A Quemarropa (1967)

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Point Blank (A Quemarropa, 1967) es una extraña película de cine noir, dirigida por John Boorman. El mítico actor Lee Marvin interpreta al personaje principal, apodado Walker, uno de los tipos más duros que ha dado la historia de Hollywood (como viene siendo habitual en su tónica interpretativa). En realidad, el argumento de A Quemarropa no es demasiado complejo, pero Boorman completa la película con estructuras que hacen adelantar y atrasar la película en múltiples ocasiones (e incluso añadiendo alucinaciones en diversos momentos), lo que altera la línea temporal de la película y por ende, su comprensión. Y Boorman es consciente de que su obra es ciertamente confusa en muchos momentos del metraje. Los finales de los años sesenta eran años de experimentación cinematográfica dentro de la industria norteamericana, y en este sentido A Quemarropa es un filme de su época.

Experimentación que puede notarse en el filme. Tanto por la comentada narrativa, como por notas discordantes que añade Boorman en diversos momentos. Sonido y fotografía son los ejemplos más notables en este aspecto. Desde la secuencia en la que Lee Marvin camina por un pasillo y escuchamos los ruidos de sus zapatos reiteradamente (colándose en las siguientes imágenes) hasta la variada fotografía que firma Phillip Lathrop.

 La obra adapta, mediante tres guionistas, Alexander Jacobs, David Newhouse y Rafe Newhouse, la novela de Donald Westlake y se inspira en el cine negro clásico para formar una mixtura  con el cine moderno, cine de mezcolanzas que es el resultado de la esencia final del filme.

Un buen ejemplo es el inicio del filme. Boorman nos muestra a nuestro protagonista, Lee Marvin, en la prisión. Ahí aparecerán los primeros flashbacks que nos muestran el pasado del protagonista y de cómo este llegó a la situación de reclusión en la que se encuentra. Ya en estos primeros compases es difícil para el espectador hacerse una idea de lo que realmente está sucediendo y esta será la tónica habitual durante el resto de la obra, avanzado y retrocediendo siempre a trompicones.

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A Quemarropa anticipa en gran medida los filmes de gánsteres de los años setenta, así como la violencia que estaba a punto de desembarcar en Hollywood. Podemos ver sin duda relaciones entre la película de Boorman y las obras de Scorsese, guionizadas en múltiples ocasiones por Paul Schrader. Para muestra tenemos las múltiples secuencias en las que Lee Marvin atemoriza, extorsiona y aniquila a todos sus rivales (los de la Organización, como a si aparecen definidos en el filme). También es cierto que a pesar de que Boorman intenta dotar de cierta profundidad al personaje, con escenas en las que lo vemos desvelar sus demonios internos ante protagonistas femeninas (al más puro estilo Playboy), no encontramos la misma profundidad psicológica en el personaje de Lee Marvin que en otros personajes cinematográficos coetáneo suyos.

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Lee Marvin interpreta a un tipo duro hasta la médula. Le han robado 93 mil dólares y al salir de la prisión necesita cobrarlos sí o sí. El desarrollo de la película consiste en observar a nuestro personaje eliminar progresivamente a todos los rivales que se oponen al cobro de la deuda de Lee Marvin.Poca historia si no fuera por la excéntrica narrativa de Boorman, que constantemente bombardea su obra con  flashbacks que nos muestran dudar a nuestro protagonista, con su inquieto pasado. Mark T.Conrad ha escrito concisamente[1] que el estilo visual de la película mezcla el realismo con la abstracción, en una ambivalencia que se palpa en muchas de las secuencias del filme. Buen ejemplo de ello son las secuencias en las que Marvin se deshace de sus enemigos. Son siempre estos momentos los que parecen añadir una tónica surreal al filme, como lo es el momento que tiene lugar en la discoteca, una preciosa secuencia, medida hasta la saciedad, y que tiene un gran componente de psicodélico en sí.

A Quemarropa es un filme de venganza. No una obra clásica en este sentido, pero a pesar de sus extravagancias narrativas, la película no deja una ostensible marca en el espectador, que se pierde confuso en muchas de sus secuencias. Se aprecian las escenas de acción, que en gran manera parecen predecir el cine de Tarantino y compañía, pero la trama es demasiado pretenciosa para lo que realmente hay detrás. Lee Marvin realiza una correcta interpretación, pero su personaje parece encorsetado en unos tópicos de tío duro, de los que no consigue escapar en ningún momento.

 

[1] Mark T. Conrad, The Pilosophy of Neo-Noir, Ed. University of Kentucky, Kentucky 2007

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