El Bosque del Lobo (1970)

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El Cine se ha interesado en un par de ocasiones por la figura histórica de Manuel Blanco Romasanta, seguramente el sacamantecas y psicópata más tristemente célebre de la historia de España. Sus actividades criminales han tenido eco en el cine, quizá la más importante de las producciones fue El Bosque del Lobo (El Bosque del Lobo, 1970), dirigida por Pedro Olea. Más reciente está la obra que realizó Paco Plaza, Romasanta, La caza de la bestia (Romasanta, la caza de la bestia, 2004), producida por Filmax, una película que apostaba más por el Thriller y los efectos especiales, y que no profundizaba en el personaje de Romasanta.

El Bosque del Lobo tiene especialmente una gran baza-más allá de la interpretación principal de José Luis López Vázquez quien encarna al psicópata- en el espectacular cuidado que realizó el director Pedro Olea para tratar la factura del filme. Los Diversos raccords (vestuario, histórico etc…) de la película ofrecen un excelente panorama que incluso se eleva por encima del desarrollo, que no está a la altura de los demás aspectos.

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Es cierto que el Bosque del Lobo, a diferencia de la reciente película de Paco Plaza, sí analiza la psicología de nuestro protagonista. Los Flashbacks que nos muestran la infancia del personaje son una buena muestra, pues tratan de apuntalar los diversos traumas que ha sufrido Romasanta, para explicar su conducta criminal (su aversión al sexo y su salud quebradiza).  La actitud interpretativa de López Vázquez ayuda a crear un personaje mentalmente inestable y frágil, al que vemos dudar a lo largo de todo el metraje. Pedro Olea nos deja grandes detalles que ayudan a esta reconstrucción del personaje, ciertamente libre (el personaje principal se llama Benito Freire, aunque es evidente que la película hace referencia al personaje de Romasanta, tanto por su trabajo como buhonero como por su relación con los licántropos) como su relación con los demás personajes de la película, o sus accesos de locura en los que incluso cree convertirse en hombre lobo.

Desgraciadamente, el desarrollo no es el envoltorio perfecto para el personaje. Resulta extraño que López Vázquez aceptara el papel para interpretar el papel de dicho psicópata, más cuando Pedro Olea era un director sin grandes películas en su espalda, pero lo cierto es que la película dio una gran fama al actor[1]. Por cierto, uno de sus mayores temores fue el saber controlarse y contenerse ante un personaje que en ocasiones parece tímido pero que en realidad lleva un psicópata dentro.

Y es que aparte de los encuentros en los que Romasanta saca su rabia, lo que nos queda es un espectáculo demasiado anodino, del que sólo interesa lo que vemos detrás o como añadido. Observamos deambular a nuestro protagonista por diferentes pueblos, pero poco más aporta la película en este campo. Mala decisión también es la elección de la banda sonora, que trata de atenuar los momentos dramáticos, pero que lo único que consigue es exasperar al espectador por su reiteración.

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La ambientación de la Galicia donde transcurre la acción es sin duda uno de los factores más positivos de la película. Esa Galicia mágica y rural queda perfectamente retratada en la película. Pedro Olea consigue trasladarnos hasta la España de dos siglos, con una atmósfera que desvela muy pocos errores, con una población que muestra sus tradiciones a la luz de la cámara, como si Galicia hubiera quedado congelada para la cámara de Pedro Olea. También hay que destacar el interesante transfondo social que hay en El Bosque del Lobo. Nuestro protagonista tiene que sobrevivir trapicheando como puede y la película retrata perfectamente su caída social y el odio que acaba inspirando a sus vecinos, que son finalmente sus verdugos. La Galicia autoritaria del siglo pasado, con sus señores y una nobleza caduca tiene un importante peso en el filme, que podemos comprobar a través de los diversos contactos que establece nuestro protagonista, como cuando actúa de celestino.

Cada segundo del filme puede respirarse. La película ayuda a envolver al espectador en una magnifica atmósfera, En definitiva la película de Pedro Olea es una obra recomendable pero que en ocasiones muestra una línea argumental demasiado irregular. Se ven destellos de genio como su cuidada ambientación pero como conjunto no acaba de cuajar.

[1] Como recoge Lluis Lloret en : ¿Para qué te cuento? Biografía autorizada de José Luis López Vázquez, Ed. Foca Ediciones, Madrid 2010

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