La Última Noche del Titanic (1958)

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A Night to Remember (La última noche de Titanic, 1958) es la adaptación cinematográfica del libro de Walter Lord, de título homónimo al de la película (en su idioma original). La novela era una visión sobre la última noche del Titanic, y el autor contó con gran multitud de entrevistas a supervivientes del naufragio, con tal de conseguir la mayor veracidad posible. El director del filme, Roy Ward Baker, sigue la novela muy fielmente, y podemos decir sin miedo a equivocarnos que la película adopta el tono tan objetivo del libro.

No era la última vez que se rodaba la tragedia del Titanic. Podemos recordar la célebre versión alemana, dirigida en pleno año de segunda guerra mundial, en el 1943, una película puramente de propaganda, pero lo cierto es que la película de Roy Ward Baker consiguió alzar el tema a los burladores y a la opinión pública.

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En gran medida, La última Noche del Titanic tiene una vena documentalista muy latente. Por ejemplo, no hay un protagonista principal, sino que la obra es totalmente coral, mostrándonos una galería de personajes que seguramente forman parte de la obra de Walter Lord. Además hay una intención por parte de la película por detallar los acontecimientos que llevaron al Titanic al hundimiento, como la secuencia en que se nos explica la mala planificación de los compartimientos o las notificaciones acerca del deshielo que provocaron la oleada de Icebergs.

Por otra parte, La última Noche del Titanic anticipa el cine conocido como de Catástrofes, que sería uno de los subgéneros más exitosos de la década de los setenta, con películas como The Poseidon Adventure (La aventura del Poseidón, 1972) o The Towering Inferno (El coloso en Llamas, 1974), sin embargo nuestra película difiere en algunos aspectos de estas películas tan aparatosas que aparecerían tiempo después. No busca un sentido de la espectacularidad tan extremado, sino que se centra más en la versión general de los hechos. Es más, la película está rodada en Blanco y Negro, lo que en teoría puede parecer contrario a la comercialidad del filme.

Como ya comentaba, la película no sigue a un único protagonista, sino que es el propio Barco y sus habitantes los protagonistas de la película. En la primera parte del film asistimos al jolgorio de las celebraciones y de la gente que embarca en el transatlántico, mientras que la tripulación del barco, confiada de si mismo inicia los preparativos. Sin embargo, rápidamente el metraje cambia de tercio con el avistamiento y finalmente con la colisión contra los Icebergs. Es verdad que el esperado choque llega bastante pronto en la película, con lo que posteriormente la obra se alarga reiteradamente en secuencias que resultan bastante repetitivas, como las que suponen el embarcamiento de mujeres y niños en los botes de salvamento.

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A pesar del tono documentalista de la película, es cierto que Roy Ward Baker introduce una potente tensión en la película, así como un dramatismo coral muy interesante. Sentimos en las carnes la tragedia de los pasajeros, y hay momentos en que la película consigue poner los pelos de punta. Y además, a pesar de saber de antemano que el barco evidentemente se va a hundir, el filme consigue intrigar al espectador con la llegada de un barco norteamericano (el auténtico barco que llegó tarde al rescate, el Carpathia) que ha recibido la orden de auxilio y que se dirige hacía el barco hundido con la intención de salvar a los supervivientes.

Hay que destacar que la película acrecienta a propósito el heroísmo de tripulantes y algunos pasajeros. Uno de los ejes centrales de la película es precisamente la valentía con la que afrontan los tripulantes su destino. Por ejemplo, una de las secuencias más memorables sucede con la orquesta del barco, que sigue tocando a pesar que no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir, detalle argumental que por cierto antecede a la película de James Cameron, dirigida en el 1999. Pero ejemplos como estos son numerosos en la película, pues también lo encontramos en el capitán del barco, que aguanta hasta el final en su barco (no como Schettino), o el encargado del telégrafo.

A pesar de que la película no cuenta con la misma factura que la película de James Cameron, lo cierto es que consigue dotar de veracidad a sus actos. De producción británica (por la Rank Film), es cierto que en algunos momentos de la película se nota que detrás hay maquetas (sobre todo los planos que apuntan al barco) pero en líneas generales el resultado es bastante correcto.

 

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