Una vela para el diablo (1973)

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Una Vela Para el diablo (Una vela para el diablo, 1973) es una de las películas más extrañas y bizarras del cine Español de inicio de los años setenta, dirigida pues antes que de que falleciera el dictador Francisco Franco y cayera definitivamente el Régimen,  y además la película de Eugenio Martín anticipa gran parte de las imágenes que veríamos en el cine de la transición. La película es también una inquietante radiografía de la España rural y profunda, seguramente la más proclive al Régimen.

A pesar de que la película está realizada antes de lo que popularmente conocemos como el cine del destape, la obra ya se sirve de la gran cantidad de imágenes licenciosas (desnudos, insinuaciones, erotismo) que veríamos sobre todo en gran parte del cine de la comedia popular de los setenta. Precisamente el guión gira en torno a la perversión (Si adoptamos el punto de vista retrógrado de las protagonistas) que se estaba cerniendo en la España de aquellos años, con la invasión del turismo (que se convertiría en uno de los estandartes económicos del país) y que propició un interesante choque de culturas. La película gira en torno a dos mujeres, hermanas, (interpretadas respectivamente por Esperanza Rey y Aurora Bautista) que son propietarias de un pequeño caserón situado en un enclave turístico y rural. Las dos profesan una profunda fe católica, y en los primeros compases del film se da una hecho singular y que marcará el argumento,  porque por accidente, una de las turistas que se hospeda en el hotel muere en trágicas circunstancias.

Este hecho es tomado por providencial por una de las dos mujeres (obviamente la mayor, siguiendo este retrato generacional que realiza la película, interpretada por Aurora Bautista) que a partir de ese momento tratará de asesinar toda mujer que se vista de manera indecente y que tenga el atrevimiento de acercarse a su caserón. El argumento, que se puede tomar como una auténtica majadería, es en realidad un extraño acercamiento a la ideología rural de aquella España que veía como perversión toda imagen extranjera, y que cerraba los ojos ante cualquier imagen mínimamente sensual.

El personaje de Aurora Bautista es un personaje que vivió la represión sexual en sus propias carnes (como comentará una turista sobre ella: Es posible que ellas nunca pudieron disfrutar realmente de su juventud) y que tiene una moral católica que condiciona absolutamente su vida. Como veremos a través de las diferentes víctimas de las que se va encargando, no soporta ni el destape con el que las europeas se presentan ante su pueblo (asesinará una chica que viste ropa ajustada) ni tampoco el modelo de madre divorciada y soltera, imagen que se estaba empezando a fraguarse en el resto de Europa, y que en España aún tardaría tiempo en llegar (su aprobación se hizo durante la democracia).

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Como vemos la película es bastante explícita respecto a su argumento, pero lo que resulta realmente impactante es en la manera en que el director, Eugenio Martín, es capaz de mostrar una temática absolutamente candente y en boga en aquellos años, pero pasándola por el filtro del género de terror (pocas cosas en el cine de terror español resultan más terroríficas que el personaje que interpreta Aurora Bautista). De hecho la película está mucho más cerca de un terror propio y Español (algo parecido a lo que popularmente se ha conocido como Fantaterror) que a un cine extranjero e impersonal. Martín trata, mediante el género, unas inquietudes que son (o mejor dicho, eran) básicamente españolas, y que no tenían ningún sentido fuera de nuestras fronteras.

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Interesante resulta el hecho de que para las oleadas de extranjeros que alteran el equilibro de la sociedad rural, estén representados siempre con una música Pop de fondo, que les acompaña en sus incursiones. Es evidente que el director relaciona este concepto con la frescura y la juventud que estaba llegando y además se sirve de un montaje alocado, más propio (o por lo menos lo intenta) del cine de Richard Lester con sus películas de los Beatles, como A Hard day’s Night (¡Qué noche la de aquel día!, 1964) que con el resto de la película. Estas secuencias además destapan una vena documentalista bastante acentuada.

El único pero, amén de los aspectos técnicos como fotografía, puesta en escena y sonido, algo que va casi de manera inherente en el género de terror español,  es la estructura del guión, que repite en exceso el sistema circular de ir asesinado a cualquier extranjera que se acerca a la posada de las dos hermanas. Se podría haber explotado otros detalles que acaba convirtiéndose en complementarios en la película (básicamente todo lo que no es el círculo de protagonistas).

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