Zombi (Dawn of the Dead, 1978)

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George Romero volvió a la senda que había iniciado con su opera prima, la célebre Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, 1968), con Dawn of the Dead (Zombi, 1978) después de realizar algunas películas de género que en líneas generales habían dejado un regusto amargo.

Y Romero volvió con gran parte de los ingredientes que habían conseguido alzarle. No sólo es evidente que el director retoma el argumento de muertos vivientes (la película se ubica temporalmente poco tiempo después de la acción de su debut, con la plaga zombi ya extendida) sino que también recoge elementos contraculturales. Precisamente, una de las cosas que más se había alabado de La Noche de los muertos vivientes era su fuerza crítica. De hecho, y en contra de lo que podría parecer a priori teniendo en cuenta de que es una película de género y rodada en blanco y negro, la opera prima de Romero fue alabada por cierta crítica, que había visto en el filme una vía subterránea, como era el cine de terror, de la que se había servido Romero para elevar una voz de protesta. Tengamos en cuenta que incluso el protagonista principal de la película era ni más ni menos que un afroamericano, que llegaba a enfrentarse contra un personaje de raza blanca que había perdido la razón, cuando no se había iniciado ni la década de los setenta.

Y precisamente estos valores contraculturales pueden observarse también en la segunda parte de la trilogía Zombi. En Zombi, el argumento nos presenta a cuatro protagonistas (tres hombres, uno de ellos otra vez afroamericano, y una mujer embarazada) que deciden encerrarse en un centro comercial con tal de sobrevivir a la invasión  zombi. Romero utilizará esta excusa para de tanto en tanto añadir algunas de sus puyas políticas. Por ejemplo, uno de los protagonistas pregunta su compañero porque los Zombis rondan continuamente el centro comercial, a lo que el otro responde: “Son actos inconscientes, recuerdos de su antigua vida”. Romero hace hincapié en el capitalismo feroz, en la idea del zombie vivo, que no deja de ser el ser humano lobotomizado por las ansías de consumir. Que mejor manera que representar esta metáfora que en el lugar por excelencia del capitalismo, como es un centro comercial. Además de estos diálogos explícitos, el director amplía el mensaje con la inclusión de diversos planos que nos muestran a los zombis moverse por el centro comercial a sus anchas, como si aún estuvieran vivos y deseosos de gastar su última paga.

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Por si fuera poco, la película también nos presenta aquella máxima Hobbesiana del hombre es un lobo para el hombre. Una vez nuestros protagonistas han conseguido hacerse con un refugio en el centro, aniquilando a todos los caminantes posibles, se encuentran con una amenaza aún mayor, como es la de una serie de asaltadores que atacan a nuestros protagonistas, a pesar de que ellos si comparten su condición humana.

Dicho esto, la película aparte de la crítica social ofrece poco a los espectadores de hoy en día, que ya habrán visto multitud de películas sobre el subgénero. En su época si resultó interesante, porque Romero siguió ampliando la iconografía sobre el mito que él mismo había creado en su primera película. De todas maneras sólo hay que echar un vistazo a los zombies, maquillados con una fina capa de color verde, para darse cuenta de que el tiempo no ha pasado en balde sobe Zombi. La pátina del tiempo se ha cebado sobre la película, ampliando los defectos principales, que deja como resultado una película que a diferencia de otras compañeras de género, mucho más anteriores, causa un cierto sonrojo. Para muestra las millares de escenas que tratan de sorprender al espectador con una estética morbosa y que raya sobremanera el gore, y que no tiene ningún interés más allá de provocar náuseas al espectador con dosis de violencia gratuita.

El guión de la película sigue prestando atención a las relaciones entre los personajes. Cada uno de ellos aporta un estereotipo diferente, que se verá afectado por las terribles situaciones a las que se habrán de enfrentar. Romero sigue dando una gran importancia a su único protagonista afroamericano, interpretado por Ken Foree, que es el único que junto a la protagonista femenina, interpretada por Gaylen Ross, es capaz de sobrevivir. Más que las secuencias de acción, lo que realmente sobresale en la trama de Zombi son estas secuencias en las que vemos evolucionar a nuestros protagonistas ante la hecatombe mundial. De hecho, una de las mejores secuencias del filme viene precisamente en una secuencia de carácter ciertamente intimista, cuando nuestro protagonista interpretado por Ken Foree se despide de su compañero de armas, interpretado por Scott H. Reiniger, a quien un zombi  le ha pasado la infección al morderle.

 

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