Dracula (1979)

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Dracula (Drácula, 1979) es otras de las múltiples adaptaciones hechas para la gran pantalla que la obra de Bram Stoker ha gozado. Aunque lo cierto es que el guión de W.D. Richter no adapta directamente la obra original de Bram Stoker, sino que se basa en una de las múltiples obras de teatro que siguieron la novela (hemos de recordar que Dracula ha tenido un enorme éxito en los tablados, tanto británicos como norteamericanos).

En este caso, la película sigue la versión de Hamilton Deane y JohnL. Balderston, que implica unos cuantos cambios. Por ejemplo, en la película no observamos el viaje de Harker a Transilvania (episodio que casi siempre ha sido adaptado cuando se trata este mito) sino que nuestro conde Dracula se desplaza directamente hacía Londres, en un viaje en barco que recuerda al de la novela. De esta manera el filme agiliza de manera bastante inteligente su acción, dándole un mayor dinamismo a la trama. Las diferencias entre la novela no quedan solamente ahí, sino que la película seguirá introduciendo algunos cambios más.

Hay que decir que la película presenta una historia curiosa en cuanto a su fotografía. En la versión comercial que se sacó en DVD, la película sufrió una variación respecto a la versión estrenada originalmente, y que afectó a su color. Lo cierto es que la versión en DVD utiliza de manera muy inteligente su fotografía, dándole una personalidad muy clara. Si tenemos en mente que la primera película que marcó el destino del vampiro fue de origen alemán, la realidad de esta adaptación es que John Badham, el director, se inspira claramente en la tradición artística británica para configurar su película.

Y es que se puede hablar largo y tendido acerca de la estética que emplea el filme, una de las mayores bazas de la película. Badham conecta con las novelas góticas, territorio totalmente abonado en el territorio de la pérfida Albión. Secuencias en las que vemos el castillo de nuestro conde Dracula lleno de telarañas (recordemos el castillo de Otranto de Horace Walpole), el barco del principio saqueado por el tremendo oleaje y detalles macabros que crean un ambiente de pesadilla, como el manicomio donde transcurre gran parte de la acción, o el vampirizado personaje de Mary, que configura una de las imágenes más terribles de la película.

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Así pues, el filme no se acerca al terror fácil que estaba asolando las taquillas en Estados Unidos. Dracula de John Badham es una película de ritmo pausado y que no tiene como único interés el puro entretenimiento. Hay una refinación de su estilo, que se sitúa por encima de las ansias de sangre. A pesar del instinto asesino del conde Dracula, nunca pierde su aureola de gentleman británico.

La ya comentada fotografía ayuda a crear una estética muy particular. La firma Gilbert Taylor, y está repleta de colores terrosos y apagados, que crean una sensación monocromática. Otra vez la película vuelve a ligarse con el gótico inglés. La fotografía crea una atmósfera fría, que realiza a propósito un arte desangelado. Una pátina de desolación que se une a la perfección con la desalmada importancia del Conde Dracula. Un pesimismo que envuelve a todos los protagonistas de la película.

También hay un cambio importante respecto a la novela. Si en la obra original de Bram Stoker, Dracula era un ser decrépito y terrorífico, en nuestra película es en realidad un tipo con un atractivo interesante. Interpretado por Frank Langella, quien realiza una magnífica interpretación, hay una interesante corriente en nuestro protagonista, y es que Badham le dota de un inapelable magnetismo sexual.

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En la sociedad puritana en la que está ambientada la historia, aún resultan más sorprendentes los efectos secundarios de la vampirización que produce su mordisco. A las dos protagonistas féminas que contamina Dracula convirtiéndolas en vampiras, en ambas su sexualidad queda descontrolada. Si antes parecían mantener las formas y comportarse adecuadamente en público, con el nuevo estatus se convierten también en unos seres ávidos de sexo y que mantienen unas posturas animales y pasionales.

Por lo demás, el Dracula de Badham adolece de ser un filme demasiado plano en algunos aspectos. La trama evoluciona sin demasiados sobresaltos, y no hay ninguna sorpresa en el desarrollo. Con un poco más de trasfondo, Badham habría rodado una película notable, pero el filme desgraciadamente se queda a medio camino.

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