Tierra de Faraones (1955)

Land_Pharaohs

 

Land of The Pharaohs (Tierra de Faraones, 1955) dirigida por el camaleónico Howard Hawks es la típica producción histórica Hollywoodiense, es decir mucho Glamour y poco rigor.

La verdad es que ya empieza a cansar la manera de adorar que tienen la mayoría de cinéfilos a cualquier tipo de producción que venga de la mano de un director de renombre, en esta ocasión de Howard Hawks. Para empezar podríamos debatir donde está la autoría en una película como Tierra de Faraones, que podría haber firmado cualquier otro director especializados en Péplums, como Cecil B. de Mille.

En los cinco primeros minutos ya somos testigos del tufo que va a tomar la película. Olvidemos el minimalismo y las pequeña historias, estaba claro que en el cine clásico las grandes producciones históricas iban de la mano de grandes personajes y en nuestro caso la secuencia de apertura nos muestra un interesante flashback donde vemos a un personaje[1] empezar la crónica del reinado de nuestro faraón protagonista. La voz en off de este personaje aparecerá en diversas ocasiones en la película, y el director se sirve de este recurso para agilizar el film y narrar las brechas temporales que se producen en el transcurso del filme. Y entonces somos testigos de la llegada de nuestro faraón a la ciudad (nunca encontramos ninguna especificación en torno a ciudades o protagonistas, que son totalmente ficticios, tomando un marco del Egipto clásico como acción). Esta secuencia es la clásica del cine histórico clásico, que sirve para que Hawks pueda apabullar al espectador, mostrando el desfile de los victoriosos soldados volviendo a la ciudad. Gran cantidad de extras (realmente la cifra siempre resulta asombrosa, y queda patente en las secuencias en las que se construye la pirámide) y un vestuario deslumbrante, que sin embargo empieza a tapar las costuras de un guión tan vacuo como el propio faraón.

Y es que resulta cómico y lastimero ver a Jack Hawkins, un hombre de raza blanca, interpretar a nuestro faraón. Pero aún resulta más dantesco el arquetipo que representa él mismo (sí, ya sabemos que Hawks siempre trabaja con arquetipos, pero el personaje clama al cielo). El guión nos presenta un faraón altanero y orgulloso de sus conquistas, pero que mira siempre por el bien de la nación. Personaje en realidad, totalmente desaprovechado y carente de cualquier personalidad.

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La película entonces toma unos aires bíblicos, mostrándonos la construcción de la pirámide del faraón por parte de los esclavos a los que había sometido en su última batalla (clara referencia al antiguo testamento y al momento en que el pueblo de Israel abandona Egipto en manos de su líder). El guión en realidad es un auténtico mix de exotismo, del que se sirve el director para mezclar en una batidora todos los elementos posibles, y de esta manera ser capaz de atraer toda la atención del espectador, en pos del máximo disfrute posible. No es de extrañar en este sentido, que el fenómeno estrella de la cultura Egipcia, las pirámides, tenga su aparición en el filme.

Hay también una importante trama de conspiraciones, pero alejada del tono político y más centrada en el drama personal del faraón que en una auténtica crítica. Realmente el papel le queda un poco corto a Jack Hawkins, un actor que no es capaz de mantener el absoluto nivel de estrella durante toda la película. Aún más extraño resulta comprobar que uno de los literatos que estuvo involucrado en la creación del guión fue William Faulkner, uno de los mejores escritores del siglo XX, y que sin embargo es incapaz de dotar de vida a la trama. El propio Faulkner[2] dijo sobre la película que Hawks la llevaba haciendo 35 años, y que en realidad tenía pocas diferencias con Red River (Río Rojo, 1948), pues ambas compartían el mismo protagonista principal y el mismo grupo de secundarios.

LAND OF THE PHAROAHS [US 1955]

En definitiva, Tierra de Farones se inscribe dentro del marco de producciones históricas Hollywoodiesnses y antecede a la importante Ten Commandments (Los diez mandamientos, 1956) película de Cecil B. de Mille realizada sólo un año después que la obra de Hawks.

 

[1] Empezamos ya con los errores históricos. En la citada secuencia el escriba utiliza el lenguaje jeroglífico, pero en realidad este sólo se utilizaba en los monumentos funerarios o estelas de gran importancia.

[2] Gene D. Phillips, Fiction, film, and Faulkner, Ed.Tennesse University Press, Tennesse 1988

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