Titus (1999)

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Titus (Titus, 1999) es una extraña película. Su directora es Julie Taymor, y Titus adapta ni más ni menos que una obra del brillante dramaturgo William Shakespeare, Titus Andrónico. Esta obra tiene una fama curiosa, por ser una de las obras más violentas y sanguinarias dentro del amplio repertorio del escritor británico.

La historia es bastante sencilla, y contiene una temática que gira continuamente en torno a la violencia. Titus es un veterano general romano (en la película interpretado por Anthony Hopkins) que vuelve de sus victoriosas campañas en territorios bárbaros. Sin embargo, el nuevo emperador (interpretado por Alan Cumming) romano lo alejará del poder porque cree que peligra su posición privilegiada. A partir de ahí, una serie de conjuras y asesinatos derrumbará todo el castillo de naipes (teniendo en cuenta que los personajes son las cartas de nuestro particular castillo). En realidad, la obra Titus tiene como eje contarnos la corrupción del poder, y como los personajes son capaces de cometer cualquier acción con tal de mejorar su parcela de influencia. Desgraciadamente, Taylor no consigue desarrollar con profundidad este eje, entreteniéndose en detalles menores, como en la elaboración de una profusa galería de secuencias relacionadas con el gore y la violencia extrema. En este sentido hay que decir que muchos autores[1]han relacionado Titus con el género de terror.

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Titus no es una película al uso. Julie Taymor no ubica su historia en la Roma de los últimos coletazos, como sí hacía Shakespeare, sino que la directora realiza un mix bastante bizarro. No hay una época exacta en la película, sino que se trata de una mezcla de diversas fechas históricas. Así que no es sorprendente (o no lo es cuando uno se acostumbra) ver Romanos con escopetas y demás paradojas semejantes.

Precisamente a la película le pesa la pretenciosidad con la que Julie Taymor envuelve toda la película. Y eso queda patente desde la primera secuencia, que no tiene nada que ver con lo que el espectador observará a lo largo de la película. Nada más empezar la película Taymor nos coloca un cartel que nos explica el contenido de la película y lo que el espectador se va a encontrar. En realidad un desarrollo bastante vacío, que pretende aleccionarnos sobre la profundidad del discurso de Titus, antes de que veamos nada sobre el film. Molesta incluso que Taymor hable de su propia película con grandes elogios. Poco después de esto, somos testigos de una escena totalmente inconexa y que no tiene nada que ver con el film. En ella vemos a un niño jugar con sus muñecos (con una bolsa de plástico en la cabeza, para más inri) para luego, en mitad de una explosión, ser rescatado por un romano que le conducirá a una especie de coliseo. Ahí empezará realmente la película. Parece claro que Taymor quiere realizar una metáfora con esta primera secuencia, pero la realidad es que esta secuencia es burda hasta la náusea. Se puede deducir que la directora hace referencia a que lo que vemos es el propio juego violento del niño, que crea la historia con sus juguetes, o incluso una parábola sobre la cotidiana violencia que se encuentra ya desde la tierna infancia. Pero lo cierto es que no funciona. Imágenes bizarras como esta habrá multitud en el filme.

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Y no funciona, porque a pesar de que Taymor nos avisa sobre la profundidad de la obra, lo cierto es que destroza en muchos sentidos la obra de Shakespeare. Titus utiliza la etiqueta del escritor para lucrarse y utilizar unos diálogos calcados a los de la obra literaria, pero visualmente Taymor no realiza una labor digna de mención. Por si fuera poco, en muchas de las escenas se colocan ciertos momentos que bordean el ridículo (el ya comentado inicio, el final o la secuencia en la que vemos a la Venganza) y que le quitan cualquier tipo de seriedad a la obra.

En definitiva, Titus es una obra postmoderna en todas sus acepciones. También es una obra vacía, que si no fuera por la excelente literatura que emplea, no sería recordada. Los diálogos están absolutamente calcados a los de la obra original. Los protagonistas por tanto se dedican a declamar su texto como si se encontraran en una obra de teatro.

Esto tiene sus ventajas y también sus contras. Lo cierto es que ver a Anthony Hopkins declamar un texto clásico es bastante apreciable, pero la originalidad de la película se resiente, así como el mensaje. La historia de venganza que contenía la obra original acaba convirtiéndose en una burda vorágine de violencia, que a pesar de tener momentos de gran nivel, no deja ninguna profundidad detrás.

Julie Taymor le da una excesiva importancia a crear una estética disparatada, sin construir unos correctos cimientos detrás. Titus es interesante como experimento, pero no pasará a la historia del cine, a pesar de que la propia directora se admire en su prólogo.

 

 

 

 

[1] Un ejemplo sería: Lisa S. Starks and Courtney Lehmann, The Reel Shakespeare: Alternative Cinema and Theory, Ed. Rosemont, Londres 2010

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