Locke (2013)

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Sin duda es Locke (Locke, 2013) una extraña apuesta cinematográfica. Algunos críticos la han comparado con la también reciente Buried (Enterrado, 2010) del director español Rodrigo Cortés, aunque en realidad difieren en esencia. Mientras que Buried era un thriller de cabo a rabo (el director admitió como influencia al mismísimo Hitchock) Locke es un drama que utiliza sus singularidades (como en la película de Cortés, todo el metraje transcurre en un mismo espacio, en este caso en un coche) para abrirse un hueco dentro del panorama.

Es cierto, que desgraciadamente, viendo las cualidades de Locke, tan alejadas del cine comercial de hoy en día (sólo hace falta comparar el minimalismo de la película de Stpehen Knight con la artificialidad de la saga Transformers de Michael Bay, también de boga hoy en día), es difícil que pueda hacerse un aceptable hueco en la cartelera. La película apuesta por el minimalismo cinematográfico en todos sus aspectos, tanto de puesta en escena, como sobre todo argumentalmente hablando. Locke nos introduce en el papel de un padre de familia, interpretado por Tom Hardy (el único personaje de carne y hueso que vemos en la pantalla) y del cual seguiremos durante todo el metraje en su particular aventura.

El argumento es pues, bastante simple. Tom Hardy interpreta el papel de un padre con un hogar estable, y con un buen trabajo como arquitecto. Sin embargo, en el día más importante de su carrera profesional, donde tiene que aparecer físicamente para llevar a cabo la construcción de las bases de un enorme edificio, se pone de parto una antigua amante con la que infortunadamente tuvo un hijo. Locke sigue el desequilibrio de este personaje, que ve como en un solo día puede acabar perdiéndolo todo, su familia y su trabajo.

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Al igual que en Buried, la película no sale de su entorno de acción, en este caso el coche que conduce nuestro protagonista, el cual se dirige a la clínica donde va a tener luz su futuro hijo. Los diversos conflictos que le deparan a nuestro protagonista se establecen mediante el contacto de llamadas telefónicas, que sirven de enlace entre los ejes de la trama y el desarrollo de la película. Es decir, a medida que nuestro protagonista tiene conversas vía teléfono con los demás protagonistas, la trama irá avanzando.

Familia y trabajo. Cuatro son los ejes argumentales que desarrolla la película alrededor de los ochenta minutos de duración. Quizá el más impactante es el que mantiene nuestro protagonista con los fantasmas de su pasado. Tom Hardy interpreta a un personaje bastardo, pues su padre se negó a darle su apellido y asistir a su nacimiento. Por este motivo nuestro protagonista también se siente movido a aceptar el hijo de una mujer que no es la suya, para tratar de enmendar el error que cometió su padre con él. En este caso no hay llamadas telefónicas (su padre, por lo que vemos en el film, ya hace tiempo que está muerto) sino que el propio personaje realiza una especie de diálogo ficticio con su padre, con tal de retraerle de su actitud.

El otro eje de la película es la familia, tanto la realmente suya como la nueva. Hardy confiesa su desliz matrimonial con su mujer, y durante la película vemos las diferentes conversaciones que mantiene con ella, con tal de mantener la familia unida (también está su hijo de por medio). Podríamos incluir como familia la madre primeriza que también conversa con nuestro protagonista, y que está a punto de dar a luz.

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El trabajo es otro de los temas de la película, pues como ya comentaba, nuestro protagonista tenía precisamente ese mismo día que hacerse encargo de una importante tarea. A pesar de ser despedido, Tom Hardy tratará de que su último trabajo vaya lo mejor posible, llamando a un compañero de trabajo suyo para guiarle con algunas instrucciones.

En definitiva Locke es una película curiosa, pero que realmente queda lejos de convertirse en una obra redonda. Seguramente sus singularidades son las que más acaparan el protagonismo, lo que no habla muy bien de una trama que necesita toda la simpatía del espectador para poder ganárselo. Una vez la película ha destapado sus cartas, uno debe hacer un esfuerzo por aceptar la proposición de la película. Y el desarrollo no pone de su parte, porque en ciertos momentos la película acaba cayendo en algunos lugares bastante llanos y predecibles. También es cierto que Tom Hardy mantiene perfectamente el envite de llevar él sólo el peso de todo el reparto, y su papel como padre redimido resulta creíble durante toda la película.

El problema, como también le sucedía a Buried, es que este tipo de películas dan la sensación de ser más una especie de juego o incluso un reto para el director, que no una obra artística en sí misma.

 

 

 

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