Alma en Suplicio (1945)

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Mildred Pierce (Alma en Suplicio, 1945) es otra de las obras de cine noir, dirigidas en el cine clásico, que hay que revalorizar. Seguramente hay dos elementos que pesan para que se trate de una obra olvidada. Una es haber nacido en un momento de gloria para este tipo de cine, y la otra es que Alma en Suplicio está dirigida por Michael Curtiz. A pesar de dirigir Casablanca (Casablanca, 1942) o seguramente por ello, pues a Curtiz siempre se la ha considerado un director menor, negándole cualquier tipo de autoría posible, y clasificado frecuentemente por los críticos como un artesano. Puede que el concepto de autor quede lejano para Curtiz, pero hay que admitir que en su haber encontramos un gran numero de películas infravaloradas.

Una de ellas es Alma en Suplicio, una película que cuenta con una potentísima puesta en escena. Si no fuera por algunos momentos que ofrece el guión, seguramente hablaríamos de una de las mejores películas del cine negro. La película empieza con un tour de force espectacular, que nos muestra el asesinato de uno de los protagonistas del relato. Después de este asesinato somos testigos de la llegada de Joan Crawford a la comisaría, donde a partir de un flashback relatará la historia que ha ocasionado este asesinato (Con la intención de contar la identidad del asesino, que aparece oculta durante el asesinato). Así pues, Alma en Suplicio sigue una estructura habitual dentro del género del cine negro, sirviéndose de la voz en Off de nuestra maravillosa actriz principal, Joan Crawford, para agilizar la narrativa y apoyar las imágenes que el espectador está viendo.

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Pero hay más que analizar en estas primeras secuencias. Curtiz emplea una fotografía espectacular, que saca todo el máximo provecho a los escenarios de este arranque. Uno de ellos es la mansión donde tiene lugar el crimen, que inevitablemente recuerda algunos de los fastuosos escenarios que aparecían en Citizien Kane (Ciudadano Kane, 1942) del genial Orson Welles, rodada sólo tres años antes que Alma en Suplicio. De hecho Curtiz parece inspirarse en los grandes planos de la película para su propio filme. La fotografía de estos primeros interiores está llena de luces y sombras, que ofrecen una visión casi terrorífica de la casa, con sombras que proyectan los personajes, que se mueven y que multiplican su espectro. Pero también encontramos una escena rodada en exteriores, donde vemos a Joan Crawford dirigiéndose hacia los muelles, en lo que parece un amago de suicidio, que no acaba provocándose. Entre la magistral Crawford y la tormenta que está totalmente desatada queda una secuencia simplemente espectacular, un soplo de aire fresco que complementa la estética tan degradante de estos primeros momentos.

Alma en suplicio nos cuenta una historia de auge y caída, aunque singular, porque el protagonista no es un gánster criminal, sino una mujer (y a pesar de que coquetea con el concepto de Femme Fatale, no es exactamente una de ellas). La película adapta una obra del mítico escritor de novela negra, James M. Cain. Sin embargo, más que la trama o el desarrollo convencional de la historia (que no ofrece ninguna novedad excepcional), lo realmente interesante es la cantidad de singularidades que ofrecen algunos detalles. Uno de ellos, ya comentado anteriormente, es el protagonismo principal, que recae en una mujer, algo bastante extraño en el cine negro, que acostumbra a ser un género en general bastante machista. Sin embargo el personaje que interpreta Joan Crawford es un personaje con bastantes calidades positivas, pues ella es la única que se ocupa de sus dos hijas, y la que consigue sacar la familia adelante, aunque para ello tenga que trabajar en unos horarios inhumanos.

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Por otra parte, la película trata un tema bastante polémico en aquellos tiempos, como era el divorcio y las relaciones extramaritales. Y es que el personaje de Joan Crawford tiene que aguantar un divorcio bastante traumático, así como el envite de algunos protagonistas masculinos que desean poseerla a toda costa. Sin embargo, ella rechaza a algunos pretendientes, lo que hace que la película relacione la castidad de la protagonista con el mantenimiento del poder.

Además, una de las hijas de Joan Crawford, interpretada por Ann Blyth, ofrece un arquetipo de personaje bastante extraño. Una hija adolescente que resulta ser un auténtico problema para su madre, que es totalmente incapaz de controlarla. A pesar de que en algunos momentos el filme roza el folletín, sin duda los encontronazos entre la madre y la hija son momentos imprescindibles para la película. Momento especial cuando la madre se encuentra a su hija trabajando como bailarina (ligera de ropa) en un bar de mala reputación.

Desgraciadamente una de las cosas que más estropean el filme es su giro final de guión, demasiado precipitado. Además da la sensación de que el tono de cine negro se encuentra sólo en los primeros compases del filme, para después diluirse en otro tipo de géneros que no concuerdan del todo con otras partes de la película.

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