Ciclo John Huston: Dublineses (Los muertos)

descarga

Se acostumbra a decir que The Dead (Dublineses, Los Muertos, 1987) fue el testamento cinematográfico de John Huston. Lo cierto es que el director rodó la película en unas condiciones de salud pésimas, teniendo que utilizar incluso una mascarilla para respirar oxigeno. Pero más allá de estas anécdotas morbosas, lo cierto es que Dublineses es una película tan poética y sensible que incluso resiste pocas comparaciones con cualquier otra película de John Huston, un director que nos tiene acostumbrados a otras poéticas.

También hay que decir que el filme puede coger desprevenido a más de uno. Porque en realidad, Dublineses no habla de nada…Y a la vez habla de todo. Es lo que tiene adaptar a uno de los genios de la literatura del siglo pasado, como es James Joyce. Una de las cosas que más ha señalado la historiografía es que la adaptación de Huston es una perfecta transposición de los valores de la novela pasados al cine. No hace falta recordar las singularidades de la literatura de Joyce, aparentemente tan poco adaptables (como tantos genios de la literatura) como parece a primera vista. Sin embargo se acostumbra a señalar que Dublineses es un gran acierto en este sentido. De todas maneras la película forma una entidad propia, e incluso ofrece algunos diálogos que no estaban en la obra original.

hqdefault

Dublineses no está hecha para un público cualquiera. A pesar de su corta duración (81 minutos) puede resultar cargante y reiterativa. La película nos introduce en el Dublín de inicios del siglo pasado, mostrándonos una serie de personajes de clase alta, que se dirigen a celebrar una cena de navidad, festejando la epifanía. Toda la película, exceptuando el último tramo final, acontecerá en la casa donde se celebra esta cena. Esto sirve a Huston para elaborar un relato lírico sobre la frugalidad vida, con diálogos que ponen de manifiesto temas mundanos, especialmente las ausencias de aquellos que debían haber asistido a la cena, pero que se perdieron (metáforicamente hablando) por el camino.

Y es que el gran tema de la película son las ausencias. El propio Huston estaba relatando su inevitable final, la cuenta pendiente que tenía con la parca. Siempre se acostumbra a citar en este sentido una secuencia que resulta bastante simbólica, como la nieve que cae de fondo sobre Dublín, mientras nuestros protagonistas se encierran en sus casas. También hay que decir que sin el brillantísimo final de la película no entenderíamos lo que Huston plantea.

Porque a lo largo de la película, en la cena, los personajes van desvelando una serie de traumas que no resolvieron nunca, y que los tienen clavados en su alma. Por este motivo, en la secuencia final vemos al personaje de Gretta relatar su amor perdido, muerto a los 19 años, pensamiento que mantenía oculto pero que ha vuelto a revolverle el corazón, al escuchar en la cena una canción que le recordaba a él.

Los muertos 03

La puesta en escena tiene una importancia básica en el film. Gracias a ella Huston refuerza el mensaje de su película. Como apunta Joaquín Calomarde[1] el director recrea las escenas sin recurrir generalmente a los primeros planos, incluso cuando un protagonista está acaparando la atención de la escena. Por ejemplo, cuando uno de los protagonistas toca el piano, Huston no nos muestra una dedicación especial hacía el intérprete, sino que realiza un barrido con la cámara para mostrarnos las caras de los personajes, porque lo que interesa al director es enmarcar las reacciones de los protagonistas ante este estímulo ajeno. Una de las claves de la película son las respuestas de nuestros personajes ante los diálogos y situaciones que provoca esta cena, lo que en muchas ocasiones les hace evocar su propio pasado. Por este motivo Huston no generaliza las respuestas de los personajes, sino que son enmarcados en un conjunto más global.

Por otra parte la fotografía es sencillamente magistral. En el primer tramo de la película podemos ver el empleo de la genial técnica de Fred Murphy, no sólo con la detenida recreación del vestuario, sino en la iluminación de la propia mansión, o en detalles tan sublimes como la caída de la nieva a través de las ventanas. Dublineses es sin duda una película que ofrece más en cuanto más rascamos en su estilizada apariencia. Quedarnos sólo en la capa externa del filme sería un tremendo error. Otro apunte magnífico tiene lugar en la secuencia en la que Gretta recuerda su pasado. En ese momento la película emplea una fotografía pálida, que se refleja en la cara de la intérprete, y que va en perfección con el mensaje melancólico del que habla el personaje.

[1] Joaquín Calomarde, Los objetos penúltimos, Ed. Huerga y Fierro, Madrid 1997,p.p177

This entry was posted in Análisis Fílmico, Ciclo Directores, Cine and tagged , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s