Ciclo Tony Richardson: El animador (1960)

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Producida por la compañía estandarte del movimiento Free Cinema, la Woodfall Film, The Entertainer (El animador, 1960) fue la segunda película que el artista que había trabajado en el mundo del teatro, Tony Richardson, llevó a la gran pantalla. Contó como actor principal con Laurence Olivier, uno de los actores más ilustres del cine británico.

El Free Cinema se caracterizó por tratar temas tabúes que habían tenido muy poca trascendencia en el cinema inglés anterior, tocando la llaga y mostrando a la sociedad una temática social minusvalorada anteriormente. Sin en A Taste of honey (Un sabor a miel, 1961) película de Richardson se ponía de manifiesto un embarazo no deseado así como relaciones interraciales de por medio, en El animador observamos, aunque sea en segundo término, el conflicto bélico que estaba desarrollando en aquellos momentos el imperio británico, en tierras egipcias, con un desenlace ciertamente pesimista, pues el hijo del protagonista acaba falleciendo en el conflicto. Además, la línea principal de la película trata el tema del alcoholismo, así como la decadencia de un personaje, interpretado por Laurence Olivier, que está viendo como su carrera va en total declive, y no puede hacer nada para evitarlo.

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El guión (que adapta una obra teatral escrita por el mismo guionista) lo escribió otro asiduo colaborador del Free cinema, John Osborne, que ya había trabajado también en el mundo del teatro como Tony Richardson. Osborne visitó diversos clubs de Music Hall para acercarse al mundo del espectáculo[1], lo que explica gran parte del realismo que demuestra la película y además es destacable la ácida rabia con la que el guionista afrontó el tema. La película gira en torno a un personaje que vive en una situación totalmente insostenible. Se trata de un actor cómico, pero que vive de las glorias del pasado (genial resulta el detalle del niño observando el cartel publicitario del show musical y asegurando a su madre que ese hombre no sale en televisión) y que convive en un núcleo familiar imposible. Brenda de Banzie interpreta a la esposa de este protagonista, y ya desde los primeros minuto odemos observar que la relación entre los dos no funciona. El guión de Osborne trata con mucha naturalidad las relaciones extramatrimoniales que sostiene nuestro protagonista, lo que causó un shock en la puritana Gran Bretaña de aquellos años, como también lo hicieron otras películas del Free cinema.

Pero además a medida que avance el metraje seremos testigo del alcoholismo de la esposa, que no duda en servirse del alcohol como sustito a las faltas de su marido. Sin embargo la película no se inicia con una estructura lineal, sino que Richardson, yendo un paso más allá de la narrativa convencional, realiza un Flashback primerizo, mediante la conversación que tiene la hija de nuestro protagonista con su abuelo.

La película se centra en la tradición del Music Hall, espectáculo que está en cuesta abajo, al igual que nuestro protagonista, frente a los nuevos medios de consumo, como la televisión. La película utiliza numerosos soliloquios y monólogos de nuestro protagonista, que describen el aura melancólica en la que se encuentra. Un gran ejemplo de ello es el que tiene lugar en el momento en que se entera que su hija ha fallecido, rodada con un gran plano general que nos describe los rostros de todos los personajes y sus reacciones, en una escena que recuerda mucho a una visión Shakesperiana del tema.

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La película es un paso en adelante en la carrera de Tony Richardson. El director experimenta con los medios que le ofrece el lenguaje cinematográfico, y los podemos comprobar claramente en la película. Una de las secuncias que tiene lugar durante el flashback inicial nos presenta la llegada de un coche a su destino de una manera inusual, con un ángulo de cámara que capta el frontal del automóvil, dando una sensación extraña. También nos encontramos numerosos primeros planos, que hacen hincapié en la vena psicologista que desarrolla el film. Por otra parte, Richardson opta por planos medios en la mayoría de las escenas que tienen lugar en escenarios teatrales (que no son pocas). Lo que si es cierto es que a la película le cuesta desarrollar su premisa, y es una película claramente más de caracteres que no de trama.

El Animador es en realidad una película de transición, que anticipa y cimenta el estilo cinematográfico que iba alcanzar Richardson con sus posteriores películas, que son las que encumbraron el mito del free Cinema, como la ya citada Un sabor a miel, o la mítica The Loneliness of a long distance runner (La soledad del corredor de fondo, 1962).

 

Kyrios

 

 

[1] James M. Welsh y John C. Tibbets, The Cinema of Tony Richardson: Essays and interviews, Ed. Albany Press, New York 1999

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