La Legión Invencible (1949)

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Es casi imposible de entender como el mismo director que muestra una tremenda sensibilidad en The Man who shot Liberty Valance (El Hombre que mató a Liberty Valance, 1960) dirigió She wore a yellow ribbon (La legión invencible, 1949), película tremendamente irregular, que parece rodada con el piloto automático.

Capítulo aparte merece la ideología de la película. La Legión invencible es una oda patriótica que no conduce a ningún lado. La película nos presenta el ejército norteamericano, en concreto un escuadrón de caballería. En cada momento Ford nos muestra este escuadrón, realizando siempre un homenaje militar a las tropas, disfrutando del ambiente que plantea el filme. Los uniformes, las constantes llamadas de trompeta..Ford se recrea en esta atmósfera marcial, que pone el listón el ejército estadounidense en los más grandes altares. Para muestra el final de la película, cuando la voz en off ennoblece las gestas militares a las que hemos asistido durante el metraje (aún más deshonroso si tenemos en cuenta que se han enfrentado a un ejército mucho peor pertrechado; también podríamos hablar de las cantidades de soldados que el film manipula en relación al episodio Custer que parece citado).

Sin embargo, el mensaje no se queda ahí. La película realiza una culpabilización total del enemigo, las diversas tribus de Indios. Con sólo saber un poco de historia nos daremos cuenta de la ranciedad de tan semejante conclusión. Pero no es sólo el hecho de que los indios aparezcan como el enemigo de los Estados Unidos, sino que lo que es peor, nunca vemos ningún rastro de humanización en ellos. Son los malos del filme porque tienen que serlo, y sólo en ocasiones contadas los vemos dialogar con los personajes blancos de la película.

Es cierto que el cine de John Ford siempre rezuma de estas características, y que en más de una ocasión el director ensalza las virtudes y la camaradería del ejército norteamericano. Sin embargo, esta vez no hay ninguna virtud que pueda completar el resto de la película.

La Legión invencible nos presenta al comandante del escuadrón de caballería, interpretado por el incombustible John Wayne, uno de los intérpretes fetiches de John Ford. Acompañado de él tenemos a un personaje secundario interpretado por Victor McLagen, que realiza el típico papel de borracho simpático, tan habitual en el cine western. La película, como es costumbre en el género, camufla su alcoholismo con una pátina de buenrollismo, algo bastante execrable y sin embargo habitual en este tipo de películas.

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Ambos personajes tiene cercana la jubilación dentro del ejército, pero reciben unas últimas órdenes antes de jubilarse. Y es que los indios, después de la derrota del general George Custer, están más inquietos que nunca, y nuestro jefe tendrá que poner orden en el territorio. Vale mencionar que la caracterización del personaje de John Wayne como un personaje casi llegado a la ancianidad está bastante conseguida.

A esta trama principal en la que observamos el viaje del ejército por los diferentes desiertos del país se le une una trama amorosa que resulta realmente insufrible. Resulta que a la travesía principal se le une una mujer, interpretada por la bella Joanne Dru, quien tiene a dos pretendientes dentro del ejército. Durante toda la película seremos testigos de esta lucha de los dos solados por conseguir el amor de su amada, en una trama que realmente no despierta ningún interés.

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Por lo demás, la legión invencible es una repetitiva colección de secuencias donde vemos a los caballos del ejército desde todos los ángulos posibles. De aquí para allá y de un lado a otro, pero realmente la película parece no tener ningún rumbo.

Lo único rescatable de La Legión invencible es su maravillosa fotografía, que firma el especialista Winton H. Hoch. Realizada en color, no en vano consiguió el Oscar en este apartado (una decisión merecida). La película explota en tonos naturalistas las estepas desiertas por donde transcurre el regimiento, mientras que en otras secuencias la película se aparta de esta vena más verista para acercarse a un onirismo sensible. Es buena muestra la escena en la que vemos a nuestro protagonista interpretado por John Wayne acercarse a la tumba de su esposa. A pesar de ser una escena ubicada en las primeras horas de la mañana, la fotografía subraya el dramatismo de la escena con unos tonos rojizos que invaden todo el escenario, creando una secuencia brillante que esta vez si, recuerda al talentoso director que hay detrás de las cámaras.

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