Colors: Colores de la Guerra (1988)

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Los noventa fueron unos años propicios para las sagas policiales dentro del mundo del cine. Se empezaba a cimentar (pese a que existían precedentes en los años setenta) lo que hoy conocemos como las Buddy Movies, es decir, películas donde normalmente los protagonistas son un par de policías, que se contraponen el uno al otro (Policía blanco y policía negro, bueno y malo, etc.…) para formar un estereotipo más amplio con el que el público pueda encajar. Uno de los éxitos comerciales más importantes de las Buddy Movies fue Lethal Weapon (Arma Letal, 1987) dirigida por Richard Donner y producida por la Warner Bros, que marcaría una línea a seguir dentro del subgénero.

La respuesta por parte de la MGM no se hizo esperar, y tan sólo un año más tarde el mítico director Dennis Hopper, autor de la contracultural Easy Rider (Easy Rider. Buscando mi destino, 1969) presentaba una película con argumento muy similar, titulado Colors (Colors: Colores de Guerra, 1988). Colors es seguramente una película con unas intenciones artísticas más altas que la película de Donner, aunque también es cierto que Hopper no acierta con el montaje y en ocasiones el filme peca de ser demasiado inconexo. Lo que si resulta insólito es la que se contará con Hopper para la dirección, cuando llevaba largo tiempo sin trabajar desde su última película, precisamente The Last Movie (La última película, 1971).

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El guión de la película lo escribió Michael Schiffer, quién se adentró en el mundo de la policía para que su guión tuviera una mayor conexión con la realidad. Y lo cierto es que funciona, porque Colors, a diferencia de otras películas de acción muestra una vena mucho más verista, mostrándonos el día a día de las acciones policiales y sobre todo las actuaciones  violentas de las bandas callejeras. El guión cuida muy correctamente estos detalles, que podemos comprobar en numerosos ejemplos por ejemplo en una jerga dialéctica bastante natural dentro de estos ámbitos suburbanos, así como el tratamiento que aporta la banda sonora, una recopilación de diversos temas de Hip Hop, como la canción Colors de Ice-T, que es el tema principal del filme. De hecho, la banda sonora de la película sería uno de los mayores aciertos, y lo que ha conseguido elevar a la película hoy en día como un film de culto.

La película nos presenta a dos protagonistas habituales dentro de las Buddy Movies, como son dos policías. Sin embargo, esta vez el contraste entre ellos no proviene de su color de piel, como si sucedía en Arma Letal, sino de su experiencia. Sean Penn es un jovencísimo policía, que acaba de entrar en el cuerpo, siendo asignado en las secuencias iniciales al personaje que interpreta Robert Duvall, mucho más veterano (de hecho está a un año de jubilarse). Uno de los ejes principales de la película, mucho más allá del conflicto que sostiene la policía con las bandas callejeras (y el conflicto entre las propias bandas), consiste en la evolución entre los dos personajes. Especialmente el de Penn, que es un joven demasiado atrevido y que quiere comerse el mundo desde el primer minuto en que se sube al coche de policía. El personaje de Duvall tratará de demostrarle que la vida no es como en las películas (valga la paradoja) hasta el final del metraje. Así pues tenemos también un contraste entre policía joven alocado e inexperto y policía veterano y paciente. Existe también una radiografía del mundo suburbano, que la película explora con efectividad. Especialmente importante en el bando chicano, que cuenta además con dos actores que tiene bastante peso en la historia, como son María Conchita Alonso y Trinidad Silva.

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La película nos muestra la lucha a muerte entre dos bandas rivales, debido a un asesinato por parte de una de ellas hacía un miembro rival, que tiene lugar en una secuencia inicial (con violencia explicita). Las dos bandas están regidas por diversos miembros del barrio, y tienen una componente étnica bastante diferenciada. Una de ellas, simbolizada por el color azul, está llena de miembros chicanos, mientras que la rival, vestida de rojo lo está de afroamericanos A lo largo del filme seremos testigos de la guerra abierta que existe entre las dos bandas.

Hay que destacar, que a diferencia de Arma Letal, la película de Hopper está totalmente carente de humor. Algo bastante sintomático si tenemos en cuenta que precisamente el tono cómico está ligado de manera indisoluble al género de las Buddy Movies. Está ausencia está justificada por la voluntad documentalista de la película, que trata de profundizar en el verdadero drama, dejando de lado las concesiones comerciales.

A pesar de todo, Hopper acaba facturando una película demasiado irregular. Hay secuencias sueltas de gran nivel, pero la unión de todas nos muestra un producto al que le falta acabar de concordar todos los ingredientes que tiene encima de la mesa.

 

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