Rounders (1998)

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Antes de profundizar más sobre Rounders (Rounders, 1998) es necesario comentar una de las secuencias que tiene lugar aproximadamente sobre el mitad del filme, porque nos explicará bastante el mensaje que propone el filme de John Dahl.

En dicha secuencia vemos a nuestro protagonista Matt Damon, dudar ante la posición en la que se encuentra respecto a su vida y comentarle sus problemas personales a su jefe del bufete de abogados donde trabaja. Él es un jugador empedernido, que apuesta grandes cantidades de dinero en el Póker. Sin embargo, esta relación con el juego le está provocando desafecciones con su propia novia e incluso el trabajo. Lo lógico sería esperar una resolución que nos invitara a pensar que nuestro protagonista ha de reconducir su vida, pero lo que finalmente acontece es que nuestro protagonista sigue en su senda de autodestrucción, patrocinado por su jefe. Un mensaje poco entendible si tenemos en cuenta que el juego ha arruinado a más de uno.

Por lo demás, Rounders es una película arquetípica y académica. La obra se nos abre con la voz en off de nuestro protagonista, que acompañará durante largos momentos el filme (un auténtico discurso que no se despega del espectador). Esto se hace por dos motivos, el primero para ayudar a la narrativa de la película, y la segunda para describir el modo de vida de nuestro personaje. Incluidas algunas frases que ayudan a entender el propio juego del Póker para los más ignorantes en este aspecto. El eje del filme es prototípico, se nos presenta un dotado jugador que sin embargo pierde una partida sufriendo un gran golpe. A partir de ahí, lo que veremos será su resurrección a través de múltiples escenas de partidas en las que tratará de volver a alzarse con el dinero. Auge y caída, historia mil veces vista en Hollywood.

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Simpleza en personajes y argumento. La película no se adentra en la psique de sus personajes, que parecen moverse por la suerte, de igual manera que lo hacen las cartas que reciben. Nunca hay demasiadas complicaciones y la película recurre a un tono bastante simplón, incluso en exceso. Por ejemplo, en la secuencia que tiene lugar en el juicio, el director subraya de una manera caricaturesca que nuestro protagonista no se ha enterado de lo que tiene entre manos, para que el espectador entienda que el Póker está afectándolo. De igual manera sucede en otras escenas. Una tónica general de simplificación que viene siendo habitual en este tipo de cine Hollywoodiense.

Resulta también bastante académico el tratamiento de los personajes. Por un lado tenemos a Matt Damon, que interpreta a nuestro protagonista principal. La película trata de colocarlo como un bonachón al que la vida le ha puesto contra las cuerdas. Evidentemente, se cree que tiene una estrella especial para jugar al póker, aunque siempre de la manera más legal posible (así lo subrayará la película durante gran parte del metraje, en parte para diferenciarlo del personaje de Norton). Por otro lado tenemos al personaje que interpreta Edward Norton, un pillo que no duda en recurrir a las trampas para conseguir el máximo botín. Amigo de Damon a pesar de que le mete continuamente en líos. Sin embargo, la película no cierra excesivamente su historia, dejándolo colgado en medio de la nada.

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Por otro lado, no deja de ser cuanto menos curioso que estos personajes tengan tanto parecido con otros a los que estos actores han encarnado. El personaje de liante marrullero, que se apoya en su carisma y que interpreta Norton ya lo habíamos visto con anterioridad en muchos otros filmes en el cine norteamericano. De igual manera le sucede al buenazo de Damon, que se arrastra por la pantalla con su sonrisa de pícaro. Otra historia sería hablar de Malkovich, tópico andante donde los hayan.

Rounders no ofrece nada demasiado excitante fuera más allá de su limitada visión del juego. Algunas partidas tienen cierta emoción, pero tampoco Dahl pone en este sentido demasiado de su parte, porque todas las secuencias parecen estar planificadas de la misma manera, con cámaras a ras de mesa que graban las cartas que reciben los personajes y primeros planos de los “primos” para que veamos su reacción.

Si por algo destaca Rounders es por un montaje desenfrenado que hará las delicias de aquel que busque un simple entretenimiento. Ya de por sí el propio juego resulta interesante, aún más si se nos lo presenta de manera cinematográfica. Un grato entretenimiento que sin embargo no pasará a la historia del cine.

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