Weekend (1967)

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Weekend (Weekend, 1967) es una obra que pertenece a la etapa de Godard como cineasta-ensayista. Insostenible para muchos, una obra maestra para otros, lo que queda claro es que es una obra a todas luces controvertida.

Weekend a priori parece que no cuenta nada (tremendo error sería afirmar que no lo hace). El filme utiliza unas estructuras parecidas a otros filmes coetáneos del director francés de aquella misma época, como pudiera ser La Chinoise (La Chinoise, 1967), película con la que por cierto comparte unas mismas ideologías. En ambas ocasiones Godard no se dedica a registrar una historia, sino que lo que le interesa es mostrar un retablo artístico que sirva como plataforma para expresar sus ideas, para que luego sea el espectador el que decida o no asimilarlas. Hay cierto momento en Weekend que recuerda ostensiblemente a otro film de la etapa discursiva de Godard, como es One Plus One (Sympathy For the Devil, 1968) y que nos sirve perfectamente para ejemplarizar el porqué esta etapa del Godard cineasta recibe este nombre.

Weekend Bodies

En ambas películas vemos una larga secuencia en la que un protagonista, que sirve como el alter ego del director francés, se dedica a realizar un discurso político con la intención de convencer al espectador. Godard, que por aquellos años había empezado a discrepar políticamente de sus antiguos compañeros de la Nouvelle Vague, estaba abrazando públicamente las ideas maoístas, y por eso imbuye a sus películas estas ideas que estaban también en el aire europeo del momento. Estas singularidades pueden molestar a más de uno (no hablemos ya si el espectador mantiene una postura política opuesta a la del realizador), y no hay porque ocultar que Godard condiciona totalmente con este tono la factura del filme.Weekend no es una película al uso, de verse y tirar.

Montada a partir de diversos fundidos en negro, con intertitulos de los que sinceramente sólo Godard sabe que significan, Weekend nos muestra un gran batiburrillo de ideas, algunas brillantes y otras mediocres. El nexo de unión, totalmente mínimo, es el seguimiento de una pareja de burgueses, interpretados por Mireille Darc y Jean Yanne, a los que la cámara de Godard seguirá en sus andanzas, aunque sin mucho interés realmente, pues apenas son un simple pretexto.

La primera secuencia ya es una buena muestra de los intereses que refleja el filme en todo el metraje. En ella vemos a una pareja de burgueses contar sus intimidades. La conversación que mantienen va subiendo de tono y ahí Godard pretende escandalizar al público, y más en concreto a la burguesía a la que está criticando, con la polémica diatriba. Pero además del contenido, esta secuencia nos muestra las intenciones formales del filme, donde Weekend trata de dinamitar todas las convenciones fílmicas habituales. El sonido de esta secuencia sube de manera ostensible cada vez que la intérprete femenina hace una revelación y casi que no llegamos a escuchar lo que está relatando. El espectador tiene que prestar toda la atención posible, y aún así a veces resulta difícil seguir la conversación. Cualquiera que haya seguido con interés la carrera del director sabrá que precisamente uno de sus mayores temas formales es el tratamiento del sonoro, siempre de una manera poco convencional, buscando nuevas posibilidades artísticas.

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Aparte de eso, también resultan sorprendentes algunas cosas, como uno de los Travellings más largos en la carrera de Godard (el propio director, recogiendo una frase que ya había pronunciado antes Jacques Rivette, miembro de Cahiers, dijo que el Travelling era una cuestión de moral) y aparentemente sin sentido, pues el director recoge simplemente un atasco. A pesar de que esta secuencia puede resultar harto tediosa para el espectador, lo cierto es que nos sirve perfectamente para retratar la absurdez del mundo contemporáneo (observamos mediante el travelling las diversas reacciones que mantienen los implicados en el atasco) para encima darnos cuenta finalmente de que el motivo del atasco se debe a un sangriento accidente. La secuencia parece “gozar” de una cierta pátina nihilista.

Weekend destila un tono apocalíptico en muchos momentos de su metraje. Parece querernos decir el director en muchos de los momentos, especialmente cuando somos testigos de las víctimas que abundan en las carreteras (el director hace referencia a los domingueros, los burgueses que salen en fin de semana para tomarse unas pequeñas vacaciones) que este mundo que aparece representado está totalmente derrumbado y que su caída definitiva es cuestión de tiempo.

En definitiva, Weekend es una película ciertamente especial. Mala para iniciarse con el cineasta francés, la obra se encuadra claramente en una etapa en la que el director pretendía realizar una cine muy diferente al de sus inicios, y que para bien o para mal, nos dejó una innegable cantidad de imágenes que harán sacudir la conciencia del espectador.

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