La Carne y el Demonio (1960)

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The Flesh and the Fiends (La carne y el demonio, 1960) es una película que desgraciadamente está basada en un caso real, que sucedió en el siglo XIX. Se trató de un hecho que tuvo una gran resonancia mundial, y que a día de hoy sigue resultando espeluznante. Y es que en esos años, la medicina aún no estaba tan avanzada como hoy en día, y los médicos requerían de numerosos cadáveres para realizar sus experimentos. El problema vino cuando dos psicópatas trataron de hacerse ricos vendiendo cadáveres  de personas que habían asesinado ellos mismos.

En realidad, esta historia real ya había sido tratada con anterioridad en el cine. Exactamente quince años que la Carne y el Demonio, con la adaptación cinematográfica del director Robert Wise, titulada The Body Snatcher (El ladrón de cadáveres, 1945). Por si fuera poco, ambas comparten bastantes similitudes argumentales, aunque hay que decir que el Ladrón de cadáveres de Wise no se ajustaba tanto a la realidad histórica de Burke y Hare, y para más Inri sólo había un ladrón de cadáveres, y no dos como fue en realidad.

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Una de las cosas que sorprende de la producción de la película, es que no fue la célebre compañía británica Hammer la que estuvo detrás del filme, sino la productora Triad, lo que quizá explicaría varias cosas. Una de ellas, la poca relación que tiene La carne y el demonio, a pesar de ser una película etiquetada como terror, con otras obras de marcado carácter popular de la casa Hammer, cosa que ya comprobamos desde su factura en Blanco y negro. La Carne y el demonio, es una película que realmente está más cerca de obras como Psycho (Psicosis, 1960) o Pepping Tom (El fotógrafo del Pánico, 1960) que la versión de Dracula, prince of darknees (Drácula, príncipe de las tinieblas, 1966). El problema es que la película recibió unos resultados en taquilla bastante pobres, lo que en parte ha servido para condenar la película al olvido.

La acción nos sitúa en la ciudad de Edimburgo, donde asistimos a las clases del profesor de medicina que encarna Peter Cushing. Aquí ya nos encontramos una semejanza bastante notable con la película anteriormente citada de Wise, y es que el protagonista principal que interpreta Cushing tiene muchas semejanzas con el que veíamos en el Ladrón de Cadáveres, de manos de Boris Karloff. Nuestro médico es un personaje que se desvive por su trabajo, y que no tiene la más mínima consideración por los turbios negocios en los que están envueltos sus  procuradores cadáveres. A pesar de todo, no es realmente un personaje negativo, y la película apunta quizá-y vagamente- a la ciencia como la culpable de los desmanes que acaban por tener lugar en la población. En este sentido podemos relacionar la secuencia que tiene lugar en una fiesta, donde Cushing acaba encarándose con otros compañeros de profesión, y teniendo un acalorado debate con un cura, porque el personaje de Cushing parece dudar del espíritu, al que afirma no haber visto jamás en sus disecciones.

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Quizá lo más interesante resulta el personaje de Chris Jackson, que interpreta John Cairney. Este personaje es un joven que suspende parte del curso, pero que sin embargo recibe de su profesor (Cushing) un sueldo como ayudante en la cripta donde se recuperan los cadáveres. Lo primero que choca es que por momentos parece cobrar una importancia más grande que la del propio actor principal, pero es que además a tres cuartos de la película, el personaje es asesinado. La estructura del film va pues, más allá de la simple introducción, nudo y desenlace, porque a los dos psicópatas de Burke y Hare los encuentran y atrapan bastante antes de que finalice la película, cosa en gran medida sorprendente. En el último tercio del film somos testigos entre otras cosas, de la horrible venganza del pueblo hacía Burke y Hare (con un plano terriblemente violento en el que vemos a uno de los dos reos siendo ejecutados, sin que el montaje omita la violencia del ahorcamiento) y por otra parte del linchamiento (metafórico) hacía el doctor, por haber promocionado a los dos asesinos.

También hay bastante jugo en la relación sentimental que desarrolla el personaje que interpreta Cairney. Durante el metraje lo vemos flirtear con una muchacha que se mueve en los bajos fondos, y que coquetea en desmesura con el alcohol. Gilling, el director, se sirve de estos ambientes para mostrar algunas secuencias bastante interesantes y sorprendentes, como alguna que otra imagen erótica.

Seguramente, una de las mejores bazas de la película, es la ambientación que presenta la película, mostrándonos la cara más oculta de un Edimburgo que rezuma putridez en muchos de sus escenarios. Desde el trastero del doctor que interpreta Cushing y donde coloca a los cadáveres en salmuera, hasta la posada donde viven (o vivían) Burke y Hare.

 

 

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