París nos pertenece (1960)

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Curioso caso el del cineasta Jacques Rivette, artista que podemos encuadrar dentro del movimiento conocido como la Nouvelle Vague. A pesar de ser uno de los primeros directores que realizó un film claramente relacionado con el movimiento, su nombre no está a la altura de sus otros compañeros, como pudieran ser Jean-Luc Godard o François Truffaut. Junto A ellos, y otros más (Chabrol o Rohmer) todos colaboraron en la revista de cine francesa, Cahiers du Cinema.

Paris, Nous appartient (París, nos pertenece, 1960) fue su primer largometraje, a pesar de que ya se había adelantado a otros compañeros con el cortometraje Aux Cuatre Coins en el 1949. Y este film es paradigmático, porque ya nos anticipa muchas de las características del director francés. La película se rodó con anterioridad a su estreno en el 1960, pero por problemas de producción no pudo ser terminada (en el 1958 ya se había iniciado su realización). Rivette necesitó la colaboración de compañeros de Cahiers (François Truffaut y Claude Chabrol) para poder finalizar la película. A diferencia de los dos grandes filmes emblemas de la Nouvelle Vague, À bout de soufflé (Al final de la escapada, 1960) y Les 400 Coups (Los 400 golpes, 1959) que tuvieron un éxito aceptable (especialmente en el ámbito de las grandes ciudades, sobre todo París) París nos pertenece no tuvo un éxito parecido, sino que fue un fracaso estrepitoso, y esto perjudicó terriblemente la carrera de Rivette, quien a partir de entonces tuvo siempre problemas por sacar adelante sus películas. El guión está coescrito entre el propio director, Jacques Rivette y Jean Gruault, este último uno de los guionistas más famosos de la Nouvelle Vague.

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Con fotografía en B/N, como muchos otros filmes de la Nouvelle Vague (el gobierno patrocinó este movimiento en parte porque las películas de la nueva ola salían mucho más económicas que los filmes de auteur precedentes), bajo la supervisión del técnico Charles. L. Bitsch. Como muchas otras películas de los miembros de Cahiers, la película utiliza sus escenarios naturales para configurar una perfecta oda a París. El propio título ya lo indica de hecho, pero no está de más afirmar que Rivette compone mediante grandes secuencias un auténtico retablo de la gran capital francesa, visitando con la cámara sus lugares más emblemáticos.

La película, como ya comentaba, trata dos de las temáticas indispensables de la cinematografía de Rivette: El teatro y la conspiración.

En cuanto al teatro, no sólo nos referimos en su concepción visual, sino que como en otras de sus películas, tiene una aparición física. Nuestra protagonista, interpretada por Betty Schneider, es una estudiante que se apunta a un conjunto teatral en el que se representa la obra de Pericles de Shakespeare. Así pues, el teatro aparece en filme con una gran importancia.

El otro gran tema del filme es la conspiración. Todo comienza cuando nuestra protagonista descubre el suicidio del compañero de un amigo, llamado Juan. Era músico, y lo que nuestra protagonista busca es una cinta que teóricamente compuso para la compañía de teatro en la que trabaja. Sin embargo, a medida que avanza la película nos iremos dando cuenta de que extrañas circunstancias que rodearon su muerte son realmente sospechosas.

Paris nous appartient.

París nos pertenece es puro Rivette. Por este mismo motivo es una película que puede desesperar a más de uno. En realidad, la sensación que trata de crear el cineasta al espectador es de pura desesperación, mediante un argumento que en muchos momentos parece no avanzar en ninguna dirección, porque nuestra protagonista avanza y retrocede en sus diversas investigaciones.

Pero por si fuera poco, muchos de los diálogos parecen viajar en una extraña nebulosa que no aclara muchas de las circunstancias que se presentan en el filme. En este sentido, la película parece seguir el camino que en literatura sigue Rayuela u en el propio cine, Buñuel con su Ángel Exterminador. Los personajes parecen moverse en unas coordenadas existencialistas. Rivette radiografía el alma humana en una película que no tiene miedo a empequeñecer a sus personajes ante la conspiración de la propia vida. La conspiración, como muchas veces se ha definido en el cine de Rivette,sirve también como un mcguffin que hace evolucionar el filme.

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