Rock and Roll Highschool (1979)

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Sin demasiado sentido, es cómo podríamos calificar la película producida por la compañía de Roger Corman, Rock and Roll High School (Rock and Roll Highschool, 1979) y dirigida por Allan Arkush, realizador mediocre sin ningún título destacado en su haber y que con este filme sigue en la misma tónica que en toda su trayectoria. Por cierto, metido como colaborador en la historia está ni más ni menos que un joven Joe Dante.

La película es un vehículo explotaition para el grupo musical de Punk los Ramones, quienes además aparecen físicamente en muchos minutos del metraje (especialmente en la segunda parte del filme). La película es pues un juguete que tiene mucho que ver con las célebres películas de los Beatles dirigidas por Richard Lester. En ambos casos nos encontramos con filmes que en realidad sirven para acercar la banda de música a su fan, que por otra parte quedan retratados de manera estereotipada (sólo hay que ver el personaje que interpreta P.J Soles, una groupie total del grupo, que se pelea por encontrar las primeras filas del concierto) en el filme. Película hecha definitivamente para un tipo de público muy concreto, y poco apta para quien no sea amante de la música del grupo.

Pero mientras el humor de Richard Lester resultaba fresco y original, en Rock and Roll Highschool, cualquier atisbo de comedia queda oculto bajo el peso de la más grande ranciedad. La película se adentra argumentalmente en el territorio de las comedias ambientadas en institutos (recurso fácil para conectar con el público más exponencial de los Ramones), tan de moda en aquellos años ochenta (sólo tenemos que recordar el cine de Howard Hughes)  para mostrarnos una película fácil y sin muchos sobresaltos. Mary Wonorov interpreta el papel de nueva directora del instituto, que como viene siendo lógico, hace el papel de férrea tirana, totalmente opuesta  a la música Rock. Su misión será desbaratar los planes de diversión de sus alumnos, aunque nunca lo conseguirá.

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Rock and Roll Highschool sigue el humor absurdo de Richard Lester (para ejemplo tenemos los momentos con los ratones de laboratorio, o la especie de citas que organiza uno de los personajes en el servicio) pero nunca consigue las mismas cotas ácidas y sarcásticas. Todo al contrario, en muchos momentos del metraje, lo que realmente da la sensación es que la película filtra el cine de Lester con una vulgarización extrema. Los gags resultan infantiles y poco aportan a la comicidad de la película, que aburrirá de manera extrema a cualquiera que no sea un auténtico fan acérrimo de la banda del grupo. En definitiva, lo que propone la película es una idiotización del mensaje de películas como la de A Hard Day’s Night (¡Que noche la de aquel día, 1964). La confrontación básica se establece entre la juventud, encarnada entre los diversos intérpretes jóvenes, Van Patten, P.J Soles y la madurez que propone Wonorov. El mensaje de rebeldía se confunde con el de absurdidad, y la película se hunde en el propio caos que ella misma propone. La frase de Un rebelde sin causa no es un rebelde sino un gilipollas queda perfecta en alusión a la obra.

En el fondo no deja de ser la propia idiosincrasia de las letras de los Ramones, escenificada en la pantalla. Chistes fáciles que aluden al sexo adolescente, personajes femeninos que tratan de enseñar la mayor carne posible al espectador, gags surrealistas que carecen de fuerza y hormonas con patas paseando entre los pasillos del instituto. Sí a eso le añadimos el escaso inconformismo de un grupo que supuestamente se hacía llamar Punk, nos queda como resultado una película que apenas contiene un mensaje de inconformismo.

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Por si fuera poco, la película no tiene ningún tipo de reparo en introducir diversas stagies musicales del grupo, que a pesar de que son habituales en este tipo de cine musical (de odas a los grupos) en Rock and Roll High School abundan en exceso. De hecho, la película encadena un concierto de los Ramones que altera totalmente lo que el espectador estaba viendo hasta entonces. Porque es cierto que hasta la mitad del metraje la película no gozaba de mucho interés, pero después del concierto aún se vuelve más idiota. Los números musicales acaparan demasiado protagonismo, haciendo perder cualquier lógica, ya de por si dañada, a la trama, que se convierte en un encadenamiento de canciones de los Ramones en el último tramo de la película.

 

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