la transición, con más sombras que luces, o si se quiere, la parte oscura y oculta del momento.

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Lo que está claro es que es en este aspecto documental o sociológico donde la película alcanza su mayor grado de importancia. Diciéndolo de manera clara y meridiana, El diputado no es una buena película. Los aspectos técnicos resultan lamentables en diversos ámbitos. Se podría hablar de la interpretación de José Sacristán, que resulta absolutamente risible, rozando en muchos momentos la comedia involuntaria. No sabemos si por culpa del propio actor o por el montaje del director, escogiendo los momentos más espontáneos (por decir una palabra suave) de los intérpretes. Lo que queda bastante claro viendo la película es que los actores del Diputado actúan de una manera muy parecida a otras películas del propio director, como pudiera ser la célebre El Pico (1983) con esa mezcla de cercanía  al espectador, así como de amateurismo.

Sí las interpretaciones resultan bochornosas, sucede otro tanto con la fotografía o el montaje. La fotografía de Antonio Cuevas muestra una escasez de ideas y medios, limitándose a realizar el mismo trabajo durante todo el metraje. Mientras que el montaje une secuencias muchas veces cortando planos de repente, dejando la sensación de que la película se ha hecho de manera apresurada y sin interés por realizar un discurso coherente.

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A destacar dos citas cinéfilas que realiza el director, hacía el cine italiano, la más interesante, cuando en uno de los díalogos el personaje de José Sacristán alude a la película de Visconti, Morte en Venezia (Muerte en Venecia, 1971). Si habla de ella es precisamente para admitir que su relación con el joven Lumpen (utilizando las mismas palabras marxistas que utiliza el diputado), interpretado por José Luis Alonso, no tiene ningún parecido con la de la película. Esta cita resulta bastante sintomática, además de contener muchísima razón. Mientras en la película de Visconti nos encontrábamos con una relación homosexual totalmente poetizada e idealizada, la película de De La Iglesia nos muestra totalmente lo contrario. La relación entre Sacristán y el joven es entre un diputado, por tanto, un miembro de la alta clase (por mucho que pertenezca al partido comunista) con un joven chapero. Sólo argumentalmente las diferencias son evidentemente notables, pero el tono con el que retrata de La Iglesia también realza las diferencias. Los personajes del Diputado hablan sobre temas cotidianos, banales, pero también sobre política (finalmente el joven muchacho acabará abrazando el socialismo, después de diversos debates que mantiene con el político). Sexualmente la película es totalmente explícita, y no olvida que en realidad la relación entre los dos se basa en gran parte en un término puramente carnal. Sí en Muerte en Venecia sólo existía poesía, palabras y contacto visual, El diputado es precisamente lo contrario.

Sí el diputado merece ser rescatada, es por la intensidad y valentía con la que retrata la España de la transición. Desde las ebullición de la política en aquellos años (los grupos de extrema derecha golpeando a los miembros del partido comunista; la policía interviniendo de manera política), los grupos de presión (los que quieren hundir al diputado protagonista) la evolución de la izquierda en aquellos años (a destacar una brillante secuencia que tiene lugar en el piso que el Diputado utiliza como lugar privado donde mantiene relaciones homosexuales. Una vez allí, mientras está con el joven interpretado por José Luis Alonso, enciende un radiocasete y suena el himno de la internacional, que inmediatamente apaga. De la Iglesia utiliza esta vena caústica para reírse del personaje), el mundo del lumpen y la drogadicción en las clases populares (el joven protagonista), la prostitución e incluso el Mènage á trois.

 

Kyrios

 

 

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