Hombre mirando al sudeste (1986)

Hombre_mirando_al_sudeste-539575931-large 

 

Hombre mirando al sudeste (1986) fue la versión original que realizó el director argentino Eliseo Subiela en la década de los ochenta, y que posteriormente fue adaptada en Hollwyood por el director Ian Softley, titulada K-Pax (K-Pax. Un universo aparte, 2001) y con la pareja interpretativa de Kevin Spacey y Jeff Bridges. Sin embargo y como viene siendo habitual, la original supera la copia. Es cierto que la factura norteamericana destaca, especialmente porque hay mucho más presupuesto detrás, pero en realidad su atmósfera fría y aséptica dejaba bastante que desear.

En cambio, Subiela dota a la película de una mayor personalidad. La fotografía corre a cargo de Ricardo de Angelis y es necesario decir que realiza un magnífico trabajo. Gran parte de la película, por no decir casi su totalidad transcurre precisamente en un manicomio. A diferencia de K-Pax, donde el lugar de acción parecía casi una institución modélica (por lo menos en cuanto a su imagen), la propuesta de Hombre mirando al sudeste es totalmente opuesta. La fotografía de Ricardo de Angelis hace hincapié en recrear una ambientación deprimente, estéticamente decadente, donde la ilusión de los pacientes parece desvanecerse entre tan patéticos muros. Lo que en teoría parece un aspecto técnico que va en contra del filme, acaba convirtiéndose en un aspecto por lo menos interesante.

hqdefault

Lorenzo Quinteros interpreta el rol de psiquiatra protagonista. De hecho, el será el narrador de la película, pues Subiela utiliza la voz en off del protagonista para contar la historia que parece ya concluida en sus palabras. Su trabajo le deprime por monotonía y porque su vida profesional es una pura rutina. Hasta que un buen día se le presenta a la consulta el personaje que interpreta Hugo Soto, quien asegura provenir de otro universo. ¿Será eso cierto? Seremos testigos de la evolución de la película, en la que el personaje de Quinteros recupera la ilusión ante la expectación que representa un personaje a todas luces fascinante. Uno de los debates del film será conocer la autenticidad de la naturaleza detrás del supuesto extraterrestre. El escepticismo o la realidad, entre estas dos opciones se balancea la película, aunque también es cierto que a diferencia de la versión americana, K-Pax, parece que Hombre que mira al sudeste si apuesta por la parte más fantasiosa del argumento (¿En cierto momento somos testigos de la demostración de sus poderes telequinéticos?).

Pero más allá de estos debates, la importancia del hombre mirando al sudeste radica en la contraposición entre el personaje de Hugo Soto y la vida práctica pero anodina del personaje de Quinteros. Nuestro Alien es un ser extraordinario, que parece tener unas dotes excepcionales, pero que sin embargo se mantiene aislado en su propia dimensión. Su análisis sobre la sociedad humana, en diálogos que mantiene  con su psiquiatra, no sólo se pueden entender en referencia sobre el personaje  que interpreta Quinteros, sino que parecen hacer alusión  a un aspecto más amplio como la sociedad humana, y por ende el espectador, que se siente aludido ante el discurso de nuestro ser inhumano.

La soledad de Quinteros, la singularidad de nuestro ser excepcional, la deprimente ambientación del manicomio…Hombre mirando al sudeste es una película realmente singular. Muy diferente al resto de la carrera del propio Subiela.

images

Sin duda hay una escena de calidad excepcional en el Hombre mirando al sudeste.  Durante gran parte del metraje hemos asistido a las calidades frías de nuestro protagonista extraterrestre, quien asegura no tener sentimientos. Sin embargo, nuestro psiquiatra le lleva a un concierto de música clásica. En ese momento, la orquestra toca la maravillosa pieza de Beethoveen, la novena sinfonía. Y entonces sucede el milagro, porque lo que en un principio parecía un imposible, que nuestro protagonista despertara emocionalmente, sucede finalmente. Y por si fuera poco, consigue arrastrar consigo a toda la multitud, que le sigue en su baile. Con un montaje en paralelo somos testigos también de la rebelión en el manicomio, cuando todos los pacientes se levantan al son de la música para elevar su canto de liberación. Precisamente esta secuencia se relaciona con el mensaje antes comentado, en el que nuestro “alien” se compadecía de la raza humana por no corregir sus errores y vivir frustrados. Una escena que representa una total oda a la alegría.

Por último hay que destacar la magnífica banda sonora que compone Pedro Aznar. Su inquietante tema principal, que funciona como leimotiv del filme, consigue imprimir aún más si cabe una pátina de siniestro a la película.

This entry was posted in Análisis Fílmico, Cine and tagged , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s